lunes, 31 de octubre de 2016

La Política del Resentimiento

A pocos días de las elecciones presidenciales norteamericanas, apuesto a que si uno se pasa por las facultades de política de cualquier universidad del planeta no le va a faltar diversión. Están como locos emitiendo explicaciones del evento que jamás debería haber sucedido: Donald Trump.

Yo he leído algunas de esas explicaciones - a través de la muy recomendable página politikon.es - y el desconcierto es evidente por la variedad y falta de precisión de las hipótesis. En algún momento se ha dicho que los votantes de Trump eran "los perdedores de la globalización". Basura blanca que no ha sabido o sido capaz de adaptarse a la nueva economía y se han quedado en el arroyo en un país con un sistema de seguridad social esquelético. Y justo cuando yo me encontraba satisfecho con esta respuesta, leo por otra parte que los votantes de Trump no son una panda de "hillbillies" del Tennessee Profundo. Son gente acomodada, que simplemente están cabreados porque ven que el país se les está llenando de morenos que no se adaptan voluntariamente al modo de vida blanco, anglosajón, y protestante.

Lo más fácil es lo más erróneo. Refunfuñar sobre esta gente llamándoles racistas (y machistas). A mi me parece que esto simplifica en exceso las motivaciones que puedan tener aquellos que votan a Trump. Motivaciones en las cuales el racismo juega un papel, pero más como consecuencia que como causa.

Lo cierto es que hay pocos, casi ninguno, morenos entre los votantes de Trump. Así que la identidad racial juega un papel en todo. En los E.E.U.U. la tendencia demográfica está llevando de manera inexorable a que las minorías dejen de serlo. Ante esta situación impepinable, si eres blanquito tienes dos opciones. Una es subirte a la ola, adaptarte a las costumbres de los recién llegados, y acabar absorbido por ellos en un mestizaje cultural. La otra es la resistencia numantina. O aceptas mis condiciones o te piras. Esta última es la preferida si has vivido toda tu vida en un ambiente bastante homogéneo, lo que te hace menos receptivo a un cambio.

Pero esto únicamente explica una parte de las cosas que estamos viendo. Hay otras explicaciones que podéis encontrar, y que complementan la que he hecho arriba. Sin embargo, creo que ninguna de ellas sirve para aclarar el virulento lenguaje y al ruptura de formas que está haciendo furor en la campaña de Donald Trump. 

Ninguna, salvo la Política del Resentimiento.

Que en E.E.U.U. se vote a quien se vote, cada candidato va a seguir la misma política que su oponente es algo conocido desde hace años. Ya nos lo mostraba Homer Simpson en aquel especial de Halloween.
Como nos pasó en España con la corrupción, cuando las cosas iban bien esto no parecía ser un problema. Pero entonces llega a los Estados Unidos la crisis interna - batacazo financiero de 2008-2009 seguido por depresión económica - y la externa - fracaso de las políticas seguidas por George W. Bush en Oriente Medio -. Y es entonces cuando hay gente que empieza a preguntarse si no será necesario un cambio de rumbo. Un cambio de rumbo de verdad. Nada meramente cosmético.

El color de piel del presidente Obama no tiene nada - a mi entender - de cosmético. Pero la piel sólo recubre la superficie del cuerpo. Puede ser un tío majete (o no, con estos políticos uno nunca sabe), mas en su interior ha llevado unas políticas más bien continuistas.

Si eres votante del Partido Republicano esto te trae sin cuidado porque ya tienes asumido que ningún candidato del Partido Demócrata va a gobernar como tu quieres, sea negro, mulato, chino, latino, o - simplemente - extraterrestre. Lo que si te trae de cabeza es que los propios candidatos republicanos no varíen tanto en sus políticas de lo que hacen los candidatos demócratas. Es entonces cuando surge la necesidad de un candidato diferente.

Pero no diferente a secas. El tiempo no pasa en vano y el votante republicano medio cree que ya le han tomado el pelo bastantes veces con candidatos que parecían diferentes, pero luego no lo eran. El nuevo candidato tiene que romper del todo con las antiguas políticas, y lo tiene que escenificar de manera bastante evidente. Sólo de esa manera puede el votante ansioso de cambio real - por el motivo que sea - estar convencido de verás de que el candidato del cambio está dispuesto a cambiar algo de verdad.

Esto es lo que hay detrás del éxito de toda la falta de ortodoxia e insultos de la campaña política de Donald Trump. Es un estilo que cubre un hueco de demanda política insatisfecha hasta ahora. No nos engañemos, ese hueco estaba ahí porque cualquier político de carrera - y hasta ahora hacía falta una carrera política de años para poder optar a candidato presidencial - lo hubiera encontrado suicida. Esa forma de hacer campaña política sin prisioneros ni compromiso une a más gente en tu contra de la que une a favor tuyo. Pero es que a Donald Trump se la sopla su carrera política. Al día siguiente de su - previsible - derrota en las elecciones, este showman y empresario retornará a sus casinos, y a tirarse una modelo diferente cada noche.

Pero el hueco en la política quedará. E incluso en mi opinión se hará más grande porque la política que va a desarrollar una candidata cuyo eslogan es, básicamente, un cosmético "soy mujer, ¡vótame!" no tiene pinta de ser muy diferente de la de sus antecesores de los últimos decenios.

Y ese hueco, al ampliarse, también verá ampliada su demanda. Hasta el punto de que puede llegar a hacerse lo suficientemente grande como para tentar a un político de carrera a intentar culminar la suya por este camino: El de la Política del Resentimiento. El Resentimiento de aquellos que están cansados de que un sistema democrático que, supuestamente, debería permitir políticas variables y adaptativas, resulte en su lugar en políticas uniformes y un tanto monolíticas.

Los E.E.U.U. no son los únicos que han visto el auge y éxito de la Política del Resentimiento. En Francia el éxito del Frente Nacional puede tener una explicación bastante similar a la del caso estadounidense. No en vano el país galo es uno de los pocos de Europa que disfruta de vitalidad demográfica gracias a sus habitantes de origen no europeo, cuyo número creciente puede amenazar así la prevalencia política como grupo de los blancos de clase media. Tal como he contado que sucede al otro lado del Atlántico. En Alemania sucede lo mismo con el nuevo AfD (Alternativ für Deutschland), cuyas últimas victorias en elecciones regionales y locales han coincidido con un incremento notable (de alrededor de unos 10 puntos porcentuales) en la participación electoral. Muy posiblemente gente que no se sentía identificada por los "partidos tradicionales".

¿Y España?. Es innegable que el hastío del Resentimiento tuvo un papel muy importante en el éxito inicial de Podemos. Sin embargo, ya han pasado dos años desde el primer triunfo de los violetas en las elecciones europeas. La dinámica implícita en la Política del Resentimiento explica algunas de las acciones y lenguaje "rompedores" de los podemistas. Necesitan marcar distancias bien claras con la tradición política. Pero yo no creo que ese éxito inicial hubiera podido mantenerse durante este tiempo sin flaquear. En las últimas elecciones el éxito de Podemos se contuvo, pero no retrocedió. Los sentimientos viscerales no son capaces de explicar un éxito duradero así porque en este país falta el componente de vuelco demográfico que hay en otros países. Si lo explica algo típicamente español que ya comentaré en otra entrada: la falta de voluntad de los antagonistas de Podemos por llegar a un compromiso con sus oponentes.

1 comentario:

  1. Magníficamente explicado. Tampoco desdeñaría yo el factor que supone la propia idiosincrasia del estadounidense medio. Ese que no tiembla ante los grandes retos. Si hay que cambiarse de trabajo, pues se cambia; si hay que declarar una guerra, pues se declara... y si hay que romperlo todo con una especie de troll naranja, pues adelante con los faroles. En Europa somos más precavidos y optaríamos por la opción menos extrema.

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