domingo, 25 de octubre de 2009

Ahora, Agóra

Hace unos días me sume a la corriente general y fuí al cine a ver Agóra. ¿Cómo no iba a hacerlo, con el sistemático bombardeo que se nos ha hecho sobre este estreno?. Normalmente suelo ser bastante inmune a campañas publicitarias. Pero esta vez han logrado convencerme. No es sólo que fueran unos pesados. La historia que en principio ofrecía la película era atrayente. Un imperio romano en decadencia. Una nueva religión en auge. La tragedia de la extinción del saber de la Antigüedad. No voy a mentir. La campaña publicitaria tuvó su parte, pero la historia me parecía atrayente.

Tras unirme al rebaño al ir a verla, me uno de nuevo a otro rebaño al criticarla. Todos aquellos con los que he hablado y la han visto tienen el mismo adjetivo para ella: floja. No mala. El casting es bueno. La ambientación histórica es envolvente. Los diálogos no son estúpidos. Técnicamente hablando, es un trabajo bien hecho. ¿Que falla?.

El centro del argumento es un triángulo amoroso entre Hipatía, un patricio alumno suyo, y un esclavo. Esto chafa un poco la historia de decadencia del imperio, que tanto me atrajo (e imagino que a otros), y queda en segundo lugar. Es una pena, porque el efecto es que el majestuoso escenario en el que se desarrolla la historia transcurre sin interactuar gran cosa con los personajes. Todo transcurre a pesar de ellos, aunque tomen parte en algunas de sus acciones. Encima, la historia de amor tampoco da mucho de sí. Los personajes carecen bastante de pasión. Buena culpa de ello lo tiene el personaje de Hipatía. Ella es una mujer dedicada a la ciencia, y alejada de lo terrenal. Por ello, sólo es capaz de sentir pasión por su trabajo. Eso está muy bien retratado en la película, pero al mismo tiempo desinfla bastante el triángulo amoroso del cual Hipatía es el vértice central. No se puede construir una historia de amor en torno a un personaje así.

Lo que queda tras el desmontaje de las diferentes líneas argumentales de la película es un documental sobre el modelo astronómico Ptolemáico (Geocéntrico) y el de Aristarco de Samos (Heliocéntrico). La explicación de estos modelos en la película no lleva más de 20 minutos. Y es algo que perfectamente podríamos ver en el Canal Historia en lugar de ir al cine para chuparnos una historia de amor flojita y unos eventos históricos tratados de manera superficial y - tal vez - algo panfletista.

Una vez emitido mi veredicto. No quisiera irme sin antes hacer una reflexión acerca de la campaña mediática-publicitaria que ha rodeado este estreno en las salas de cine. En los títulos de crédito al comienzo, antes incluso que el conocido nombre del director, salen como productores del filme Tele Cinco, Canal +, y nuestro Ministerio de Cultura. Son poderosos compañeros, y la razón principal detrás de todo el bombo y la pompa que han acompañado a la película. Es mucha pasta la invertida, y mucha la que hay que recuperar. Ellos son los responsables de haber generado unas expectativas sobre el filme que no guardan relación con los resultados.

Pero al final, es el mismo Amenábar el responsable del filme. Puede que no todo vaya de perlas con nuestro llamado "niño prodigio del cine". Cuando ví "Mar Adentro" me gustó. Pero poco después ví "Million Dollar Baby" de Clint Eastwood. No pudé evitar compararlas, por la temática, y Mar Adentro salió perdiendo con diferencia. Tenía la misma flojedad y simpleza de planteamiento de la que adolece Agóra. Ambas me parecen un panfleto de exposición de ideas ya cocinadas en el que no se deja tomar parte al espectador. No os preocupéis, no penseís. Alejandro Amenabar ya ha hecho este trabajo por vosotros. Técnicamente brillante, pero con sangre de horchata, como dicen en la página de cine Las horas perdidas.

Para el que deseé saber más acerca de la ciencia de la Antigüedad, reflexionar sobre esta película me ha servido para rescatar del olvido la fabulosa serie "Cosmos", de Carl Sagan. Pinchar aquí para ver el 7º episodio de la serie. Me he entretenido más viéndolo que con la película.

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