lunes, 29 de diciembre de 2014

La mejor serie de 2014

... en mi humilde opinión, al menos.


A los que la han visto les sonará esta imagen de los títulos de inicio. También a algunos de los que no la han visto, por los nombres de la pareja de protagonistas. Para los que no pertenecen ni al primer grupo ni al segundo, el nombre de la serie es True Detective.

Vaya por delante, la historia que cuenta TD es, en esencia, de lo más corriente y visto no ya sólo en la televisión, sino también en los cines, en las novelas, y hasta en los seriales radiofónicos (no sé si todavía se emite alguno, al menos aquí en España). Es una historia de un terrorífico asesino en serie y los dos detectives de personalidades contrapuestas que le dan caza. Si a alguien se le ocurre una trama más estereotipada y repetida que esta, por favor que lo diga.

Si una historia así, que ya he visto docenas de veces, es conducida de la manera habitual lo más segura es que resulte aburrida. De hecho, eso es lo que ha pasado con muchas de las historias detectivescas de asesinos en serie que he visto y leído en los últimos años.

Para mantenerse vivo hay que renovarse, y para renovarse hay que cambiar. En la trama detectivesca anteriormente descrita hay poco espacio para el cambio, salvo que se lleve a cabo experimentando con esa trama, lo cual siempre es peligroso.

Al final TD no experimenta renovando la trama de fondo, sino renovando la forma. Hablamos de una serie que entra por los ojos y por los oídos desde los mismísimos fascinantes títulos de crédito y que marcan la pauta estética - la forma - que tendrá la historia de la cual vamos a ser espectadores.

Y la estética de TD es soberanamente deprimente y oscura. El escenario de la narración es una región hasta ahora poco explorada en los medios audiovisuales. El Bayou del Estado de Louisiana. Pantanos, bosques tupidos sin cuidar, y las ruinas de una industria y agricultura deprimidas. Todo ello poblado por unos seres con apariencia humana y que desarrollan su existencia sumergidos en un páramo emocional dentro del cual sólo caben las alternativas de la desesperación, el pasotismo, o la estupefacción.

Nuestro dueto de detectives protagonistas no es ajeno a este ambiente. Se integra perfectamente en él. No son héroes de brillante armadura. Woody Harrelson borda el papel de paleto y borrachuzo que nos es familiar de interpretaciones anteriores suyas, mientras que Matthew McConaughey abandona su habitual registro de galán de cine y terror de las nenas para encarnar al cerebro de la pareja detectivesca. Un papel aparentemente brillante pero que se ve enmarcado por una personalidad que de puro oscura es tenebrosa.

Lo cual resulta todo un acierto a la hora de conectar con el público actual, el de nuestra época. Para aquellos que eramos jóvenes ilusionados en los noventa y que nos creímos que con el fin de la Guerra Fría se abría un período de prosperidad sin fin, aquellas expectativas incumplidas, aquellas dulces mentiras, aquellas promesas incumplidas nos han dejado especialmente receptivos a historias en las que los héroes son villanos y los villanos son héroes. Lleva sucediendo ya una década, desde Los Soprano, pasando por The Wire, hasta Juego de Tronos y Breaking Bad. TD sigue el mismo patrón en lo que a ambigüedad moral y legal de los protagonistas se refiere.

Más novedoso es la aparición de primeras espadas del Cine con mayúsculas en la plantilla de series de televisión. No será la primera vez que sucede, pero es algo que últimamente se ha hecho más frecuente. Cabe preguntarse, lo mismo que sucede con muchas películas, si estos fichajes no responderán a una estrategia de captar audiencias con grandes nombres. No lo sé a ciencia cierta. Es posible que la historia de TD hubiera podido ser interpretada igual de bien en sus par de papeles principales por los habituales actores desconocidos aunque consumados del mundo audiovisual, pero ello no quita que estos dos actores conocidos hagan una magistral interpretación en la pequeña pantalla. A mí, al menos, me resultaba en ellos tan desconocido como adecuado ese registro interpretativo que impera en la serie, y que aparentemente consiste en tener permanentemente el aspecto de que alguien hubiera roto el palo de una escoba por la mitad y les hubiera metido a cada uno un trozo por el culo.

Recomiendo True Detective porque me ha llegado al alma y lo que yo he sentido viendo esta serie es algo que quiero compartir. Al mismo tiempo, toda recomendación encierra sus peligros. Esta serie me ha gustado sobre todo por su ambientación, por su "atmósfera". Y estas son tenebrosas y deprimentes. Si eres alguien que disfruta viendo "Vivir Cantando", "La que se avecina", o "Cómo conocía a Vuestra (Puta)Madre", es bastante posible que True Detective no te guste. Nadie tiene mejores gustos. En todo caso, si gustos diferentes.

Al final, se trata de hacer lo mismo que la pareja de protagonistas de esta historia al final de la misma: salir a contemplar el cielo estrellado de la noche y reconocer que, aunque casi todo es negro, existen puntos de luminosidad.

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