lunes, 20 de mayo de 2019

Morcillas Históricas: La Guerra Civil Americana (III)

III. La Guerra y sus consecuencias.

1. 1861.

El año de la Secesión vió una actividad militar limitada. Salvo una batalla importante las acciones bélicas tuvieron lugar en lo que podíamos llamar "los márgenes". Ello tuvo dos motivos:
En el momento de finalizar el proceso de Secesión, en mayo-junio de 1861, el conjunto de fuerzas armadas de lo que fueran los Estados Unidos en su conjunto ascencían a meramente 16.000 hombres a repartir entre los dos bandos. Se tardaba algo de tiempo en reunir y entrenar hombres para encuentros importantes, y entretanto ya había llegado el invierno de 1861-62.
El estado de Kentucky, que cubría todo un área desde el río Missisipi hasta los montes Apalaches se declaró neutral - es decir, ni pro-confederado ni pro-unión - en la Secesión. Ambos bandos intentaron llevarse este estado a su bando mediante diplomacia, pero esto impedía las acciones militares en un área que en 1862 se convertirían en uno de los principales frentes de acción. Kentucky se convirtió de forma efectiva en un tapón entre los contendientes.

El impasse de Kentucky finalizó en septiembre de 1861 cuando fuerzas confederadas ocuparon partes del estado, cargando sobre los secesionistas la responsabilidad de haber violado su neutralidad. Ello pusó de lado de la Unión a la legislatura y elites gobernantes de Kentucky. Pero no habría operaciones más importantes en el área hasta 1862.
 
Por algún motivo que no he podido encontrar en mis fuentes, Lincoln no se ando con tantos miramientos con el estado de Missouri - al oeste del Missisipi - como con Kentucky. El gobernador de Missouri pretendía mantenerse neutral, pero el presidente federal no iba a permitirlo. Con el apoyo de tropas federales se cambió el gobernador por uno pro-unionista, y cualesquiera fuerzas pro-confederadas que hubiera en el estado huyeron hacía la esquina sudoeste del mismo. Fueron perseguidos hasta allí por una pequeña fuerza unionista que lanzó un ataque en inferioridad numérica y fue rechazada, perdiendo la vida su comandante en el proceso. Tras eso ambos bandos se mantuvieron a la espera, acumulando fuerzas hasta el año siguiente.

En el Este la petición de 70.000 voluntarios del presidente Lincoln tras el bombardeo de Fort Sumter había permitido juntar fuerzas de cuantía notable que al principio se limitaron a cubrir Washington, que comenzó la guerra prácticamente indefensa. Otras fuerzas confederadas no menos importantes en número acamparon bastante cerca del Capitolio. Parte de esta fuerza estaba concentrada en el acceso al fértil valle del río Shenadoah en el estado de Virginia, al oeste, ya en las primeras estribaciones de los Apalaches. Más cerca de la capital, al suroeste de la misma, estaba la otra mitad de la fuerza confederada, en la línea de un arroyo llamado Bull Run y cubriendo un enclave ferroviario conocido como Manassas Rail Junction.

Buena parte de los voluntarios de Lincoln se habían alistado por un período de meramente 90 días, confiando también en que los secesionistas se rindieran a las primeras de cambio. Conforme se acercaba el vencimiento de este período, al mando unionista le entró prisa por hacer algo, no fuera a ser que tuvieran que dejar licenciarse a su ejército sin haber hecho nada. Además, era posible que si se lograse una victoria sonada se quebrara la resistencia sureña y la guerra terminase tras sólo unos meses.

El plan de ataque pretendía unionista pretendía aprovecharse de la dispersión de las fuerzas confederadas para atacar una de ellas separadamente. La escogida fue la fuerza de Bull Run. Unos 35.000 hombres al mando de Irvin McDowell iban a lanzar un ataque simulado a la línea confederada del Bull Run para mantenerlos entrentenidos mientras el grueso de las tropas azules flanqueaba la posición y caía sobre la retaguardía confederada.
Mapa de situación de la campaña de Bull Run en 1861.
Era un buen plan. Pero como tantos planes de la GCA lo que falló fue la ejecución. Para empezar las tropas confederadas de Harper's Ferry se trasladaron por ferrocarril a Manassas, anulando la ventaja numérica unionista. Luego las fuerzas de flanqueo echaron a perder la maniobra avanzando demasiado lentamente, perdiéndose, bloqueadose mutuamente el camino... oficiales y hombres de la Unión carecían de la experiencia necesaria para ejecutar un plan así. Cuando las columnas de la Unión tomaron contacto con el enemigo el 21 de julio, llegaron al combate una por una, de manera descoordinada y dándole tiempo a los grises a reforzar el flanco amenazado.

Aún así, la batalla rugió durante varias horas con ataques y contraataques mutuos antes de que los azules se dieran por vencidos y emprendieran una retirada desorganizada que arrastró por delante a unos cuantos civiles curiosos que desde Washington habían acudido a contemplar la batalla y hacer un picnic.

El primer efecto de esta batalla (conocida como Bull Run en el norte y Manassas en el sur) fue un incremento de la moral confederada, que se reflejó en su héroe del momento: Thomas J. Jackson, que se ganó el apodo "Stonewall" (muro de piedra) por su conducta durante la batalla. Virginiano, fanático religioso, hipocondríaco, y con un talento para la guerra, llegaría a ser uno de los comandantes de cuerpo de ejército más exitosos y hábiles de la GCA.

La carrera de Irvin McDowell, en cambio, sufrió por esta derrota. Le destinaron a mandos secundarios en lo que quedo de la GCA, y su puesto como comandante de las fuerzas de la Unión en torno a Washington fue asumido por un joven oficial que ya había logrado algunas victorias: George Brinton McClellan.

2. George Brinton McClellan.

George Brinton McClellan y señora. Para el que no lo tenga claro, McClellan es el señor que está de pie.

McClellan es una de esos personajes de la historia a quien se le tiene bastante tirria. Un motivo crucial de esto es que nos ha llegado buena parte de su correspondencia personal, que su mujer no tuvo a bien destruir tras su muerte (no como la mujer de George Washington, que si quemó todas las cartas de su marido a las que pudó echar mano, tal vez por eso se tiene tan buena opinión de él). En términos modernos es como si uno no borrase su cuenta de Twitter, quedando para la posteridad líneas y líneas de lo primero que te ha pasado por la cabeza durante años. ¿Y que aparecía en el Twitter la correspondencia de McClellan?. Pues quejas, quejas y más quejas de como Lincoln, o tal o cual político le impedían ejercer su mando libremente; de como sus oficiales no hacían las cosas como él quería (y eso que los había nombrado él); de como el enemigo siempre le superaba en número (siempre mentira, como veremos); de como McClellan era el único capacitado para salvar la nación... En resumen, que McClellan era responsable de todo lo bueno y los demás eran los que hacían las cosas mal. Es normal que cualquier historiador que lea cartas y cartas de McClellan acabe un poco hasta el gorro de este individuo.

Y lo cierto es que, en su época, McClellan resultaba ser un tipo bastante prometedor.  Nacido en 1826 en el seno de una familia de clase media-alta, se graduó como el segundo en su promoción en West Point y con ello inició una carrera militar ilustre en los 1840 y 1850 que incluyó servició en la guerra con México (como prácticamente casi todos los oficiales de los que voy a escribir aquí), explorando los territorios del oeste, y como observador en la Guerra de Crimea de 1855-56. En 1857 inició una muy exitosa carrera como ejecutivo de ferrocarriles. De la cual se tomó una pausa para servir a la Unión en la crisis de la Secesión.

Naturalmente, a alguien así no le podían negar el mando. De manera que se encontró dirigiendo tropas en aquella parte de Virginia que estaba al oeste de los Apalaches, más o menos en la misma zona en la que George Washington se las había tenido que ver con indios y franceses más de 100 años antes. Era una región donde la esclavitud y su sistema económico no habían echado raíces, por lo que sus habitantes estaban más que contentos de secesionarse de los secesionistas (a ver quien es el guapo que dice eso en voz alta) y formar su propio estado que se llamaría Virginia Occidental. Antes de ello, McClellan dirigió algunas de las primeras operaciones de combate de la GCA pateando el culo a las escasas fuerzas confederadas en la zona.

Con su currículo y los primeros triunfos de la Unión bajo el brazo, McClellan fue nombrado para reemplazar a McDowell como líder de las fuerzas unionistas en torno a Washington, que en seguida fueron denominadas oficialmente como Ejército del Potomac. Esta formación perduró hasta el final de la GCA, y su estructura, oficialidad, doctrina y entrenamiento le deben tanto a McClellan que incluso despúes de abandonarlo, es imposible comprenderlo sin su primer comandante. Y esta fue otra de las facetas en las que McClellan destacó enormemente: en la formación, entrenamiento, y aprovisionamiento de tropas.

Entretanto, la Unión fue poniendo en práctica el Plan Anaconda de Winfield Scott, tomando algunas islas costeras y enclaves en la extensa costa de la Confederación. Era sólo un comienzo de lo que terminaría siendo un férreo abrazo que acabaría atenazando a los estados sureños. Sin embargo, ello no impidió que Scott tuviera que dimitir como Comandante en Jefe del Ejército de los Estados Unidos. Su puesto fue asumido por el hombre del momento: McClellan, quien además retuvó el mando directo sobre el Ejército del Potomac. A quien le parezca un exceso de ambición, hemos de decir en su defensa que, como veremos, no fue el único en duplicar puestos durante la GCA.

3. 1862.

1862 resultó ser un año con mucha actividad militar, y en el que se sentaron las bases para la posterior victoria total militar de la Unión.

3.2. Ulysses Simpson Grant.

Cuando los confederados habían invadido Kentucky, habían tomado posiciones en Columbus, junto al río Missisipi, y más al este en torno a la localidad de Bowling Green. Entre ambas fuerzas confederadas los ríos Cumberland y Tennesse fluían de sur a norte. Constituían una avenida de entrada en territorio confederado y estaban cubiertos por dos fuertes, Fort Donelson y Fort Henry.

En febrero de 1862, el comandante local de las tropas unionistas U.S. Grant decidió tomar 20.000 hombres y una flotilla de cañoneras para tomar los fuertes y forzar esa entrada en territorio enemigo.

Ulysses Simpson Grant (bautizado como Hiram Ulysses) nació en 1822 en el seno de una familia modesta, aunque no pobre. Grant logró acceso a West Point gracias al apoyo del congresista de su jurisdicción, pero una vez dentro tuvo unas notas mediocres, quedando el 21 de 39 de su promoción. Participó en la guerra con México, tras lo cual le destinaron a puestos dejados de la mano de dios en la frontera oeste. Allí se entregó a la depresión, la autocompasión, y el alcoholismo, y acabó dejando el ejército en la década de 1850 para intentar comenzar un negocio por su cuenta y hacerse granjero. No recuerdo muy bien si fue en ese orden pero no importa, porque fracasó en ambas cosas, lo que le empujó más al alcoholismo.

Al final, Grant parecía el protagonista de Apocalypse Now al comienzo de la película: esperando ocioso y borracho una misión. Y lo mismo que el personaje del filme su deseo se hizo realidad. Estalló la Guerra Civil y como los licenciados de West Point no abundaban mucho le dieron un mando. Para que veáis, niños y niñas, la de puertas que te abre un título.

Durante la GCA Grant demostró que su titulación, aunque mediocre, no se la habían regalado. Lo que posiblemente le distinguió más como comandante fue que iba a lo suyo, a la acción militar, sin tener aspiraciones políticas. Esto hizó que no tuviera demasiado miedo de equivocarse y siempre actúase con decisión. En cierto modo Grant fue el polo opuesto de McClellan, puesto que cada uno tuvo éxito allá donde fracaso el otro.

3.3. El Oeste en 1862.

La operación contra los fuertes rivereños en Tennesse fue un éxito, y situó a fuerzas de la Unión separando a fuerzas confederadas en el Missisipi y en Kentucky y con acceso libre al interior de la Confederación a lo largo de los ríos. En los meses siguientes Grant avanzó hacía el sur a lo largo del río Tennesse, por el cual iba recibiendo refuerzos y suministros.

Avance de la Unión a lo largo del río Cumberland y la concentración confederada en Shiloh.
El comandante confederado Albert Sidney Johnston hizó lo único que tenía sentido, que fue acabar con la dispersión de fuerzas confederadas por todo el teatro y su concentración mediante ferrocarril para lanzar un contraataque. El 6 de abril de 1862 unos 40.000 soldados confederados soprendieron a 33.000 hombres bajo el mando de Grant y les hicieron retroceder varios kilómetros en sus posiciones en torno a la pequeña localidad de Shiloh. Los azules sufrieron severas pérdidas ese día, pero también los grises, cuyo comandante A.S. Johnston además cayó en combate ese día. Cualquier otro comandante de la Unión se hubiera retirado tras un ataque sorpresa tan brutal, pero Grant reunió tropas unionistas que se encontraban cerca y todavía no habían tomado parte en la batalla, y con ellas lanzó un contraataque al día siguiente, 7 de abril. Los confederados aún no se habían recuperado de los esfuerzos y bajas del día anterior, y fueron obligados a retirarse sufriendo aún más bajas.

Éstas fueron lo bastante elevadas (13.000 de la Unión y 10.600 confederadas) como para despertar la conciencia en la población de ambos bandos de lo serio que se estaba volviendo el conflicto. También sirvieron para que el superior inmediato de Grant, Henry W. Halleck, lo relegase a un puesto subalterno mientras él mismo asumía el mando de las operaciones. Halleck se tomo con mucha calma la persecución de los confederados derrotados y tardó un mes en entrar en Corinth, al sur de Shiloh y centro de una de las pocas conexiones ferroviarias este-oeste de la Confederación.
Braxton Bragg (¡vaya cejas!)

Las fuerzas confederadas habían conseguido evadir a Halleck y quien reemplazaba ahora al fallecido A.S. Johnston era Braxton Bragg. Mientras que Johnston había sido un oficial prometedor al comienzo de la GCA, Bragg lo era menos pero lo más importante era que tenía mal genio y se llevaba mal con sus subalternos. Esto tuvo importantes consecuencias para posteriores operaciones confederadas en la zona, llegando algunos comandantes de cuerpo de Bragg hasta los límites de la insubordinación.

Si bien los confederados habían logrado salvar los muebles (el ejército) tras la derrota de Shiloh, ésta tuvo consecuencias. No sólo perdieron Shiloh, sino que fuerzas de la Unión apoyadas por cañoneras descendieron por el Missisippi hasta Memphis. Aún más importante fue la toma de Nueva Orleans en la desembocadura del río, llevada a cabo por otra fuerza de cañoneras liderada por el vicealmirante Farragut. Con Nueva Orleans en manos de la Unión, el Missisippi había prácticamente dejado de funcionar como vía de comunicación para la Confederación, y la conexión entre el Transmissisippi y el resto de los Estados Confederados se limitaba a un trecho del río que iba desde algo más arriba de Nueva Orleans hasta la pequeña localidad de Vicksburg, en el estado de Missisippi.

Estas acciones, unidas a otras que veremos en el este más adelante, hacían parecer en la primavera de 1862 que la Confederación estaba a punto de perder la guerra tras apenas un año de existenacia.

Al oeste del gran río, Arkansas fue ocupada por fuerzas de la Unión desde Missouri. El Transmissisipi fue una zona extensa pero escasamente poblada, con escasas vías de comunicación salvo por los ríos que cruzaban Arkansas, donde era díficil mantener fuerzas armadas muy grandes ni tampoco había objetivos importantes (en la forma de grandes núcleos de población) que las justificasen. La guerra en este teatro desde 1862 en adelante se limitó principalmente a operaciones confederadas de guerrilla, que fueron la escuela dónde forajidos como Frank y Jesse James aprendieron las artes del bandidaje que llevaron a cabo tras la guerra.

Tras la toma de Corinth, Halleck envió parte de sus fuerzas hacía el este para tomar el nudo ferroviario de Chattanooga, en la frontera entre Tennessee y Georgia. Sin embargo en este momento la actividades de excelentes comandantes de caballería confederada como Nathan Bedford Forrest (tal vez uno de los mejores comandantes de toda la guerra) y John Hunt Morgan se hicieron notar cabalgando muy hacía el interior de la retaguardia enemiga, asaltando las bases de suministro unionistas e interrumpiendo la comunicación telegráfica y ferroviaria. Esto retrasó el avance hacía Chattanooga - líderado por un general llamado Don Carlos Buell - y le dio tiempo a los confederados a reagruparse... para un contraataque.

Durante agosto de 1862, fuerzas confederadas surgieron de la región montañosa en el este de Tennessee y quitaron de en medio a las escasas fuerzas de cobertura de la Unión en ese estado y en Kentucky. Desde finales de agosto y a lo largo de septiembre, Bragg con el grueso (35.000 hombres) de las fuerzas confederadas en el teatro occidental avanzaron hacia el norte desde Chattanooga para unírseles invadiendo Kentucky. Lograron así su primer objetivo cuando Buell interrumpió su avance e inició una larga marcha paralela a la de Bragg con la intención de enfrentarse a éste en Kentucky.
Contraataque confederado sobre Kentucky y su rechazo por Buell.

Bragg y los demás oficiales confederados esperaban también provocar un alzamiento proconfederado en Kentucky, que resultaría en miles de hombres uniendose a las filas rebeldes. Pero en esto erraban de pleno. Todo aquel hombre de Kentucky favorable a la Confederación se había unido ya a ésta durante el interludio de 1861 en el que el estado fue estrictamente neutral. Además las tropas confederadas, alejadas de sus bases de suministro, se vieron obligadas a vivir del terreno haciendo requisas a cambio de pagarés confederados, lo que no contribuyó a hacerlos muy populares entre los habitantes locales.

Bragg y Buell se enfrentaron finalmente en Perryville, Kentucky, el 8 de octubre de 1862. Buell no esperaba tener fuerzas confederadas tan cerca, y Bragg no sabía que tenía delante al grueso de las fuerzas unionistas. Tras una batalla que duró toda una tarde, Bragg decidió retirarse al constatar que los azules le superaban en número y los habitantes de Kentucky no se unían a sus filas. Las bajas conjuntas de ambos bandos habían sido de unos 7.600 hombres, y Buell decidió no perseguir al ejército confederado en retirada, lo que le costó su reemplazo por William Rosecrans. Tras esto, ambos ejércitos se dispusieron a pasar el invierno de 1862-63.

3.4. El Este: La Campaña de la Península.

Tras pasarse la mitad de 1861 reclutando y entrenando un ejército que (a comienzos de 1862) ascendía a 120.000 hombres, McClellan era permanentemente cuestionado por Lincoln y su gabinete acerca de cuándo y cómo iba a ponerlo en acción contra el enemigo. El general despreciaba al presidente y a la mayor parte de sus secretarios. En esta época, según se cuenta, Lincoln y su secretario de guerra acudieron una noche a la casa de McClellan para conferenciar con él. El comandante del Ejército del Potomac no se encontraba en su domicilio, y el jefe del ejecutivo y el secretario se sentaron pacientemente a esperarle. McClellan eventualmente llegó por otra puerta, subió a sus aposentos, e informado de la visita por el servicio, mandó a este a la planta baja a informar al Presidente de los Estados Unidos de América que el general ya se había acostado. Lincoln dejó pasar ésta. Pero la relación entre el ejecutivo y el líder militar se fue haciendo progresivamente más y más tóxica.

Finalmente, McClellan presentó un plan de ataque. Lincoln y sus consejeros querían que el Ejército del Potomac entrase en acción directamente contra las fuerzas confederadas situadas entre Richmond y Washington. Pero McClellan exageró las cifras de enemigos situados en su camino y presentó como plan alternativo desplazar el ejército por mar hasta el promontorio en cuya base estaba Richmond, y avanzar sobre la capital confederada.

Era un buen plan, que hacía uso una de las mejores bazas de la Unión - el control del mar - para tomar un importante objetivo dejando atrás al grueso de las fuerzas enemigas. El ejecutivo de la Unión aprobó el plan y en marzo de 1862 McClellan comenzó a transportar su ejército por mar a la punta de la lengua de tierra que conducía a Richmond, y que le daría su nombre a la campaña.

Pero falló la ejecución del plan. Hay que decir en defensa del "Joven Napoleón" (como también llamaban a McClellan), que el hubiera preferido desembarcar más cerca de Richmond. Pero la presencia del blindado CSS Virginia en torno a Norfolk le obligó a desembarcar en Fort Monroe, en la punta más alejada del promontorio. Pero lo que sucedió de ahí en adelante con la campaña fue enteramente responsabilidad suya. En lugar de avanzar rápidamente sobre la capital de Virginia, se tomó su tiempo y tardo casi tres meses de cuidadosos avances en llegar a las inmediaciones de Richmond. Todo ello siempre ante fuerzas confederadas muy inferiores en número. Número que siempre era incrementado varias veces en la imaginación de McClellan. Imaginación alimentada por la agencia de detectives Pinkerton que funcionaba como servicio de inteligencia. Se podían decir muchas cosas de la agencia Pinkerton, pero no que no supiesen satisfacer a un cliente. El "Pequeño Mac" (otro apodo de McClellan) se lo tragó a pies juntillas.

En el lado confederado también pintaban bastos con el comandante de las fuerzas grises en la zona. Este era Joseph E. Johnston, y si bien era cierto que ante la gran superioridad de McClellan había tenido que ir retirandose paso a paso hasta cerca de Richmond, lo cierto era que su cautela tampoco iba a impedir que McClellan avanzase sobre la ciudad cuando se le aclarasen las ideas. En aquel momento la Unión estaba avanzando en todas partes (Nueva Orleans, Tennessee, Corinth) y el presidente Davis presionó a Johnston para que intentase volver las tornas.

Finalmente, el 31 de mayo de 1862 Johnston se decició a contraatacar. Tenía un buen plan, pero era algo complejo y (como a tantos planes durante esta guerra) le falló la ejecución. Lo más importante del combate - conocido como Seven Pines - es que durante el mismo Johnston resultó herido, y el presidente Davis echó mano de su consejero militar para reemplazarle. Éste reemplazo no era ni más ni menos que Robert E. Lee.

3.5. Robert Edward Lee.

Nacido en 1807, Robert E. Lee dedicó toda su vida a la carrera militar. Proveniente de una buena familia se graduó con muy buenas notas en West Point y sirvió en México en 1846-48 con distinción. Winfield Scott le tenía un ojo echado encima y al producirse la Secesión en el invierno-primavera de 1860-61 le propusó un ascenso y un mando en las fuerzas de la Unión. Lee rechazo el ascenso y, tras la petición de 70.000 voluntarios de Lincoln, abandonó el ejército. Poco después recibía una oferta del parlamento de Virginia, que aceptó. Tradicionalmente se ha dicho que hizó todo esto por lealtad a su estado de origen (Virginia) pero algunos historiadores (como Gary W. Gallagher) han matizado esto.

Las primeras acciones de Lee tuvieron lugar en Virginia Occidental y fueron tan desastrosas que casi ponen fin a su carrera. No fue culpa suya realmente. Sus fuerzas eran demasiado pequeñas, mal entrenadas y mal abastecidas. Hizó muy mal tiempo y la población local no era favorable a la Confederación. Tras perder Virginia Occidental, Jefferson Davis lo nombró su asesor militar personal. Posición en la que se encontraba cuando hizó falta encontrarle un sustituo a Johnston.

Robert E. Lee se ha convertido en uno de los personajes legendarios de la GCA. Era, probablemente, uno de los mejores oficiales de los Estados Unidos. Su principal habilidad era la de leer correctamente en la psique del comandante adversario y tomar decisiones que sacaban el máximo partido de este conocimiento. Otra característica suya era una cierta agresividad y preferencia por tener la iniciativa.

En junio de 1862 Lee hizó gala de ambas cualidades ante McClellan. En el lento avance de éste desde la costa pudo entrever lo timorato que era el general de la Unión y las pocas ganas que tenía para entablar batalla. Esta opinión se vió refrendada por la inactividad unionista ante Richmod tras la batalla de Seven Pines, cuando McClellan se limitó a unos avances menores y esperaba traer artillería de asedio para asaltar Richmond de la misma forma que había visto asaltar Sebastopol cinco años antes, durante la Guerra de Crimea.

Lee pensó que un contraataque bien dirigido explotaría la timidez del comandante enemigo y le animaría a retirarse de Richmond. Aguardó la mayor parte de junio a que llegasen refuerzos desde más al norte del estado, liderados por el probado general "Stonewall" Jackson, y el 25 de junio lanzó un ataque concentrado sobre un flanco expuesto del Ejército del Potomac.

Fue el primero de una serie de combates conocidos colectivamente como Los Siete Días, y que acabaron con un asalto general confederado a una posición fuerte sobre una colina, conocida como la batalla del Malvern Hill. En varias ocasiones durante estos 7 días las fuerzas confederadas estuvieron a punto de aplastar una parte u otra de las tropas azules, pero siempre había alguna circunstancia (columnas que se bloqueaban o perdían, retrasos, confusiones, etc) que permitía a los unionistas salvarse. Muchas de estas ocasiones la pieza que falló en los planes de Lee fue el propio Jackson, que durante este período sufrió una extraña "pajara" y se mostraba algo apático. Fue el único período de toda la GCA en el que Jackson no rindió como hacía normalmente, y todavía se especula acerca de los motivos.

Aún a pesar de no ser un éxito total, los ataques de Lee lograron poner nervioso a McClellan. Sus temores acerca de hordas grises arrasando sus posiciones se hicieron realidad, ¿cómo si no iban a atacar los grises si no eran superiores en número?. Para el 2 de julio McClellan ya estaba pidiendo que lo evacuasen de vuelta a Washington.

3.6. Segundo Bull Run y Antietam.

La evacuación por mar del Ejército del Potomac dejaba a este importante cuerpo de tropas fuera del escenario por un período de tiempo. Lee no se quedó sentado esperando, sino que inmediatamente volvió hacía el norte sus fuerzas - conocidas como el Ejército del Norte de Virginia (ENV) - y entre el 28 y el 30 de agosto de 1862 sorprendió a otro ejército de la Unión cerca del antiguo campo de batalla de Bull Run.

La batalla, conocida en la Unión como Segundo Bull Run, fue una debacle para el ejército de la Unión. Fue una de esas raras ocasiones en que las maniobras de flanqueo, que tantos generales intentaron durante la GCA, tuvieron todo el éxito que podían tener con los medios disponibles en la época. Las bajas azules fueron de 14.000 hombres frente a 7.000 de los grises. Las tropas unionistas corrieron otra vez en desbandada hacía Washington.

Allí les esperaba McClellan con los brazos abiertos. Tras regresar de La Península había quedado un tanto apartado. Seguía siendo el jefe del Ejército del Potomac, pero los cuerpos de ejército que componían éste se habían ido retirando de su mando. La derrota del Segundo Bull Run no dejó a Lincoln otra opción que volver a activar el cuartel del Pequeño Mac para que reorganizase a las tropas derrotadas. Como McClellan era conocido por preocuparse mucho del bienestar de sus tropas, los hombres presentes en Bull Run no tardaron en recuperar el ánimo dado que ya no estaban bajo el mando del incompetente (un tal John Pope) que les había llevado a la derrota.

Y hacía falta que se recuperasen. Porque fiel a su estilo, Lee no podía estarse quieto. La parca logística confederada obligaba a sus tropas a vivir del terreno, y la región en torno a Manassas-Bull Run estaba devastada tras ser recorrida por tropas de ambos bandos durante todo un año. Lee pensó que en el vecino estado de Maryland sus hombres podían hallar sustento, y además al invadir territorio unionista mantendría la iniciativa, que era algo que siempre le ponía cachondo. Finalmente, se enteró de que McClellan volvía a estar al mando. El anciano general conocía bien a la joven estrella unionista y sabía que no se atrevería a entablar batalla.

Lee casi acierta. En cuanto cruzó el Potomac río arriba de Washington, Lincoln y compañía comenzaron a bombardear a McClellan con peticiones para que entrase en acción, a lo que el joven general respondía con abultadas estimaciones acerca de la fuerza confederada. En realidad, el ENV se estaba deshaciendo día a día en su marcha por Maryland. Los soldados que lo componían llevaban marchando y luchando de forma casi continua desde marzo de 1862. Las bajas de los Siete Días y del Segundo Bull Run no habían sido ni mucho menos repuestas. Los soldados confederados vestían harapos, pasaban hambre, y muchos no tenían calzado. Por si fuera poco, el período de reclutamiento de la mayor parte de ellos había expirado o estaba a punto de expirar en estas fechas (septiembre de 1862) por lo que muchos de ellos simplemente llegaban a la conclusión de que ya habían tenido bastante y desertaban.

Otra cosa con la que no había contado Lee era con la capacidad de McClellan para recuperar ejércitos derrotados. Simplemente, no conocía esa faceta suya. En menos de una semana las tropas azules derrotadas en Bull Run habían sido recuperadas y McClellan inició un lento avance hacia las supuesta localización del ejército confederado. Y entonces tuvo lugar un golpe de fortuna como los ha habido pocos en la historia de cualquier guerra. El 13 de septiembre de 1862, unos soldados de la Unión encontraron los planes de invasión de Lee envolviendo tres cigarros abandonados, y se los llevaron a McClellan.

Lee, en su total desprecio por McClellan, había separado su ejército en varias columnas para poder vivir mejor del terreno y capturar una guarnición de la Unión en Harper's Ferry, sobre el río Potomac. Para coordinar todas estas tropas varias ordenes suyas circulaban mediante mensajeros entre los cuerpos dispersos. Una de estas órdenes fue la que llegó a manos de McClellan. Éste se mostró inicialmente muy excitado. ¡Ya sabía lo qué hacer!. Sin embargo, tardó aún 18 horas en comenzar a movilizar sus fuerzas. ¡Olé tus huevos George!.
Las flechas rojas indican las rutas seguidas por los cuerpos confederados. Las azules que salen de Washington, las rutas de los cuerpos de la Unión.

Tras cruzar la frontera con Maryland, Lee había sufrido más de 20.000 bajas por deserciones, y ahora no tardó en darse cuenta que McClellan avanzaba de forma decidida - o todo lo decidido que pudiera ser McClellan - hacía sus posiciones. Tenía claro que debía volver a Virginia, pero no sin antes librar un encuentro, o de otra forma parecería que se retiraba derrotado.

Comenzó a concentrar sus fuerzas en torno a la pequeña población de Sharpsburg, formando un arco desde el noroeste hasta el este tras un arroyo llamado Antietam. McClellan también se dirigió allí, y el 17 de septiembre se libro una importante batalla.

La batalla duró el día entero mientras el Ejército del Potomac lanzaba ataques sucesivos y descoordinados que las reducidas fuerzas de Lee iban batiendo uno tras otro. Finalmente, uno de los comandantes de cuerpo de McClellan llamado Ambrose Burnside lanzó un sangriento ataque a través de un puente que parecía a punto de tener éxito hasta que las últimas tropas confederadas que habían atacado Harper's Ferry llegaron "in extremis" y lograron estabilizar el flanco.

La batalla de Antietam fue conocida como "el día más sangriento de la guerra", con 12.000 bajas de la Unión y 10.000 confederadas. El ENV era tan sólo una sombra de lo que había sido dos semanas antes, pero aún así Lee permaneció en el campo de batalla un día más, el 18 de septiembre, desafiando a McClellan a atacarle de nuevo. Algo que, por supuesto, McClellan no hizo.
Una fotografía de la visita de Lincoln a McClellan tras Antietam, que dice mucho de las relaciones entre ambos en aquel momento.

Ni tampoco se tomo la molestia de perseguir a Lee cuando éste levanto campamento el día 19 y emprendió el retorno a Maryland con toda la calma. Lincoln no paraba de enviar telegramas a su general para que entrará en acción, y fue a visitarle personalmente dos semanas más tarde.
 3.7. Relevo y Emancipación.

Tras más de un año de su nombramiento como comandante del Ejército del Potomac, Lincoln ya estaba harto de McClellan. Esto no se debía meramente a las decisiones del general en sus campañas, ni al hecho de que soltase mierda de forma bastante abierta a la prensa acerca del presidente y su gabinete. A mediados de 1861 ambos hombres pensaban que la ruta hacia la reunificación pasaba por la moderación en la conducta de la guerra, a fin de no presionar a los Estados Confederados a medidas más extremas y fomentar en ellos aquellos grupos partidarios de la negociación y la reconciliación.

Pero tras ese año la guerra se había recrudecido y se había vuelto peor. Y la Confederación aún no sólo no había dado muestras de flaquear, sino que incluso parecía radicalizar aún más su postura, llegando a enviar embajadores a potencias extranjeras (Reino Unido y Francia) a fin de recabar su apoyo e intentar convencerles de que interviniesen. Ante esto el pensamiento de Lincoln evolucionó, reconociendo que había que apretar las tuercas, recoger el guante confederado, y subir la apuesta. La forma de pensar de McClellan, en cambio, era todavía la de 1861. No quería que la guerra subiese de tono y varios autores afirman que eso se refleja en sus decisiones a la hora de no presionar el ataque sobre Richmond y de dejar escapar a Lee.

En atención a las filiaciones de McClellan con la oposición demócrata, Lincoln aguardo a que hubieran pasado las elecciones de mediados de legislatura para relevar a McClellan de su mando y reemplazarlo por su antiguo subordinado, Ambrose Burnside. Éste ya había rechazado el mismo ofrecimiento antes de Antietam, pero tras la batalla McClellan le echó la culpa de las elevadas bajas de la batalla y habían acabado peleados.

Tranquilos, que esto no va a ser lo último que leáis de McClellan.

Pero más importante que cambiar un general por otro fue la Proclamación de Emancipación. Cuando Lincoln estaba en el lado moderado había rechazado cualquier liberación masiva de esclavos. Sin embargo, a medida que 1862 avanzaba y la guerra se recrudecía, empezó a pensar que era una medida necesaria. Para verano de 1862, con los ejércitos confederados avanzando sobre Kentucky y Maryland, ya estaba convencido, pero los miembros de su gabinete le aconsejaron sabiamente para que aguardase a alguna victoria en el campo de batalla para llevarla a cabo, o de lo contrario parecería que era un paso que daba a la desesperada empujado por las circunstancias.

Antietam no era una victoria resonante, pero Lee se había dado la vuelta y retornado a Virginia, así que valia. El 22 de septiembre - 5 días despúes de la batalla - Lincoln lanzó la Proclamación (en realidad una orden ejecutiva, como esas que tanto le gustaban a George W. Bush) que abolía la esclavitud en los Estados Confederados. Tendría efecto a partir del 1 de enero de 1863, dando así un plazo a la Confederación a entrar en razón y negociar.

Ni que decir tiene, eso fue algo que los Estados Confederados no hicieron. Para ellos resultó una abominación, una radicalización más del presidente radical Lincoln, que ahora quería promover la mayor de sus pesadillas: la revuelta de esclavos. Abocó a los confederados aún más a la radicalización y a renovar sus esfuerzos bélicos. En verano de 1862, por ejemplo, se vieron obligados a instaurar el reclutamiento forzoso.

Pero en lo demás, la Proclamación fue un golpe de efecto de Lincoln. Internamente la prolongación de la guerra y su recrudecimiento había convencido a más y más gente de que este tipo de medidas eran necesarias para vencer, y comenzaban a demandarlas. Tras la proclamación, varios estados de la Unión en los que todavía existía la esclavitud la abolieron. Exteriormente, hizo que la GCA girarse en torno al eje moral de la esclavitud. Los Estados Unidos estaban en contra de ella. Los Estados Confederados a favor. El apoyo a estos últimos implicaba un deterioro de imagen que muchos gobernantes extranjeros no estaban dispuestos a asumir. La Proclamación ayudó a los E.E.U.U. a ganar la GCA no sólo dentro de sus fronteras, sino también fuera de ellas.

Tu bí continuí...

lunes, 15 de abril de 2019

Morcillas históricas: La Guerra Civil Americana (II).

II. Aspectos definitorios de la GCA.

1. La geografía de la GCA.

Yo soy de los que creen que conocer la geografía de una región es esencial para comprender su historia. Por eso me voy a permitir unos breves apuntes geográficos sobre la geografía de los ECA. No es preciso dedicarse a la geografía de todos los E.E.U.U. porque la GCA se desarrolló casi enteramente en terreno confederado.

De este a oeste, llegando primero desde el Océano Atlántico nos encontramos con una llanura que llega a su fin con la cordillera de los Apalaches. Esta cordillera transcurre más o menos de norte a sur hasta un punto en el oeste del estado de Virginia, donde "gira" un poco y toma una orientación noreste-suroeste que la aleja más de la costa. Así, la llanura que hay entre los Apalaches y el océano es cada vez más extensa y más "ancha" en un eje este-oeste que en torno a Richmond y Washington, donde hallamos la menor distancia entre la mencionada cordillera y la costa. Esto es relevante puesto que el breve espacio entre ambas capitales concentraría buena parte del esfuerzo bélico de ambos contendientes, y la "estrechez" de la llanura en esa área tendería a canalizar los avances de uno y otro bando, dejando poco espacio para la maniobra.

Los Apalaches son una cordillera con más de 400 millones de años de antigüedad, y por ello no resultan una barrera excesivamente formidable. Aún así se bastan para separar la llanura costera atlántica de la siguiente formación geográfica importante, y que tal vez sea la más importante de la GCA: la cuenca del Missisipi.

El río Missisipi cruza de norte a sur desde los Grandes Lagos en la frontera con Canadá hasta el Golfo de México en el sur. En esta área tan extensa la zona ocupada por la Confederación tiene un clima templado, que se va volviendo más cálido hasta casi ser tropical en la costa. En el siglo XIX el gran río no se encontraba tan controlado por la obra civil como lo está hoy en día. A consecuencia de ello había una gran cantidad de canales laterales y zonas pantanosas en su entorno más inmediato. En su desembocadura se extiende un amplio delta y cerca de él son característicos varios lagos que se nutren de las ramificaciones del río principal.

El aspecto más importante de esta gran llanura es que el "Gran Padre" (traducción del nombre indigena del río Missisipi) y buena parte de los ríos que fluyen hacía el son perfectamente navegables a lo largo de todo el año, gracias al abundante caudal recogido de una región tan extensa. En esta región el gran río y sus afluentes constituyen una especie de red natural de "autopistas". El movimiento fluvial y el control de los ríos tendría una gran importancia durante la GCA.

Al oeste del río Missisipi la contribución de afluentes es más escasa a causa de las menores precipitaciones que se registran en los territorios que se encuentran aún más al oeste y de dónde provienen los afluentes occidentales del gran río. Hay alguna elevación modesta como los montes Ozark, pero el terreno es principalmente llano. El estado de Arkansas y el de Lousiana están bien comunicados con la cuenca del Missisipi gracias a los afluentes que los cruzan y van a parar al gran río. Más al oeste el estado de Texas apenas tiene ríos navegables hasta llegar a la frontera con México, y por ello allí el transporte es fundamentalmente terrestre.

En resumen. Que al oeste de los Apalaches, el río Missisipi domina toda la región. Su importancia era crucial, no sólo como vía de comunicación, sino porque separaba la Confederación en dos mitades.

A efectos de claridad. En mi narración llamaré el Este a la planicie atlántica entre los Apalaches y la costa. El oeste será la llanura que va desde esta cordillera hasta el río Misissipi,  mientras que el territorio al oeste del Misissipi será Transmisissipi.

Otra característica general de todos los Estados Unidos (confederados o no) era que, al haber sido colonizados recientemente por europeos, el terreno no estaba tan cubierto de campos cultivados como Europa. Incluso en la costa atlántica, que tenían un período de colonización más antiguo, los campos despejados a menudo eran islas en medio de zonas boscosas. ¿Qué relevancia tiene esto?. Lo veremos más adelante, cuando examinemos las tácticas napoleónicas que los generales americanos tenían como material escolar.

2. Estrategia Confederada.

Estipulado por su Constitución, los Estados Unidos realizan un censo nacional cada 10 años para determinar la composición de los asientos del Congreso. El censo de 1860 arroja una población de 31.400.000 personas. De todas estas, aproximadamente 12.500.000, se encontraban en la Confederación en al consolidarse su secesión en mayo de 1861. Dentro de esa población confederada 3.500.000 eran esclavos, lo que deja unos 9.000.000 de habitantes "libres" en la Confederación frente a 18.900.000 habitantes libres en la Unión. O sea, que la Unión disponía del doble de capital humano.

El resto de estadísticas son incluso más favorables a la Unión. Tenía una ventaja de 9 a 1 en marina mercante, de 10 a 1 en producción (medida en su valor) de factorías, 14 a 1 en producción textil, 15 a 1 en producción siderúrgica, 38 a 1 en producción de carbón, 32 a 1 en producción de armas de fuego, 3 a 1 en tierra cultivada, 1,8 a 1 en animales de tiro, 1,5 a 1 en ganado, 4,2 a 1 en producción de grano y 2 a 1 en producción de maíz. La Confederación tan sólo lo petaba en la producción de algodón, en la que superaba en 24 a 1 a la Unión nordista.

Con unas cifras así, lo sorprendente no es que la Confederación perdiese la GCA, sino que pudiese aguantar 4 años. Desvelar las razones para este misterio es parte del motivo de esta narrativa. Una de esas razones es que la Confederación llegó a agotar todos sus recursos en pos de la supervivencia. Así, en 1864 tenía en armas a un 90% de los hombres libres aptos. Es decir, que la GCA fue una "guerra nacional" en la que se movilizaban todos los recursos del estado para mantenerse en la lucha, y aunque la Unión contaba con muchos más de estos recursos su victoria no fue posible hasta agotar los recursos de su oponente, lo que llevaba su tiempo.

Las elites y buena parte de la población confederadas eran conscientes de su inferioridad en 1861 y por ello no aspiraban a una victoria total por invasión del norte. Confiaban más bien en quebrar la voluntad de luchar de los federales mediante un par de victorias militares que mostrasen a la opinión pública nordista la díficil tarea que supondría subyugar a la Confederación. Otra baza que consideraban tener en su mano era la opinión internacional. Como principales suministradores de algodon de las factorías textiles de Reino Unido y Francia, pensaban que en estos países tan importantes la opinión pública se decantaría del lado confederado. Seguramente podrían contar con las industrias de las naciones europeas para suplir lo que les negase su enemigo del norte. Eventualmente, esperaban, la presión de estos países estimularía al gobierno federal a una negociación.

Curiosamente, las esperanzas sureñas respecto a su apoyo internacional no andaban desencaminadas del todo. Ciertamente las elites gobernantes de Reino Unido y Francia estaban dispuestas a obviar el tema de la esclavitud para dar todo el apoyo que pudieran permitirse a ese nuevo país que albergaba tres millones y medio de personas sin derechos. Así que estos caballeros del sur no estaban tan locos como podría parecer a simple vista. Aunque las motivaciones de las potencias europeas no tenían que ver tanto con el algodon como con la esperanza de pescar algo en las revueltas aguas de la GCA. De hecho, durante este período Napoleon III de Francia intentó colocar a un familiar suyo como gobernante de México (le salió mal, muy mal). ¡Europa! ¡Europa! ¡Faro que ilumina el mundo!

Con todo esto la estrategia confederada sería fundamentalmente defensiva. A pesar de su claridad esta estrategia tenía el inconveniente de la gran extensión de los ECA. Con los recursos a mano no era posible defenderlo todo. Ni la línea de aproximadamente 2.000 kilómetros que la separaba de la Unión por el norte, ni la aún más larga línea costera que iba desde la desembocadura del río Potomac hasta la del río Grande. La ocupación de partes de la ECA por las fuerzas armadas unionistas sería inevitable, ¿sería el liderazgo de la Confederación lo suficientemente tenaz cómo para resistirse a diluir sus escasos recursos intentando defenderlo todo?.

La respuesta la tenía Jefferson Davis, quien había sido nombrado presidente del gobierno confederado por su respectivo congreso. De apróximadamente la misma edad que Lincoln, su carrera hasta 1860 había sido bastante distinguida, y de no ser por la Secesión hubiera podido ser un buen candidato democráta a la presidencia de la Unión. Había servido en la Guerra con México (como casi todos los que vamos a encontrar en esta historia) y fue Secretario de Guerra con uno de los presidentes de la década de 1850. Parecía, pues, la persona indicada precisamente para dirigir un gobierno en guerra. Sin embargo, su experiencia militar acabó por acaparar la mejor parte de su juicio. Creyendose con los mismos o mejores conocimientos que sus generales, se inmiscuyó en las decisiones de muchos de estos y desarrolló inquinas a unos y favoritismos hacía otros.

Enmendando aún más esta situación, en el novísimo congreso confederado no había partidos políticos establecidos. Por mucho que nos quejemos de la "política de partidos" hoy en día, ésta tiene algunas ventajas. En el congreso confederado no había disciplina de partido ni de voto alguna, por lo que la fragmentación de la cámara era muy alta y resultaba extremadamente complicado sacar adelante medidas coherentes.

Así pues, la Confederación entraba en la GCA con una estrategia clara, bastante limitada, y complicada por su cuadro político.

3. Estrategia de la Unión.

Si la Confederación podía quedarse de brazos cruzados esperando, para la Unión esa no era una estrategia viable. La mera existencia de los ECA ponía en cuestión a los E.E.U.U..

La aproximación directa al problema era invadir y ocupar todos los Estados Confederados. Mas esta se presentaba como una tarea colosal, dado lo amplio del territorio a ocupar y lo numeroso de la población (potencialmente hostil) a controlar. Por no decir de la resistencia y las batallas que se pudieran encontrar las fuerzas unionistas en el proceso.

Por este motivo al comienzo de la guerra el general Winfield Scott propusó el Plan Anaconda, por el cual únicamente hacía falta controlar todo el río Misissipi y la costa confederada para ahogar económicamente a la Confederación. Las ventajas de este plan eran que aprovechaban la enorme supremacía naval de la Unión (en términos de tonelaje naval la superioridad de la Unión respecto a la Confederación era de 25 a 1) y minimizaba la exposición de los soldados azules a tan sólo algunos puntos fortificados en la costa y en el gran río, donde gozarían de la cobertura de la artillería naval.

Las pegas del Plan Anaconda eran que podía llevar años forzar una rendición confederada, y que se parecía mucho a quedarse de brazos cruzados esperando. Puedo decir ya que al final se implementaron ambos planes, el Anaconda y la aproximación directa. Porque esto son los Estados Unidos y van así de sobrados, ¡yeah, baby!.

Una baza disponible a la Unión era la Emancipación. En la casi totalidad de los estados que se habían declarado a favor de mantenerse en la Unión la esclavitud estaba prohibida. Por ello no hubiera supuesto un sacrificio demasiado grande para ellos aceptar una proclamación general de emancipación de los esclavos que únicamente hubiera afectado a los estados secesionistas. La idea era que, por un lado, tener a más del 25% de la población de los ECA a favor de la Unión y como posibles rebeldes dentro de la Confederación. Otra ventaja era que se lograría apoyo internacional, dado que la opinión pública en los países europeos (la única parte del mundo que contaba, fuera de América) estaba visceralmente en contra de la esclavitud por cuestiones morales. Esto pondría en un brete a esos líderes europeos que - como ya hemos visto más arriba - eran por su naturaleza oportunista favorables a la Confederación y que tendrían que explicar la coherencia entre su prohibición de la esclavitud y del comercio de esclavos y su apoyo a un país esclavista.

Pero en 1861 la Emancipación involucraba más problemas de los que solucionaba. Reforzaría la resolución sureña de aguantar hasta el final, exacerbando sus peores pesadillas de revueltas de esclavos y de la abolición de la esclavitud que avanzaría junto con las tropas unionistas. Aún más importante era la disensión interna en la propia Unión. No todos los líderes políticos en Washington estaban a favor de forzar un conflicto total con la Confederación, que era lo que la Emancipación conllevaba consigo. Muchos pensaban que todavía era posible llegar a un acuerdo que pusiera fin al conflicto y llevase a los estados secesionados de vuelta al redil de forma voluntaria. Tan sólo harían falta un par de batallas - que esperaban que ganase la Unión - y si las condiciones planteadas a los confederados no eran demasiado severas, se acabaría la revuelta. La Emancipación claramente dinamitaría este planteamiento y restaría apoyos internos a Lincoln en la dirección de la guerra. Aparte de esto, en 1861 había algunos estados con esclavos (especialmente Kentucky) que aún no se habían declarado firmemente a favor de ninguno de los dos bandos y era importante no alarmarlos con medidas radicales para intentar llevarlos del lado de la Unión.

Incluso con cierto nivel de disensión interna la Unión tenía una estructura política más estable que la Confederación, alrededor de la cual podían estructurarse consensos y una política coherente. Esto no quita que Lincoln tuviera que lidiar durante toda la guerra con congresistas recalcitrantes y que emprendiera algunas medidas de dudosa constitucionalidad a la hora de reprimir algunas de las manifestaciones proconfederadas más ruidosas en el norte. De hecho, se llegó a suspender temporalmente el derecho de habeas corpus. Pero, ¿acaso en los ECA se respetaba ese derecho?. Lo único cierto es que Lincoln no rechazó ninguno de los medios a su disposición para ganar la guerra, y su genio radicaba en equilibrar el uso de la fuerza y la política en las dosis justas para mantenerse con ventaja respecto a sus adversarios.

4. El Arte de la Guerra en tiempos de la GCA.

Entre el final de las guerras napoleónicas en 1815 y el comienzo de la Primera Guerra Mundial en 1914 la forma de hacer la guerra de las naciones tecnológicamente más avanzadas del planeta experimentó bastantes cambios. Y el responsable fue en gran medida esa misma tecnología, que a su vez hizó grandes progresos durante ese mismo período. La GCA (1861-1865) se encuentra justo en medio de ese período de transformación y por ello muestra aspectos tanto de las guerras napoleónicas como de las guerras del siglo XX.


4.1. La infantería. El dilema táctico.

La infantería era la reina de los campos de batalla de la GCA. 50 años antes, durante las guerras napoleónicas, también lo había sido, pero la caballería también había tenido su protagonismo. 50 años despúes, en la Primera Guerra Mundial, la artillería era el arma dominante. Fue en la GCA donde un hombre y su rifle representaban la quintaesencia del poder armado de un estado.

Durante el conflicto que nos ocupa la infantería formaba en largas líneas de hombres que avanzaban a la descubierta por el campo de batalla. La motivación que esto tenía era la tremenda inefectividad de sus armas. Al comenzar la guerra el arma estándar era un mosquete de alma lisa y carga por la boca, cuyo alcance efectivo era de unos 100-150 metros y tenía una cadencia de tiro de 2 disparos por minuto. La formación en línea maximizaba la cantidad de bocas disparando a la vez, lo que con un arma tan ineficaz era necesario para causar algún tipo de impacto a una formación enemiga.

La distancia de 100-150 metros puede no parecer mucho, pero ante una línea de infantes disparando mosquetes constituía una poderosa barrera, motivo por el cual dicha línea era la formación preferida. Durante las guerras napoleónicas los franceses habían logrado romper líneas concentrando masas de infantes armados disparando contra una parte de la línea enemiga - a menudo contando con apoyo de artillería - desbordando su capacidad de responder al fuego y causando una ruptura que a menudo decidía la batalla. Sin embargo, esa táctica requería hombres bien entrenados que pudiesen llevar a cabo todos los pasos de la formación bajo fuego enemigo. El ejército napoleónico fue perdiendo la capacidad de llevar a cabo estas maniobras a medida que campaña tras campaña iba perdiendo a sus soldados más veteranos. Y además sus adversarios encontraron formas de contrarrestar las tácticas napoleónicas aprovechando un terreno que diera mejor cobertura a sus líneas o, como en el caso británico, con una ejército pequeño, pero profesional y bien entrenado que tenía una cadencia de fuego superior que rechazaba los embates franceses.

Todas estas tácticas de la era napoleónica formaban parte, junto con el mosquete de alma lisa que las imponía, de la doctrina militar con la que se habían empapado en las academias militares - básicamente, West Point - los oficiales americanos que habrían de luchar en la GCA, y con las que intentarían una y otra vez superar el dilema táctico que suponían esos 150 metros finales antes de llegar al enemigo.

4.2. La bala Minié.

El dilema de cómo llegar a la línea enemiga y romper su resistencia se acentúo durante la GCA como consecuencia de un avance tecnológico reciente: la bala Minié. Desarrollada por dos oficiales franceses, de los cuales parece que sólo uno dió su nombre al proyectil, éste tenía forma cónica y una abertura por su base que formaba un hueco dentro del cono. Los gases de la detonación de la pólvora actuaban con el hueco expandiendo el cono de la bala por su base y ajustando ésta perfectamente al contorno del cañón.

¿Y esto para qué servía?. Hacía viable el uso de los rifles en el campo de batalla.

El cañón riflado tiene unas muescas de forma helicoidal a lo largo del alma del cañón. Cuando una bala corre por el interior de un cañón riflado, estas muescas proveen a la bala de una movimiento giratoria centrífugo que le daba a ésta mayor velocidad, alcance, y precisión. Con las antiguas balas de plomo redondas hacía falta meter a porrazos la bala en el cañón del mosquete de cañón riflado - o rifle - lo que requería demasiado tiempo en el campo de batalla y dañaba el alma del cañón. La bala Minié permitía emplear rifles con la misma cadencia de tiro que los mosquetes de alma lisa porque podía ser tan pequeña como para caer por el alma riflada sin dañarla.

En teoría, el rifle duplicaba el alcance de los disparos de infantería hasta los 300 metros e incluso más. Sin embargo, las fuentes que he consultado hacen hincapie en que para lograr ese alcance las tropas necesitaban un entrenamiento (había que apuntar el cañón por encima de tu objetivo) que no recibieron, y que en la práctica el alcance continuó siendo de 150 metros. Aún así, ambos bandos se entregaron al rifle con gusto y durante el conflicto fueron cambiando por estos sus antigüos mosquetes de alma lisa. Así que algo debieron encontrarle de favorable en la práctica.

Tal vez fuera que la bala Minié era más letal. Esta ya no era la esfera sólida de plomo que disparaba el mosquete y se alojaba en el cuerpo del soldado creando un agujero, del que podía llegar a ser extraída por el cirujano en una sencilla aunque dolorosa operación. La bala Minié se fragmentaba en esquirlas al topar con un cuerpo y estas esquirlas se introducían produciendo desgarros. Para un cirujando extraer todas los minúsculos fragmentos era poco menos que imposible, y para evitar infecciones lo mejor era amputar. Esto explica la imagen que tenemos de los hospitales de campaña de la GCA como factorías de amputaciones.

La bala Minié fue uno de los muchos desarrollos tecnológicos del período que transcurre entre 1815 y 1914. En la GCA también observamos una interesante transición. Nunca se abandonaron del todo las tácticas napoleónicas y la fila de soldados avanzando hombro con hombro y disparando continúo siendo la táctica de asalto hasta el final. Mas al mismo tiempo los ejércitos tendieron a construir parapetos y defensas "de campaña" (es decir, fortificaciones no fijas) que hacia el final de la guerra se extendían a lo largo de kilómetros. Los campos de batalla de la GCA comenzaban recordando a los de Napoleón, y al acabar la guerra se parecían más a los de la Primera Guerra Mundial.

4.3. La caballería americana: en su propia tradición.

Hasta mediados del siglo XX los Estados Unidos tendían a desmovilizar casi enteramente sus ejércitos en tiempos de paz, quedandose únicamente con una fuerza militar relativamente pequeña para lo que era el tamaño del país y su población. Esta minúscula fuerza tenía que cubrir grandes espacios, y su escenario principal de acción eran las vastas extensiones del oeste. Lo que conocemos como El Salvaje Oeste. Ello obligaba a que la mayor parte de esta fuerza militar residual de paz fuera montada. Así era como, mientras para la doctrina de infantería los estadounidenses (y los confederados) tiraban mucho del manual de tácticas napoleónicas, en lo tocante a la caballería habían desarrollado su forma de luchar propia.

La caballería de ambos bandos tendía a mantenerse alejada, o en todo al caso al margén, de los campos de batalla de la GCA. No veréis cargas de caballería arroyando a una masa desorganizada de infantes. La caballería norteamericana no tenía unidades de coraceros ni lanceros como las había en Europa. Había muy buenas razones para ello.

La primera era que en las grandes batallas las líneas de infantería con bayonetas montadas en sus largos mosquetes constituían el equivalente a una barrera de picas bastante disuasoria de cualquier carga de caballería. De hecho, hasta que la Primera Guerra Mundial terminó de enterrar al caballo como arma de guerra, los fusiles de infantería en todo el mundo continuaron diseñandose con una inusual longitud para este propósito.

La segunda era que la tradición americana de caballería era la de luchar  contra bandidos e indios que no se quedaban esperando en formación en campo abierto, sino que tendían a actuar en la emboscada. Así que la doctrina de caballería se acomodó a esta forma de luchar tendiendo sus propias emboscadas, con combates breves y rápidos cambios de posición. Este era el estilo de lucha que los soldados de caballería americana traían consigo al comenzar la GCA.

Por último, la caballería era un recurso demasiado escaso como para malgastarlo en un campo de batalla con decenas de miles de soldados y docenas de cañones haciendo trizas a una pequeña fuerza que por si sóla no hubiera resultado decisiva.

En lugar de esto, cuando la caballería se encontraba formando parte de un ejército grande, actuaba fundamentalmente en una tarea de reconocimiento. Avisaba de la proximidad de cualquier fuerza enemiga que intentase flanquear al ejército principal y negaba al enemigo el reconocimiento de las propias posiciones. En esta tarea la caballería combatía principalmente contra la caballería enemiga que asumía la misma función.

Cuando operaba de forma independiente, la caballería se dedicaba a hostigar la retaguardia enemiga destruyendo sus líneas de telégrafo, las instalaciones de ferrocarril susceptibles de ser dañadas, y sus bases de suministros. En esta función destacó sobre todo la caballería confederada, dado que era el norte el que invadió al sur y tuvo que trazar largas y vulnerables líneas de suministros a través del territorio conquistado. En estas tareas de guerrilla también participaron bandas de irregulares que actuaban de forma completamente autónoma y cuyas actividades apenas eran distinguibles del bandidaje, y en no pocas ocasiones continuaron como tales muchos años despúes de acabada la GCA.

La caballería durante la GCA luchaba casi siempre desmontada, disparando unas carabinas de repetición que eran más cortas y manejables que los aparatosos mosquetes de la infantería. Unos pocos hombres de cada unidad se quedaban detrás del frente de combate cuidando los caballos de todo el grupo, y cuando eran necesario volver a montar los hombres desmontados se cubrían unos a otros disparando y manteniendo alejado al enemigo hasta que el último hombre se encontraba sobre su caballo y volvían a emprender la marcha.

4.4. La artillería. Justo antes del amanecer.

La artillería de la GCA no era demasiado diferente de la que había luchado durante las guerras napoleónicas. Cierto es que el desarrollo de 50 años de siderurgía permitía hacer cañones de mayor calibre que todavía podían ser transportados de un campo de batalla al siguiente. Pero por lo demás, continuaban siendo los mismos cañones que se cargaban por la boca y que disparaban esas canicas de metal sobredimensionadas que en aquella época pasaban por balas de cañón. La cadencia de tiro era menor que la del fusil.

Se había desarrollado la granada. Y tuvo empleo durante la GCA. Esta tomaba el proyectil redondo tradicional, lo ahuecaba, llenaba el hueco de pólvora y le ponía una mecha. En un campo de batalla lo ideal era dispararlo hacía una línea cerrada de infantería enemiga y que estallase justo encima de las cabezas de los desafortunados infantes, lloviendoles encima metralla, muerte, y destrucción. No obstante esto requería una precisión en la medición de la mecha que era más un arte que otra cosa. Las granadas que estallaban inofensivamente antes de llegar a la línea enemiga, o detrás de ella clavadas en el suelo, eran tan frecuentes como para preferir disparar las bolas de metal de toda la vida.

La carga más efectiva de una pieza de artillería tanto en las guerras napoleónicas como en la GCA era la metralla. Era como tener una escopeta de perdigones, pero a lo bestia. El problema era que la metralla tenía un alcance muy corto.

En tiempos de Napoleón el corto alcance de los mosquetes había permitido en muchas batallas acercar piezas de artillería a la línea de infantes enemiga para llevar a cabo un bombardeo efectivo de la misma. No pocos asaltos franceses comenzaron con un barraje preparatorio. En la GCA los rifles y la bala Minié hacían imposible que la artillería se pudiera acercar tanto, con lo que se redujó su potencial ofensivo. A pesar de eso, los cañones siguieron siendo útiles en la defensa y en tareas de contrabatería. Esto es, en neutralizar a distancia las piezas de artillería enemigas.

La distribución de la artillería entre las unidades de los ejércitos varió bastante a lo largo de la GCA. La podemos encontrar directamente encuadradas dentro de brigadas, divisiones, y cuerpos, como podía suceder también que el comandante de un ejército quisiera tener la mayor parte de las piezas de artillería bajo su mando directo para poder llevar a cabo concentraciones artilleras directamente extraídas de los manuales militares napoleónicos. Había un poco de todo y la organización cambió incluso dentro de un mismo bando de un ejército a otro, tanto en el espacio como en el tiempo.

4.5. Organización, mando, y control.

¿Cómo organizar todas estas armas y los hombres que las manejaban y traerlos de forma efectiva al campo de batalla?. Para obrar este portento, los ejércitos unionistas y confederados seguían de forma bastante fiel la organización militar napoleónica.

La unidad más pequeña por la que voy a comenzar es el regimiento, y lo hago porque los soldados que las componían a menudo eran reclutados todos dentro de un mismo estado. De hecho a menudo eran los propios estados, más que el gobierno federal o confederado, los que reclutaban, entrenaban, y armaban a los hombres para servir en las unidades más grandes que - ya si - se encontraban bajo el mando directo del gobierno centralizado. Es por esto por lo que nos encontramos regimientos denominados por un número y el nombre del estado de origen, como el 3º de Texas o el 21º de Pennsylvania (no los busquéis que me los acabo de inventar) y así. Dentro del ejército el regimiento era el hogar del soldado, la unidad a la cúal pertenecía y en la que esperaba permanecer su tiempo completo de servicio. Su estamento sobre el papel era de unos 1.000 hombres. Pero con el tiempo de campaña este número podía verse bastante reducido, puesto que los estados preferían levar nuevos regimientos en lugar de establecer un sistema de reemplazos (sospecho que había una motivación política detrás de esto, pero no he podido confirmarlo).

El siguiente escalón organizativo era la brigada, formada por la unión de al menos 2 regimientos. Como los regimientos que componían la brigada a menudo procedían de estados diferentes, variaban en cantidad, y podían ser traspasados de una brigada a otra, las brigadas eran denominadas por el nombre de sus comandantes. La brigada era una unidad a medio camino entre el regimiento y la división, con 1.000-2.500 hombres que estaba ahí para que el oficial al mando del siguiente escalón - la división - no sufriera un sincope intentando lidiar con entre 20 y 40 comandantes de regimiento. En lugar de eso conferenciaba con los 3-5 comandantes de brigada directamente debajo suyo, !y a descansar!.

La división (compuesta de varias brigadas) era una unidad fruto de las ideas de teóricos militares franceses del siglo XVIII. Era lo suficientemente grande como para ser capaz de resolver de forma autónoma tareas operacionales, ocupando un enclave geográfico con suficiente fuerza como para que se hiciese necesario un esfuerzo importante para desalojarla. Una vez más su composición variable hacía que fueran denominadas con el nombre de su comandante. Su fuerza numérica varió también durante la GCA según el bando, el escenario en el que luchaba, y el período de la guerra del que estemos hablando. Su fuerza numérica también era bastante variable, con divisiones de sólo 2.000 hombres y otras de hasta 8.000. Las divisiones confederadas eran por lo general más grandes.

Varias divisiones agrupadas formaban un cuerpo de ejército. Esta era una formación típica del período napoleónico que confería gran flexibilidad y rápidez en la marcha. Con ella un ejército ya no se desplazaban en una gran y única masa de hombres de un campo de batalla al siguiente, sino que se trasladaba separado en cuerpos a través de diferentes carreteras. Así también se conseguía controlar una extensión mayor de terreno y era más fácil obtener inteligencia de las disposiciones enemigas. Una vez localizado el enemigo, se trataba a menudo de ver que ejército conseguía concentrar sus cuerpos antes para poder derrotar por separado los cuerpos aislados del oponente. Entender los cuerpos como los brazos y piernas del ejército es un buen símil. Aunque tenían denominación numérica (en numerales romanos, I, II, III, ...) la denominación más frecuente en los libros de historia es empleando el nombre del comandante del cuerpo. La personalidad de los comandantes de cuerpo era crucial para el desempeño del ejército que conformaban, y en este sentido el Ejército de Virginia del Norte bajo Lee disfrutó de un "dream team" de hábiles comandantes de cuerpo como Longstreet, Jackson, y Stuart. Los cuerpos confederados tendían a ser más grandes que los de la Unión, con 20.000-30.000 hombres de los primeros frente a 10.000-20.000 de los estos últimos. La caballería adscrita a un ejército a menudo era denominada como cuerpo aunque su fuerza numérica fuera bastante menor que las de los cuerpos de infantería.

Por último tenemos los ejércitos. Estos eran grandes agrupaciones de hombres armados reunidos con algún propósito estratégico, como conquistar o defender un área tan grande como un estado o la cuenca de algún río importante. Podían ser tan pequeños como treinta y pico mil hombres, o tan grandes como algunos ejércitos unionistas que llegaron a en torno a los 125.000 hombres. El ejército confederado más grande era el ya mencionado de Virginia del Norte y en su mejor momento no superó los 90.000 hombres. El comandante de un ejército estaba teóricamente bajo el mando del respectivo Secretario de Guerra, en la práctica el general al mando del ejército se comunicaba directamente con el presidente de su bando, Lincoln o Davis, quienes los nombraban o destituían a voluntad. Hay que hacer notar que no todas las concentraciones de soldados del tamaño de un ejército recibían tal denominación oficial aunque funcionasen como uno. Estos eran a menudo ejércitos constituidos "ad hoc" para alguna tarea y/o período bastante específicos, y que posteriormente podían pasar a recibir la denominación oficial o ser disueltos y dispersados sus componentes entre otros ejércitos.

La dirección de un ejército en marcha y combate durante la GCA estaba fraguada de problemas a pesar de innovaciones como las divisiones y los cuerpos. Localizar al oponente y determinar su fuerza era una cuestión crucial. Despúes de eso venía el concentrar las propias fuerzas, que los comandantes de cuerpo y división entendiesen bien las ordenes recibidas y luego las llevasen a cabo de la manera en la que el comandante de ejército esperaba que lo fuesen. La transmisión de ordenes de un cuartel superior a otros inferiores tenía lugar mediante mensajeros, puesto que no siempre había puestos de telégrafo disponibles. Todo esto ya le era díficil a Napoleón, y a los generales norteamericanos que pretendían emularle mucho más. A menudo un plan de batalla no salía bien, o salía bien sólo a medias. Pero unas pocas veces salía todo más o menos como debía, se flanqueaba la posición enemiga o se sorprendía a un cuerpo aislado del ejército, y se lograba una victoria clara. Y eran estas pocas victorias las que animaban a seguir intentando aplicar planes cuya ejecucuón era cualquier cosa menos fácil.
Ya en el campo de batalla las ordenes se daban de viva voz, transmitiéndose de un mando al inferior por toda la cadena de mando, mediante mensajeros, toques de corneta, señales de banderas... vamos, los mismos medios de comunicación empleados desde la Antigüedad. Y lo mismo que en aquel período remoto, la presencia del comandante en primera línea resultaba imprescindible en la mayor parte de las ocasiones. El terreno abrupto, los bosques, el humo de la pólvora y las propias masas de soldados limitaban la visión del campo de batalla. El jefe del ejército/cuerpo/división no podía quedarse en retaguardia esperando informes que tal vez llegasen demasiado tarde como para tomar alguna decisión efectiva. Durante la GCA esto llevó a los oficiales cerca de la línea de frente, y no pocos de ellos lo pagaron con sus vidas.

5. Telégrafos y ferrocarriles.

Dos importantes innovaciones tecnológicas estuvieron presentes en esta guerra y que la distinguían de las guerras napoleónicas de las que tanto derivaba en su forma de combatir. ¿Cómo afectaron a la guerra?.

Una de ellas era el telégrafo eléctrico que permitía una comunicación prácticamente instantánea. Desde la Antigüedad los monarcas del mundo entero se habían tomado bastantes molestias en establecer sistemas de comunicación rápidos entre las diferentes partes de sus dominios. Sabían que les iba su corona en ello el acortar el tiempo de reacción entre la noticia de una revuelta o invasión y el correspondiente ejército que iba a hacerles frente.

El telégrafo eléctrico hacía realidad los sueños húmedos de control centralizado por cualquier gobierno, las noticias ya no tardaban días o semanas en ir de un territorio a otro, sino horas.

El inconveniente era la instalación. La comunicación se realizaba a través de cables que portaban las señales eléctricas. Y estos cables estaban colocados en postes que, por comodidad en su colocación, seguían caminos y carreteras (y vías de ferrocarril, como se leerá más abajo). La significación que esto tiene dentro de la GCA es que los postes y los cables eran extremadamente vulnerables a acciones enemigas, ya fueran actos de población simpatizante o fuerzas incursoras. Mantener una red telegráfica en territorio enemigo requería una guarnición considerable.

Otro inconveniente de la telegrafía por cable era que no podía mantener el ritmo de avance de los ejércitos. Una vez que una fuerza armada dejaba atrás sus estaciones telegráficas el contacto con estas se mantenía mediante mensajeros. Por lo menos hasta que el avance se detenía y daba tiempo a extender la línea de cables. Con esta limitación el telégrafo no podía tener un impacto ni a nivel táctico ni a nivel operacional, aunque si lo tenía a nivel estratégico.

Si la transmisión rápida de noticias es crucial para un gobierno centralizado, no lo es menos que la reacción a dichas noticias sea igual de rápida. La innovación del ferrocarril hacía posible esa reacción rápida al permitir el transporte de hombres, caballos, armas, y materiales a largas distancias en una fracción del tiempo que habría sido necesario en tiempos de Napoleón, tan sólo 50 años antes.

En ferrocarriles el Sur estaba en seria desventaja. Sus conexiones ferroviarias eran mucho menores que las los estados norteños (la relación era de 1 milla de vía ferroviaria confederada por 2,4 millas unionistas). El impacto que esto tuvó durante la guerra fue el que no pocas batallas se libraron en, o próximas a, nudos ferroviarios del sur que la Confederación no podía permitirse perder.
Mapa de ferrocarriles de la Confederación.

Pero lo más importante era que al carecer la Confederación prácticamente de una industria siderúrgica pesada, los reemplazos de máquinaría, vías, y piezas eran muy escasos. El impacto que esto tuvo fue que, incluso sin tener en cuenta el progresivo avance de la Unión capturando territorio y conexiones ferroviarias, los ferrocarriles sureños sufrieron un deterioro imparable por desgaste conforme avanzaba la guerra.

Para los estados del norte, no obstante, no todo era cantar y coser en lo que al ferrocarril se refiere. Lo mismo que los telégrafos, las instalaciones ferroviarias eran vulnerables al sabotaje y requerían una guarnición constante cuando las vías se adentraban en territorio hóstil. Mas la ventaja de transportar grandes cantidades de tropas y suministros tan velozmente era tan grande, que los ejércitos de la Unión no dudaron en destacar las fuerzas necesarias para ello. Y si las líneas de telegráfos iban paralelas a las de tren, tenías un dos por uno (es decir, protegías ambos por el coste de proteger uno de ellos).

Esto fue otro de los motivos por los que, a pesar de disponer de una gran superioridad en hombres armados, la Unión tardase años en derrotar a los confederados. Una buena proporción de sus hombres armados se encontraba en retaguardia, vigilando las instalaciones ferroviarias y telegráficas, en lugar de estar engrosando las filas de los ejércitos que avanzaban en territorio enemigo.

Nunca hubo dudas acerca de si dicho esfuerzo vía la pena. Esos ejércitos de avance unionistas no hubieran podido subsistir sin sus vías ferroviarias. Si cabe alguna prueba de ello, hay que verla en las breves invasiones que la Confederación llevó a cabo sobre los estados norteños. Carentes del personal necesario para guarnecer instalaciones de retaguardia, todos los hombres estaban concentrados "en primera fila", avanzaban viviendo a base del saqueo del terreno, y el más mínimo revés hacía que el ejército invasor tuviese que dar la vuelta y retornar a su territorio para recuperarse. Los ejércitos de la Unión, en cambio, avanzaron, sufrieron derrotas, se recuperaron de estas con refuerzos enviados por ferrocarril (o por ríos, como veremos más adelante), y continuaron insistiendo en su avance.

6. La guerra naval.

Ya se ha dejado claro más arriba la tremenda preponderancia de la Unión en la marina mercante y militar, que permanecieron casi integramente en el bando nordista al producirse la Secesión. La Unión disponía así de una importante baza en tanto que podía desembarcar con impunidad sobre cualquier punto de la costa confederada.

Otra de las posibilidades que ofrecía la supremacía naval era el bloqueo. Se trataba de interrumpir el funcionamiento habitual de la economía de la Confederación, por el cual obtenían todo aquello que necesitaban (grano y productos manufacturados) exportando los productos de sus plantaciones. Esencialmente el algodón. Dado que la marina mercante estadounidense ya era unionista, el bloqueo consistía en impedir el acceso de mercantes extranjeros a los puertos sudistas. Este tipo de bloqueo se encontraba bastante regulado por leyes internacionales que lo contemplaban como una medida de guerra entre estados soberanos. Como la Unión jamás podía reconocer a la Confederación como un estado soberano, el bloqueo unionista flojeo en el aspecto legal, aunque no por ello resulto menos efectivo.

La Confederación intento responder con corsarios, que cosecharon algún éxito y recibieron de Francia e Inglaterra todo el apoyo que les fue legalmente posible a estos países (uno de los corsarios confederados fue construido en un astillero británico). Pero que en su conjunto tuvieron muy poco efecto. Lo mismo se puede decir de los "blockade runners" o "rompedores de bloqueos". Esos pocos mercantes confederados que una y otra vez violaron el bloqueo unionista hasta que se acababa su suerte o la guerra, lo que primero sucediese de los dos.

En el aspecto tecnológico las dos innovaciones más importantes para la guerra sobre el agua eran la propulsión por vapor y la siderurgía. La unión entre ambos avances hizó posible la construcción de buques blindados y que podían desplazarse por sus propios medios. Ambos bandos de la GCA iniciaron la construcción de este tipo de navíos, pero de nuevo la preponderancia de la industria de la Unión se llevó el gato al agua.
Recreación artística de la batalla de Hampton Roads.

El enfrentamiento entre el CSS Virginia y el USS Monitor en la desembocadura del río James (Virginia) el 9 de marzo de 1862 ejemplifica muy bien estas ventajas de la Unión. Si bien el resultado de este combate fue técnicamente de empate - pues ambos buques se cañonearon mutuamente durante horas sin resultados muy evidente - los daños sufridos por el CSS Virginia no pudieron ser reparados por falta de medios y eso selló su destino. Y eso es lo que se puede decir de la capacidad naval confederada. Podían lograr algún éxito y hundir o dañar algunos barcos unionistas, pero estos eran enseguida reemplazados por muchos más barcos que terminaban imponiéndose.

7. La guerra fluvial.

La Confederación disponía de más oportunidades en las aguas constreñidas de los ríos que surcaban su territorio y que constituían vías de comunicación cruciales. Aquí podían llevar a cabo una guerra fluvial "de hombre pobre" pero bastante efectiva a base de obstáculos sumergidos, explosivos sumergidos (que nosotros llamaríamos minas pero en aquella época eran conocidos como torpedos), fortificaciones, piezas de artillería hábilmente colocadas, o el mero fuego de francotiradores. De esta manera a menudo lograron negar a la Unión el uso pleno de las corrientes fluviales, al menos hasta que las fuerzas terrestres de la Unión llegaban y retiraban desde las orillas estos impedimentos al tráfico fluvial.

En cierto modo, los ríos eran armas de doble filo. Cuando uno de los contendientes tenía su control, o se lo negaba al adversario, constituían una vía de comunicación y transporte muy eficaz. Mas si era el enemigo el que controlaba un trecho de río, este cauce bajo control oponente dividía de forma efectiva el territorio amigo en dos mitades. Lo mismo que hubo campañas que se lucharon en torno a vías ferreas, hubo campañas por el control de cauces fluviales.

lunes, 18 de marzo de 2019

Morcillas históricas: La Guerra Civil Americana (I)

Hace unas semanas participé en el capítulo del podcast Jugando con Los Abuelos dedicado a dos juegos sobre la Guerra Civil Americana tuvo lugar, por "whatsapp", un intenso debate entre aquellos que alguna vez han participado en este podcast (unas veintipico personas, estimo) acerca de los comentarios históricos que se hicieron durante el programa. Lo que los directores del programa, Alex y Edu, llaman "morcilla histórica".

La estructura del podcast de Los Abuelos tiene algunas limitaciones a la hora de llevar a cabo una discusión histórica propiamente dicha. Había algunas cosas comentadas en este programa en el que participé con las que no estaba de acuerdo del todo. Pero en un programa grabado interrumpir para hacer aclaraciones o puntualizaciones (que pueden llegar a ser hasta algo esotéricas para aquellos que no tienen conocimientos previos) es algo que lastra el conjunto de la grabación, cortando el ritmo de la charla, saliendose a menudo del tema, y alargando la grabación con asuntos que probablemente entiendan e interesen sólo a unos pocos. Aquel no era ni el momento ni el lugar para hacer ver mi punto de vista sobre La Guerra Civil Americana. En cambio este blog si que lo es.

Así que lo que voy a escribir aquí es un artículo - aviso que bastante extenso - sobre La Guerra Civil Americana. Este artículo representa mi visión del evento como aficionado a la historia, y como tal recoje mis opiniones al respecto. Expreso aquí lo que, por las razones técnicas mencionadas, no me era posible expresar en la grabación del podcast. Mi propósito es que este artículo sirva como añadido a dicha grabación. Poner aquí por escrito algo que mejora la experiencia de escuchar dicho programa. No pretendo en absoluto enmendar la plana ni corregir a ninguno de mis compañeros en aquel programa.

Este artículo recoje opiniones personales mías que, si bien considero bien fundadas, son emitidas por alguien que es un aficionado a la historia más que un historiador de carrera. Por lo tanto estas opiniones están sujetas a interpretaciones, críticas, y correcciones.

Procedamos sin más dilación. Pero antes...

BIBLIOGRAFÍA

- Los Estados Unidos desde 1816 hasta el final de la Guerra Civil. Por Isaac Asimov.
- La otra historia de los Estados Unidos. Howard Zinn.
- To the Gates of Richmond: The Peninsula Campaign. Stephen W. Sears.
- The Long Road to Antietam. Richard Slotkin.
- Battle Cry of Freedom: The Civil War Era. Por James McPherson.
- Técnicas Bélicas de la Época Napoleónica. Varios autores. Editorial Libsa.
- 1493. Por Charles C. Mann.
- The Times Atlas of World History. 1979.
- Diario de diseño del juego Guns of Gettysburg.
- Animated History. Presenta casi todas las campañas de la Guerra Civil Americana (entre otras) como animaciones en formato flash, además de enlaces a bibliografía adicional.
- Wikipedia.org, siempre y cuando me haya sido posible contrastar lo expresado allí con otras fuentes.

NOTAS PREVIAS.

Lo que yo denomino Guerra Civil Americana (GCA de aquí en adelante) podría ser denominado de mejor forma como Guerra de Secesión de los Estados Unidos de América, o Guerra de Secesión a secas. He llegado a leer otras denominaciones - Guerra Civil Norteamericana se me viene a la cabeza - que pueden ser más o menos válidas. Pero yo me voy a quedar con GCA porque es aquella con la que estoy más familiarizado y me siento más cómodo. No excluye a otras denominaciones, y cada cual puede seguir llamando este evento como le venta en gana.

En cuanto a nombres de personas y topónimos tiendo a escribirlos aquí de la misma forma en la que me los he encontrado en mis fuentes. Personalmente soy bastante renuente a "castellanizar" nombres de personas. Mi costumbre con los nombres de lugares y países es bastante similar. Aunque hay alguna excepción. Así United States of America es para mí Estados Unidos, aunque en este texto lo podéis encontrar también como E.E.U.U., USA, U.S.A., US, U.S. y lo que me vaya saliendo en cada momento. Cuento esto para evitarme charlas fútiles sobre nomenclatura, pues creo que cuando alguien lea esto va a tener en mente el mismo lugar común que yo (el país, Estados Unidos) independientemente del nombre que él o ella este acostumbrado a ponerle.

I. LOS ANTECEDENTES.

1. "We the People..."

En su preámbulo, la Constitución de los Estados Unidos comienza con las palabras "Nosotros el Pueblo...". Este "el Pueblo" puede parecernos una denominación bastante amplía e inclusiva hoy en día. Pero en el momento de ser escrita dicha constitución dejaba fuera a bastante gente. Para empezar se quedaban fuera los Indios (o habitantes nativos de Norteamérica). Se quedaban fuera por supuesto los esclavos (que prácticamente era todo aquel que fuera un pelín más moreno de lo habitual). Naturalmente tampoco se consideraban para nada las mujeres.

Todos estos grupos exentos se dan hoy por sentado porque aquellos tiempos (finales del siglo XVIII) eran "otros tiempos". Lo que mucha menos gente da por sentado es una última excención implícita en "We the People...": la excepción de todo aquel que no fuera rico.

Los líderes de la Independencia Americana eran todos hombres pudientes, y como tales redactaron una constitución y unas leyes que, si bien estaban en parte inspirados por los ideales ilustrados de la época, se iban a cuidar mucho de que les resultasen perjudiciales. Vamos, que no eran tontos.

Comenzando por el derecho a voto - bastante restringido por críterios de renta y riqueda - y extendiendose a otros detalles como regulaciones menores, acceso a cargos públicos, interpretaciones de las leyes por los tribunales, etc. Los ricachones de las 13 colonias americanas crearon un país a su medida, que garantizase sus derechos, con justo las suficientes concesiones para que una mayoría suficiente del resto de la población aceptase formar parte de todo aquello y no montar demasiado follón.
"We the very rich, white, and mostly protestant christians..." hubiera sido tal vez un comienzo más certero para la Constitución de los Estados Unidos. Comprender dicho país como una plutocracía puede no resultar del agrado de todos. Desde luego no es como el propio Estados Unidos se ha presentado tanto a su propia población como ante otros países. Sin embargo, ayuda mucho a la hora de comprender la historia de los Estados Unidos, y no vamos a decir nada de su presente...
2. 13 colonias y dos países.
En el momento de unirse para formar un nuevo país las 13 ex-colonias británicas de Norteamérica tenían algunas diferencias fundamentales entre sí, que es preciso comprender puesto que dichas diferencias se irían exacerbando con el paso del tiempo hasta dar lugar a la Secesión y la Guerra Civil.

Llegado a este punto no puedo menos que recomendar la lectura de "1493" de Charles C. Mann, que aborda el tema de la extensión del sistema de plantaciones y la esclavitud en las 13 colonias desde una perspectiva bastante interesante. Básicamente lo que cuenta es que el factor determinante para la extensión de la esclavitud en las colonias fue la malaria.

La malaria, parásito y enfermedad todo en uno, se extiende a través de picaduras de unas especies concretas de mosquito. Estos insectos medra mejor en áreas más cálidas. En las zonas más frías - como Nueva Inglaterra, y las colonias que se se encontraban al norte de Maryland - solo puede estar activo en verano, dispone de menos tiempo para picotear mamíferos, y sufre inviernos más severos que prácticamente lo expulsan del área.

Sucede que la población de África tiene desarrollada una cierta resistencia a la malaria - resultado de haber convivido con el bicho durante milenios -, mejor que la de amerindios y europeos. Sin ser conscientes de ello, quienes compraban un esclavo adquirían una mano de obra con una ventaja inherente sobre cualquier otra pero que se hacía notar.
Los primeros colonos que llegaban a Norteamérica caían como chinches. Los esclavos negros de África también, pero menos. El tipo que llegaba a América con bastante capital como para adquirir una gran extensión de tierra y una buena cantidad de esclavos podía llegar a tener un buen margen de beneficio. El blanquito miserable que llegaba en barco para explotar su propia parcela pequeña estaba poco menos que condenado. Si no lo mataban las enfermedades o una banda de indios encabronados le esperaba una existencia de pobreza sin salida posible.

Otra cosa que favorecía el clima de las colonias situadas más al sur eran los cultivos de plantación como azúcar y tabaco, que eran artículos de lujo en Europa. Su exportación reportaba grandes beneficios, y acentuaba aún más las diferencias de renta entre los grandes y los pequeños propietarios.

Naturalmente, esta ventaja de la mano de obra esclava africana únicamente tenía efecto allí donde hubiera malaria. En las colonias de más al norte la mortandad de africanos y europeos era más o menos la misma. No había tanta ventaja en importar esclavos desde África como colonos desde Europa, ni tampoco eran posibles los cultivos de plantación que fomentaban los latifundios. Naturalmente, también había grandes terratenientes y diferencias de riqueza, pero en general en las colonias del norte el panorama era socialmente más igualitario que en las colonias del sur.

Para cuando las 13 colonias lograron su independencia en 1783 estas diferencias estaban bastante consolidadas, hasta el punto que se puede decir que dentro de los Estados Unidos había dos regiones diferentes entre sí, con algunos intereses comunes pero también otros intereses contrapuestos. Durante los debates acerca de la constitución los ahora "estados" del sur pretendían que la población esclava fuera incluida en el censo con el cual se establecían los asientos del congreso. El acuerdo final le dió a cada esclavo censado un valor equivalente al de 3/5 de una persona libre.

3. Federalistas y Anti-Administración.

Los acuerdos que dieron lugar al nuevo país y a su constitución no fueron el final de las disputas políticas, sino tan sólo el comienzo. Aún había mucho por definir. Todo giraba en torno al tipo de país que se deseseaba crear a partir de las colonias.

Por simplifiarlo todo - que es el propósito del artículo - había una corriente de pensamiento que veía a los Estados Unidos como una especie de "país pastoral", predominantemete agrícola y con una clase terrateniente que funcionase como una aristocracia en todo menos en el nombre.

La corriente opuesta veía en el Reino Unido el futuro que estaba marcado para su propio país. Allí la clase mercantil llevaba las riendas de la política y la economía. Ésta se encontraba en franca expansión gracias al desarrollo de las manufacturas, lo que se conoce como La Revolución Industrial. Era un sistema bastante dinámico e innovador y que requería de un estado fuerte y centralizado para cosas como abolir antigüas normativas internas que entorpecían el desarrollo de la industria y también para proteger el comercio exterior ante naciones competidoras.

Inicialmente ambas formas de pensar coexistían de alguna forma u otra en todos los estados. Pero las diferencias de partida entre sur y norte hicieron que el federalismo - que abogaba por un estado central más fuerte - se hiciera más fuerte en los estados del norte. El motivo de esto es que los ricachones del norte no disponían de las plantaciones como alternativa para incrementar su riqueza. Ellos si que querían imitar a sus contrapartes de Gran Bretaña y hacerse ricos con las manufacturas.

En los primeros años los federalistas se anotaron algunos tantos. El más importante de los cuales fue la creación de un Banco Federal que servía para financiar los nacientes proyectos industriales del norte. Sin embargo, para la presidencia de Jackson (1832-1840) la carta fundacional del Banco Federal había expirado y no fue renovada. Los federalistas ya habían desaparecido como partido político una década antes, pero las disputas políticas entre partidarios de un estado federal más fuerte y los de los derechos de los estados continuaron bajo los nombres de otros partidos políticos.

4. Las tarifas.

Al mismo tiempo, la vínculación del sur al sistema de plantaciones se incrementaba. En 1793 se inventó la desmotadora de algodón, una máquina que separaba las impurezas del algodón. Previamente esta tarea se realizaba a mano, pero la desmotadora ahorraba tiempo y trabajo haciendo mucho más rentable el cultivo de algodón. Simultáneamente, la demanda de algodón por las industrias británicas estaba creciendo a un ritmo imparable. La desmotadora y la demanda británica se encontraron con las plantaciones y la mano de obra esclava.
Desmotadora de algodón en una caja transparente para que se pueda observar su funcionamiento.

Previamente las plantaciones de los estados sureños habían tenido que competir con el mismo tipo de explotación en el Caribe por los mismos mercados del azúcar y el tabaco. El algodón, sin embargo, era un cultivo que no arraigaba en el área caribeña. Las plantaciones trabajadas por esclavos tenían ahora un nuevo producto y un nuevo mercado que estimularon su crecimiento. Las plantaciones y la esclavitud no sólo crecieron en los estados del sur. El cultivo de algodón para su exportación a Gran Bretaña y Francia se convirtieron en el principal motor económico de estos estados, generando una dependencia económica. Lo que hoy en día llamamos globalización.

Los estados del norte, si bien no tenían nada en contra de que los estados del sur cultivasen algodón para exportar a las industrias británicas, si que estaban en contra de que esas mismas industrias les hicieran la competencia a sus nacientes manufacturas. Para evitar esto presionaron en el congreso y en el senado para que se aprobasen unas tarifas aduaneras más elevadas. Lograron su propósito en 1828 con la llamada Tarifa de la Abominación que se mencionaba en el podcast.

Esta era una pieza de legislación que claramente beneficiaba a los estados del norte a costa de los estados del sur. Provocó bastante revuelo y fue una de las crisis que experimentó la Unión antes de que las diferencias entre las dos regiones desembocaran en la GCA. Se logró contener esta crisis, que ya amenazaba con resolverse mediante una secesión de estados, con compromisos políticos y una reducción subsiguiente de las tarifas a niveles más parecidos a los de antes de 1828. Pero el genio había salido de la botella y no había forma de volver a meterlo. Las tarifas de compromiso a las que se llegó finalmente no satisfacieron a nadie. Para el sur seguían siendo demasiado altas. Para el norte continuaban siendo demasiado bajas. Lo único cierto era que se había establecido un nuevo motivo para el resentimiento mutuo entre ambas regiones.

5. Expansión, Inmigración, y Destino Manifiesto.

Durante estos años tempranos de la nueva república americana (1783-1850) el proceso más determinante de su futuro fue una expansión territorial sin precedentes.

Uno de los motivos para la Declaración de Independencia habían sido los negocios de especulación con tierras inmediatamente al oeste de los Apalaches que habían emprendido muchos de los colonos más pudientes y futuros padres de la nación estadounidense. La corona británica no estaba muy por la labor de fomentar la colonización de esas tierras porque hubiera generado costosas guerras con los indios que las ocupaban

Tras eliminar las últimas restricciones a la especulación colonización, la vía estaba abierta para que los Estados Unidos se extendieran hasta su frontera en el río Mississipi. La forma de estructurar dicha expansión fue creando nuevos "estados" en las zonas colonizadas, que luego eran incorporados en los Estados Unidos con los mismos derechos y obligaciones que los estados originales.

El pelotazo en lo que a negocios inmobiliarios expansión nacional se refiere llegó en 1803, cuando Napoleón Bonaparte vendió una gran extensión de territorio nominalmente francés, pero poblado casi enteramente por índigenas, a los Estados Unidos. Fue la llamada Compra de Luisiana que abarca la mayor parte de los actuales estados del "Mid-West", y fue la mayor expansión territorial de los E.E.U.U. de un único golpe.

Otras adquisiciones previas a la GCA incluyeron Florida en 1819 (vendida por España), la "esquina" noroeste donde se encuentran Oregon e Idaho en 1848 de mutuo acuerdo con Gran Bretaña, y grandes extensiones al sur en el trecho que va de California a Texas arrebatadas a México en 1845 y 1848 al mejor estilo de "Putin en Crimea".
Diversas expansiones de los Estados Unidos mediante compras de tierras, guerras, y tratados. En blanco la Compra de Luisiana. En azul claro y rosa los territorios cedidos por México de forma más o menos coercitiva.

Toda esta ingente cantidad de tierras no servían de nada si no se poblaban. De hecho, ya estaban pobladas. Pero era población india no eran personas. Ellos fueron las priemras víctimas de la expansión estadounidense. Una y otra vez se llegó con ellos a múltiples tratados que eran sistemáticamente rotos, empujándoseles hacía el oeste, a tierras cada vez más áridas.

Esta expansión de población de origen europeo hacía el interior de Norteamérica antes de la GCA no es la famosa colonización que aparece en tantas películas sobre el "salvaje oeste". Esa colonización tan cinematografiada fue la que tuvó lugar precisamente tras la GCA. En la que nos ocupa en este artículo más que caravanas de carromatos lo que hay que visualizar son barcos de vapor navegando por la inmensa cuenca del Mississipi, que junto a sus afluentes constituía una autopista ideal para comunicar la región inmediatamente al oeste de la cordiallera de los Apalaches.

Al expandirse hacía el oeste, los Estados Unidos extendieron hacia interior del continente la línea divisoria que separaba estados del sur cada vez más dependientes de la esclavitud, y los estados del norte que o bien encontraban la "institución especial" (como era llamada en los estados sureños) cada vez más irrelevante o directamente entraban en la unión prohibiendo la esclavitud. Durante prácticamente casi todo el período previo a la GCA esto sucedió de tal forma que la cantidad de estados "esclavistas" de la unión superaban o eran iguales a los "libres".

Esto tenía su razón de ser en el senado. Esta es la cámara de representación territorial en la constitución estadounidense, en la que cada estado mantiene la misma cantidad de senadores (2) independientemente de su tamaño o su población. Conforme sus economías se hacían más y más dependientes de la exportación de algodón y de la esclavitud, los estados del sur procuraron mantener una mayoría, o al menos una minoría de bloqueo en el senado para garantizarse que no salía adelante ninguna ley que hiciera peligrar su mano de obra barata.

Este equilibrio de poder funcionó bien durante la expansión por la cuenca del Mississipi. El problema lo constituían los territorios más al oeste. La expansión del sistema económico dependiente de la mano de obra esclava no parecía arraigar bien allí, y no fue porque no se intentase. Tal vez fuese porque la áridez del terreno hacía imposible los cultivos que a su vez hacían rentable la mano de obra esclava. Tal vez fuese por el mosquito de la malaria. Tal vez fuese un poco por una multitud más de razones, pero lo cierto es que llegó un punto en el cual la inclusión de la esclavitud en la carta fundacional de un estado requería su imposición a la fuerza sobre una mayoría de la población de ese estado que no la quería. Y ese estado fue Kansas.
Ahí en medio, en color rojo para que lo distingáis bien, está el ahora estado de Kansas.

Durante la década de 1850 una oleada creciente de violencia fue desarrollandose en el territorio (aún no estado) de Kansas. Grupos de hombres armados se infiltraban desde el vecino estado de Missouri acompañados de esclavos, se daban de alta en el censo del territorio e intentaban amedrentar a todo aquel que estuviera en contra de otorgar al futuro estado una constitución proesclavista. Pero siempre fueron una minoría de la población estatal, y a pesar de contar durante un tiempo con apoyo del presidente Buchanan, Kansas entro en la unión como estado "libre" en 1861, en medio de las convulsiones provocadas por la secesión.

La lucha por Kansas hizó manifiesto otro problema de la convivencia entre estados esclavistas y "libres". No es que los estados del sur se opusieran a la expansión de la Unión - de hecho estuvieron promoviendo la compra o invasión de Cuba durante la década de 1850, lo que también se menciona en el podcast - pero si que se oponían a toda expansión que no les permitiese mantener sus privilegios políticos. Y la expansión al oeste, aquella que tuvó lugar tras la GCA, sería retratada en innumerables filmes y contribuiría tanto a convertir a los Estados Unidos en una superpotencia mundial, era justo la clase de expansión que no convenía a los futuros estados confederados.

Para los estados del norte y, con ellos, una parte cada vez mayor de la población estadounidense (porque, para que nos vamos a engañar, el paisaje de latifundios con mano de obra esclava del sur no era muy atrayente para la inmigración) la actitud sureña constituía un obstáculo para el engrandecimiento del país y el camino a su "Destino Manifiesto" (la colonización de todo el territorio entre las dos costas del continente).

6. La Esclavitud.

El tráfico de esclavos entre África y América en el período que transcurre desde el siglo XVI hasta el XIX se puede considerar como uno de los mayores movimientos migratorios (forzados) de la historia de la humanidad. Se estima (en "The Slave Trade" de Hugh Thomas) que dicho tráfico trajó al Nuevo Mundo entre 10 y 12 millones de personas desde el "continente negro". En un mundo como el actual, con 7 mil millones de habitantes esa cifra nos puede parecer escasa, pero manteniendo las proporciones con la población mundial de la época y teniendo en cuenta que se llevó a cabo a lo largo de un período de 3 siglos, ese "tráfico infame" se presenta como un desplazamiento colosal de personas que alteró para siempre la composición étnica y cultural tanto en el continente de origen como en el de destino.

El golpe de muerte al tráfico de esclavos llegó en 1807 con la aprobación por el parlamento británico de la "Slave Trade Act" que prohibía dicho tráfico (aunque no la esclavitud en sí misma) entre las colonias del Imperio Británico. La marina mercante británica era el principal transportista a nivel mundial de todo tipo de mercancías, incluidos los esclavos africanos, y su abstención de dicho tráfico redujo éste considerablemente. Aunque había bastantes fundamentos morales detrás de la medida, el factor decisivo fue la constatación por parte de las elites del Reino Unido que el transporte de mano de obra barata a las colonias de la competencia redundaba en el beneficio de esa competencia. Tras esta prohibición el Reino Unido comenzó a presionar con éxito a otros países para que también interrumpieran el tráfico de esclavos.

Para los Estados Unidos eso no supuso un gran cambio. Hasta 1860 llegó a haber algún buque que sorteaba el bloqueo y trajó una remesa de nuevos esclavos (siendo su capitán aclamado como un héroe a su llegada). Pero aparte de estas importaciones ocasionales el mercado interior de esclavos dependía del crecimiento vegetativo de esta mano de obra forzada. Es decir, había que reducir las muertes e incrementar los nacimientos de esclavos. La única forma de lograr esto era mejorando sus condiciones de vida. Y si bien es cierto que hubo una mejora de las condiciones de vida de los esclavos en Estados Unidos, aquello continuaba siendo esclavitud y dicha mejora de condiciones resalta lo atroz que esa "institución" había sido inicialmente.

Sea como fuere, había un movimiento a escala mundial a favor de la abolición de la esclavitud. Una concepción actual bastante errónea acerca del abolicionismo es que era también antirracista. Pero lo cierto es que estos activistas del siglo XIX no habían hecho todo el camino mental que va desde la abolición de la esclavitud hasta la igualdad entre razas. Muchos de ellos mantenían actitudes bastante racistas.

A pesar de esto, los abolicionistas lograron que varios estados "del norte" abolieran la esclavitud y ello creo un nuevo problema: el de los esclavos fugitivos. Ahora que dentro del mismo país había estados con esclavitud y sin ella, los esclavos de unos podían escapar hacía los estados libres y lograr (valga la redundancia) su libertad. Para impedirlo los estados del sur lograron en 1850 la aprobación de una Ley del Esclavo Fugitivo que obligaba al gobierno federal a retornar a sus dueños los esclavos fugados dondequiera que se encontrasen dentro del territorio de la Unión.

Las intervenciones federales de busca y captura de esclavos fugitivos en los estados del norte llevaron allí la realidad de la represión que implica la esclavitud e incrementaron la popularidad del movimiento abolicionista. El éxito de la novela "La cabaña del Tío Tom" jugó también un gran papel. El abolicionismo fue una minoría en medio de la indiferencia general de la población del norte hasta el estallido de la guerra, pero era una minoría organizada y con una agenda muy concreta. Contaban con figuras relevantes como Harriet Tubman, una esclava fugitiva que ayudó a organizar el "Ferrocarril subterráneo" que liberaba esclavos del sur y los llevaba a Canadá.

Otro activista más violento (y de raza "blanca") fue un tal John Brown quien, tras haber tomado parte en la lucha por Kansas decidió comenzar una revuelta de esclavos por su propia cuenta en 1859. Acompañado por unos pocos seguidores lanzó un asalto sobre un arsenal en Harper's Ferry, en el estado de Virginia. A pesar del éxito inicial, las hordas de esclavos rebeldes no se materializaron en su ayuda, y el intento de rebelión de Brown fue aplastado por tropas federales lideradas por un tal Robert E. Lee. Brown fue malherido, apresado, juzgado, condenado a muerte, y ejecutado.
John Brown en 1859, el año del ataque a Harper's Ferry

A pesar del fracaso de esta loca aventura de un extremista, en los estados del sur cundía la paranoia y la alarma por la creciente popularidad del abolicionismo en el norte y los actos de unos pocos radicales y activistas. Para ellos, la institución que era crucial para su economía y su modo de vida se encontraba amenazada. Ya habían sido muchas tensiones - me he dejado fuera muchas de ellas por razones de espacio - las sucedidas de manera cada vez más frecuente a lo largo de los años. Y por ello para las elecciones presidenciales de 1860 las elites sureñas se plantearon una línea de no retorno: si la presidencia no era ganada por su candidato preferido, optarían por la secesión.

7. Lincoln y las elecciones presidenciales de 1860.

1860 era año de elecciones. Durante la década de 1850 la Casa Blanca había sido ocupada por hombres que, o bien habían demostrado tibieza hacía los estados del sur, o directamente se habían bajado los pantalones ante estos. De hecho, la procedencia de muchos de los presidentes americanos hasta la fecha había sido de estados del sur.

Este hecho, y las crecientes tensiones políticas entre norte y sur habían causado cierto revuelo político. Durante la década de 1850 el veterano partido "Whig" había decaído hasta desaparecer, y en su lugar había surgido un nuevo partido que sigue en activo hasta nuestros días: el partido republicano. Su candidato era un tal Abraham Lincoln.
La típica foto de Lincoln que os váis a encontrar en cualquier artículo sobre la GCA. Si llega a haber tele en 1860 no creo que hubiera ganado las elecciones. O al menos no con esas pintas.

Entra en escena Lincoln. Nacido en 1809, no era el típico político americano proveniente de buena familia. Su familia era pobre pero él demostró ambición y capacidad suficientes para sacarse la carrera de abogado primero, y entrar en política con el partido "Whig" despúes. Este origen humilde y la historia del hombre hecho a sí mismo forman parte de una narrativa que ha encandilado hasta nuestros días al electorado americano.

Pero eso no bastaba. Para conseguir su nominación como candidato republicano Lincoln tuvo que navegar entre los radicales que demandaban mano dura con el sur, y los moderados más partidarios de dejar las cosas como hasta entonces, y no implicarse demasiado en temas polémicos como la esclavitud. Una vez en la presidencia continuó con el mismo baile, contentando unas veces a unos y otras a los otros. Personalmente, no se puede decir que tuviera una ideología fija, sino que iba cambiando ésta según conviniera a la situación. Si que era partidario de un gobierno federal fuerte, mas eso probablemente se debía al hecho de que él era candidato a presidente de ese gobierno federal. Lo único cierto es que tenía muy claro su objetivo de mantener la Unión, cediendo en todo caso lo justo. Y lo justo era mucho menos de lo que las elites del sur estaban dispuestas a aceptar.

Si bien Lincoln consiguió ser un candidato de consenso para la mayoría del partido republicano, el otro gran partido norteamericano, los democrátas, no consiguió mantenerse unido y presentó dos candidatos a la presidencia en 1860. Un tal Breckinridge era el candidato de los "democratas del sur". Durante la guerra este Breckinridge lucharía en el sur y comandaría tropas confederadas con el rango de major general y llegó a ser Secretario de Guerra de la Confederación. El candidato democrata "del norte" era un veterano político, un tal Stephen Douglas que ya antes se las había visto cara a cara con Lincoln en una serie de debates públicos. Había un cuarto candidato por otro partido menor, del que no voy a contar nada salvo para constatar que la política americana es así de cachonda.

El hecho de tener dividida la principal candidatura de la oposición sin duda ayudó a Lincoln a ganar las elecciones. La cantidad de votos en su haber era mayor que la de cualquier candidato, pero bastante menor que la suma de los dos democratas, que quedaron segundo y tercero. De todas formas la elección de presidente en E.E.U.U. no se realiza contando votos en urnas, sino "electores" que se consiguen en bloque al ganar en un estado. Y ahí Lincoln se llevó todos los estados del norte, mientras que Breckinridge se llevó casi todos los estados sureños (aún siendo el tercero en votos). Lincoln sería presidente.

8. Fort Sumter y Secesión.

Para los estados del sur esta fue la gota que colmó el vaso. Sentían en su contra a la población del norte; con la inminente entrada de Kansas iban a perder la minoría de bloqueo en el senado; y ahora un advenedizo del norte miembro de un partido nuevo y sospechosamente radical iba a ocupar la presidencia del gobierno federal. En este último caso temían además que el nuevo presidente hiciera uso de su prerrogativa para nominar candidatos al Tribunal Supremo, que hasta entonces había emitido bastantes sentencias favorables a los "derechos de los estados", y nombrase candidatos menos amables con el "estilo de vida" sureño.

Ya he escrito más arriba que hubó muchas más motivaciones de las que no he escrito, pero con las descritas basta para explicar porque, entre diciembre de 1860 y marzo de 1861 7 estados se separaron de la Unión: Carolina del Sur, Missisipi, Florida, Alabama, Georgia, Luisiana y Texas en ese orden.

Durante esos meses la tensión se fue incrementando en torno a Fort Sumter, una fortificación costera situada delante de Charleston, Carolina del Sur. Estaba guarnecida por tropas federales que se negaron a seguir las ordenes del gobernador del estado y desalojar su posición. Tras un período de tensa espera en el cual los rebeldes de Carolina del Sur bloquearon repetidos intentos de reforzar y/o reaprovisionar la fortaleza, el 12 de abril de 1861 iniciaron un bombardeo que llevó a la rendición de Fort Sumter y su guarnición al día siguiente. Se habían disparado lo que se consideran como los primeros disparos de la Guerra Civil Americana.
Representación artística del bombardeo de Fort Sumter en 1861.

Hasta entonces, Lincoln se había abstenido de llevar acciones más enérgicas, pero al mismo tiempo había dado ordenes de mantener Fort Sumter y aprovisionarlo. De forma muy "lincolnesca", había seguido un curso de acción que provocó que el sur disparase primero, con lo que ya tuvó la justificación que necesitaba para llamar a las armas a 75.000 voluntarios y tomar medidas más expeditivas. Esta llamada a las armas del presidente convenció definitivamente a cuatro estados más (Virginia, Arkansas, Tenesse y Carolina del Norte) a separarse de la Unión y unirse a los ya secesionados para formar Los Estados Confederados de América (ECA), cuya capital se instaló en Richmond, Virginia, el estado más importante de la nueva nación.

9. ¿Hubiera sido posible evitar la Secesión? ¿Y la Guerra Civil?.

No me cansaré de repetirlo: Me he dejado en el tintero muchas otras causas que llevaron a la Secesión. Unidas a las que he comentado en este artículo, son tantas que parece dudoso que la Secesión hubiera podido ser evitada. Pero, ¿es esto realmente así?.

Considerado de forma objetiva, evitar la partición de los Estados Unidos resultaba bastante complicado. Ya hemos visto que en el punto de partida, la consecución de la independencia en 1783, ya había marcadas diferencias entre los estados del norte y los del sur. Diferencias que no hicieron más que ampliarse en los siguientes 80 años a medida que cada región tomaba un camino de evolución económica y social divergente de la otra.

Conciliar estas diferencias y unificar el país sin conflicto hubiera requerido una clase política dispuesta a lograr la cuadratura del círculo y revertir la creciente diferenciación entre norte industrial y sur agrícola promoviendo algún tipo de "industrialización sureña" que - tal vez - hubiera servido para que los estados del sur tuvieran una estructura económico-social más similar a la del norte y unas motivaciones políticas comunes.

Ese tipo de política, no obstante, hubiera estado muy adelantada a su tiempo, y es cuestionable que el Estado Federal hubiera dispuesto de medios para llevarla a cabo. Así que, efectivamente, el camino a la secesión estaba marcado desde el mismo origen de los Estados Unidos, y de hecho logró evitarse en varias ocasiones entre 1783 y 1860 gracias al buen saber de políticos norteamericanos que lograron postergar una ruptura en la esperanza de que "el tiempo curaría las heridas" y se pudiera evitar así lo inevitable. Que se equivocaran no fue, desde luego, culpa suya.

Respecto a si la Secesión debiera haber conducido a la Guerra Civil, muchos dirigentes sureños no lo veían así en 1860 y 1861. Ellos honestamente veían la Unión como una especie de "matrimonio de conveniencia" que podía terminar en un pacífico divorcio. A pesar de disparar primero ante Fort Sumter, la Confederación no albergaba intenciones hostiles hacía el resto de la antigua Unión y hubieran preferido manterse independientes sin tener que luchar por ello.

Si se consideran únicamente los aspectos legales de la cuestión, existía un buen caso para defender el derecho de los Estados Confederados para separarse y constituir una nueva nación si así lo deseaban. La genialidad de Lincoln al comenzar la guerra fue la de declararle la guerra al nuevo país manteniendo la apariencia de haber sido los agredidos, y no los agresores.

Al final la GCA fue impulsada por los estados industriales y "libres" (en el sentido de que la esclavitud estaba formalmente prohibida en ellos) del norte. Si bien el sur podía concebirse a sí mismo como una nación viable sin el norte, los estados del norte necesitaban el sur para proporcionale materias primas y un mercado interior para sus manufacturas que aún no podían competir en los mercados internacionales. Volviendo a la noción de los Estados Unidos como plutocracia, la GCA no fue tanto una guerra por la unidad de una nación como una guerra por la unidad de un mercado.