sábado, 4 de enero de 2014

El libro, la película, y la homofobia

La imagen que se me ha quedado grabada en la mente tras ver la película El Juego de Ender es la de Graff (Harrison Ford) repantigado en una sillón en un despacho, contemplando con agobio una pantalla en la que aparece una cuenta atrás. Es bastante posible que el propio actor no sintiera agobio alguno por su papel en la película, pero la imagen evoca lo que debían sentir el productor, el director, y el equipo de rodaje en general.

La sensación principal que la película transmite es la de velocidad. Todo sucede apresuradamente y con cierto atropellamiento. Los personajes se suceden pero es fácil que el espectador, incluso si ha leído la novela, no entienda que porque actúan de la forma en que lo hacen. El trasfondo es muy tenue porque hay mucho que contar y muy poco tiempo para hacerlo. La sensación es muy similar a la que tuve cuando vi la película de Alatriste, dónde te metían cuatro novelas en una única película.

Aún con todo, la película es bastante fiel a la novela, salvo porque la acción tiene lugar en semanas, mientras que la novela transcurre en 5-6 años. En la película el papel que juegan los dos hermanos de Ender es bastante menor que en la novela.

Encabezar el casting con Harrison Ford y Ben Kingsley ha sido claramente una jugada para atraer público dado que sus personajes - Coronel Graff y Mazer Rackham, respectivamente - tienen un papel más bien secundario. Los personajes principales de la historia son niños. Para encarnarlos no ha habido más remedio que recurrir a adolescentes con el aspecto más aniñado posible, aunque no han podido evitar que alguno ya tenga pinta de tener pelos en los huevos.

El reparto "infantil" está encabezado por Asa Butterfield, que ya había visto en La invención de Hugo y que pertenece a la más reciente generación de actores de Hollywood, caracterizada por la inexpresividad de sus rostros. Su aspecto imberbe la hacía bastante adecuado para el papel. El resto de los personajes infantiles/adolescentes de la película resulta bastante adecuado para las apariciones efímeras y líneas cortas que les corresponden, salvo por el que encarna a Bonzo.

Tanto en la novela como en la película Bonzo es un "superior" de Ender, con quien entra en conflicto. En la novela Bonzo es español. Murciano. De Cartagena, para ser más preciso. En la película está interpretado por un chicano, algo que puedo perdonar porque la mayor parte de los norteamericanos no conocen otro "spanish" que no este al sur de Río Grande. El problema del Bonzo fílmico es de tamaño. Es bajito. Asa Butterfield le saca una cabeza.

Hay una escena en la cual Bonzo se encara con Ender y le exige respeto. Me dieron ganas de gritar "¡Tío!¡Qué te saca una cabeza!" en medio del cine. Las risas entre el público hubieran sido de cuidado.


Esto es un problema bastante gordo, porque el enfrentamiento entre ambos llega a ser bastante físico, y el hecho de que quien comience la bronca sea físicamente bastante más pequeño que el agredido hace que - entre varias cosas que se pierden en la película - se pierda la sensación de peligro mortal que dicho enfrentamiento suponía para Ender en la historia original.

Es una película pasable cuyo guión sigue bastante fielmente la novela original, pero que no transmite muchas sensaciones.

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La edición en español que tengo de la novela tiene unas 500 páginas que se dejan leer bastante bien y se despachan rápidamente. No cabe calificarla como una de las mejores novelas de Ciencia-Ficción de todos los tiempos, pero es bastante buena. Careciendo de las limitaciones de tiempo y espacio que tiene un productor de cine el autor puede dedicarse a desarrollar la psicología y sentimientos de los personajes, y de esta manera lograr conectar con el lector. Algo que la película no logra con sus espectadores.

Los sentimientos de los personajes son muy importantes en la novela. Pasajes enteros son dedicados a la introspección de los personajes principales. Otro componente relevante es la interacción de grupos, desde la clásica dinámica de los abusones en un colegio, hasta la manipulación que los adultos hacen de los grupos de niños para ponerles a prueba.

La novela fue publicada en 1977. Y ello se nota sobre todo en uno de los "personajes de fondo": El Pacto de Varsovia. Reíros todo lo que queráis. En aquella época el bloque soviético todavía parecía ser eterno. En la novela la resolución de la "Guerra Fría" se ha postergado por la emergencia del conflicto más relevante contra los insectores. La línea argumental de los hermanos de Ender - Peter y Valentine - gira principalmente en torno a la resolución del conflicto entre las potencias terrestres. No sólo sería la falta de tiempo y medios lo que haya causado la eliminación de esta parte de la película, sino también la dificultad de sustituir al "bloque soviético" por otra gran potencia antagonista de E.E.U.U. y mantener una historia creíble.

Con todo, la novela de El juego de Ender me ha gustado tanto ahora como cuando la leí por vez primera hace 20 años. ¿Por qué es así?. En la novela los "juegos de guerra" son la principal ocupación del protagonista, tanto como son mi principal afición. No sólo eso, Ender también es un genio en dichos juegos y despliega bastante habilidad en los mismos. Es es algo que yo mismo sueño con hacer, y por lo que me esfuerzo lo mismo que tantos aficionados a los mismos juegos.

Ahora bien. En la novela los juegos no son meramente pasatiempos sin efecto alguno en la vida real. Son el "trabajo" de los protagonistas y tienen un efecto trascendental en sus vidas y en el mundo que les rodea. Si bien yo sé que esto no va a pasar nunca con los juegos de guerra a los que dedico mi tiempo libre, la novela me permite soñar y darle a mi afición una relevancia que no tiene.

Otro aspecto agradable de la novela es la manera en la que el protagonista se enfrenta a personajes más fuertes que él, auténticos matones de escuela, y los vence haciendo uso de su ingenio. Para aquellos de nosotros que nos hemos visto enfrentados a situaciones similares y hemos tenido que salir con el rabo entre las piernas, soñar con que otro mundo es posible y apalizar a los matones una opción viable resulta una agradable evasión de la realidad.

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Con motivo del estreno de la película ha habido cierta falsa polémica a cuenta del autor de la Novela, Orson Scott Card. Resulta ser que este señor es un homofobo bastante rabioso que hace uso de su estatus público como escritor para hacer proclamas bastante subidas de tono contra los homosexuales.

Las tendencias y opiniones que tienen como objeto marginar u oprimir a minorías son deplorables por definición. Sin embargo, pienso que en esta ocasión la crítica ha perdido todo rumbo y ha derivado hacía ningún lugar.

Por un lado, he leído y escuchado a gente plantear el no ir a ver la película por la ideología radical del autor de la novela. Francamente, la lucha contra la homofobia es una buena causa, pero si el apoyo que recibe se limita a no ir a ver una película que de todas formas no creo que tenga mucho éxito, creo que los "gays" están jodidos. No albergo una gran opinión de los "luchadores de sofá" que proclaman defender causas por las cosas que no hacen, antes que por las que sí están dispuestos a hacer. Entiendo que no veas la película porque no te parece buena (que no lo es), porque no tienes dinero, o porque tienes mejores cosas que hacer. Pero que no me toquen los cojones haciendo de una cosa tan mundana el enésimo campo de batalla de la lucha eterna entre el bien y el mal.

Por otra parte, he llegado a leer (en la revista americana Slate) especulaciones acerca del contenido supuestamente homofobo de la novela. La cosa era bastante rebuscada. En la versión original en inglés, los insectores son "formids", pero en ocasiones también son llamados coloquialmente "buggers". Por lo que parece, en Reino Unido esta es una manera peyorativa de aludir a los homosexuales. Pero dado que Orson Scott Card es norteamericano todo esto es buscarle tres pies al gato. La novela no me ha parecido nunca un panfleto homofobo, y la película mucho menos. De hecho, si hay algo de lo que pecan las películas de Hollywood hoy en día es de timoratas. Los productores no quieren arriesgarse a que les metan un pleito o cosas así.

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