martes, 17 de septiembre de 2013

Controversia Ofensiva

Si juegas muchas veces a un mismo juego, de manera inevitable te encontrarás alguna partida con las situación más improbable.

Esto mismo es lo que me ha sucedido a mí y mi grupo de amigos este verano. El juego, como muchos podéis ir suponiendo ya, es Friedrich.

El 7 de septiembre nos reunimos para jugar unas partidas como preparación para el campeonato que tendrá lugar este mismo fin de semana. Jugamos un total de 3 partidas. En la segunda de ellas Ringard llevaba a Prusia. En el tercer turno dejó una carta en prenda para tener derecho a mantener la ofensiva prusiana e intentar ganar colocando todas las banderas prusianas (unas 14) sobre el mapa. 

No era la primera vez que Ringard hacía la jugada y, como en la anterior ocasión, pensé que se trataba de un farol para amedrentar al austríaco. 

¡Qué equivocado estaba!. Esta vez Prusia iba en serio y acabó ganando la partida al colocar su última bandera en el territorio austríaco (blanco).

La Opción Ofensiva, que yo siempre había creído una invitación al suicidio, una rareza en las reglas introducida por motivos de recreación histórica y equilibrio de la partida, pero que no tenía visos prácticos de realizarse, se había convertido en realidad. Y en circunstancias que no había previsto: el nivel entre todos los jugadores participantes era bastante similar.

La idea de llevar a cabo la OO y cómo hacerlo no surgieron de la mente de Ringard de la noche a la mañana. Lo cierto es que siempre había querido hacer la jugada precisamente por lo arriesgada y difícil que era. Pero el auténtico origen del triunfo de la OO puede rastrearse a una partida jugada mes y medio antes en un bar de Madrid.

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Durante el mes de julio y el de agosto Ringard y yo hemos efectuado unas cuantas incursiones en un bar de la capital cuyo dueño ha acondicionado para que aficionados de los juegos de mesa varios lo frecuenten como clientes. Es el conocido como "Playbar", en Donoso Cortés 6.

Aunque jugamos a alguna otra cosa, nuestro principal propósito allí era montar partidas de Friedrich no sólo para prepararnos para el campeonato, sino también para ver si conseguíamos que a alguno le picase el gusanillo y se aficionaba. Contamos con la inestimable ayuda de CJenmascarado, pero los que más se mojaron en número de partidas fueron tres amigos de C_M, de entre los que destaca Rb. Ellos ya conocían el juego de antes - habían estado en alguna sesión del club en Galapagar -, a pesar de lo cual hubo que repetir de nuevo las reglas.

En una partida a finales de julio Rb. llevaba Prusia, yo jugaba con Francia, y los otros dos amigos llevaban Austria y Rusia. La partida fue bastante notable porque Rb jugaba con ferocidad y sin miedo asestando tremendos golpes tanto a rusos como a austríacos gracias a una mano sembrada de cartas de valor elevado y el poco juicio de sus novatos contrincantes - me refiero a mis aliados - que se colocaban "a huevo" para recibir repetidas tundas y además se quedaban para comérselas enteritas en lugar de batirse en retirada a la menor oportunidad. Yo, por mí parte, pequé por retrasarme en unir las piezas francesas y atacar a Hannover. Rb. se alzó con la victoria defensiva en el turno 16 ó 17, pero estuvo a punto de palmarla. En un momento de la partida le quedaban tan sólo 5 cartas en la mano.

En el turno 4º, tras haber logrado una victoria aplastante en una batalla defensiva contra Austria el turno anterior, Rb. me preguntó si aún le era posible proseguir con la OO. Yo le respondí lo que ponía en las reglas: si en el turno 3 no se ha declarado esta opción dejando una carta aparte, el prusiano no puede arrepentirse luego. Rb. no dijo nada, pero se le notaba que percibía (y con razón) al austríaco como débil, y que por ello lamentaba haber perdido la oportunidad de ganar ofensivamente. Ringard no estaba presente en esta partida.

Si que se encontraba presente en la siguiente partida con Rb. y otro amigo suyo que tuvo lugar en el mismo local el 27 de agosto. Rb. repitió como prusiano, Ringard hizo de ruso, yo de austríaco, y el que en la partida anterior había jugado con Austria se hizo ahora con las riendas de Francia.

Tenía que haber supuesto la que se me venía encima. Recordando su experiencia de la partida anterior, Rb lanzó todo contra Austria. En el turno 3 puso en prenda la carta de rigor, pero ya en el turno 2 me había sorprendido atacando un general mío en el área de corazones de Bohemia. ¡Esta vez era una ofensiva prusiana en toda regla!. Acostumbrado a la lógica de que esta opción es suicida, no reaccione bien. En seguida comprobaba que Rb. había destacado 28 de los 32 puntos de ejército prusianos a atacarme, el máximo posible. Pero más que empuje le daba era que robaba 7 cartas frente a mis 5 cada turno. En seguida me halle perdiendo cartas por un tubo entre las que el me hacía gastar en combates y las que gastaba para reponer perdidas.

Al final no le salió la jugada. Perdió en el turno 6 al fallecer la zarina de Rusia y tener Suecia conquistados todos sus objetivos primarios. Pero lo cierto es que Rb. estuvo muy cerca de la victoria, y Ringard tomo nota de como la tremenda presión prusiana había devorado los recursos austríacos, creándoles una espiral creciente de declive hacía la derrota.

El mencionado 7 de septiembre nos sentamos para la segunda partida de la jornada. Ringard se hacía con Prusia, Flojic con Austria, Rf. con Rusia, y yo con Francia. Aunque los movimientos y el despliegue iniciales de Prusia eran algo diferentes de los de Rb., en cuanto Ringard aparto la correspondiente carta en el turno 3 para tener derecho a continuar la ofensiva yo me encontré pensando que iba a intentar hacer realidad lo que había contemplado en aquel bar de Madrid dos semanas antes.

Desafortunadamente para Flojic, el protocolo me impedía advertirle de lo que Ringard se proponía. Ese mismo turno 3, Ringard cazaba a los rusos de Rf. en una posición expuesta y les causaba una dolorosa derrota de 11 puntos que considero fue esencial para su victoria final. Por mi parte, tenía que lidiar con una mano de cartas descompensada en picas que permitió a Ringard torearme con Hannover durante bastante rato.

Libre de interferencias serias de los aliados al oeste y al este, Ringard prosiguió su ofensiva hacía el sur sin impedimento aparente. La OO era una rareza de las reglas que hasta entonces habíamos tendido a pasar por alto. La situación de la partida nos obligó a repasar el apartado de las reglas que lo detalla. Y fue entonces cuando encontramos un detalle de la OO que se nos había pasado por alto.

Cuando se da una OO, Austria se encuentra exenta de conquistar 4 de sus objetivos para declarar una victoria. En la versión en inglés del reglamento, que fue la que leímos, estos 4 objetivos se podían reclamar en cualquier momento siempre y cuando Austria tuviera bajo control al menos uno de sus objetivos en Sajonia.

Con esta regla, algo de suerte, y haciendo gala de cierta habilidad que ya conocíamos Flojic pudo estabilizar la situación, defender dos objetivos frente a las hordas azules, traer al ejército imperial a la retaguardia prusiana, y amenazar con la victoria conquistando objetivos.

Mas no pudo ser. Tras lo que parecía una recuperación temporal, su defensa colapsó ante una última embestida prusiana en el turno 12. He de decir en favor de Flojic que sus aliados no fuimos de mucha ayuda. Aparte del mamporro que el ruso recibió al inicio, yo tardé demasiado tiempo en destacar un general francés para meterle presión directa al prusiano. Tampoco los eventos jugaban a favor suyo. La inspección del mazo del destino reveló que la partida hubiera finalizado de todos modos en el turno 14 sin reducción de subsidios.

Para los descreidos, esta es la situación final de la partida coronada por la victoria OO.

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Ringard no tardó mucho en exponer orgulloso su hallazgo al mundo entero en este hilo en la BGG. Y fue entonces cuando surgió la polémica. Tanto el diseñador Sivel como un amigo y cooperador suyo alegaron que habíamos interpretado mal la regla de los 4 objetivos gratis de Austria. Según ellos, la regla decía que la OO eximía a Austria de la conquista de esos 4 objetivos, pero estos no se marcaban como conquistados a voluntad del jugador austríaco, sino que éste proclamaba automáticamente su victoria en cuanto le quedaban 4 objetivos por conquistar siempre y cuando tuviera al menos uno de los objetivos sajones bajo su control.

La razón última de las diferentes versiones de la misma regla está en la edición bilingüe del juego. Sivel se encargaba de la versión alemana, pero su colega americano Bowen Simmons supervisó la traducción al inglés. De alguna manera no se pusieron de acuerdo o pasaron por alto este detalle entre ambas versiones y el resultado era esta diferencia entre ambas. Los alemanes utilizaban como referencia la edición alemana, nosotros la inglesa (porque no todos en nuestro grupo saben alemán).

Al final la discusión parece haberse zanjado igualando la versión en inglés a la alemana. Sivel ha aplicado los cambios al reglamento que se puede descargar de la página de su editorial. En principio, todos en paz.

Pero lo cierto es que tras hablar con Ringard, la cosa no queda del todo claro. El campeonato que se va a jugar lo complica todo. En él la puntuación de cada jugador aliado se establece por porcentaje de las banderas que ha conquistado sobre el total de las que tiene que tomar. En ese sentido, si que hay diferencia entre las dos versiones. La versión en inglés favorece al austríaco, que ante una OO puede colocar 4 banderas cuando quiera, y que le contarán para su puntuación si la ofensiva fracasa y Prusia cae ante cualquiera de los otros aliados (algo bastante posible). La versión alemana perjudica a Maria Teresa, puesto que si la OO falla, esas 4 banderas aún se consideran pendientes de conquistar, y así se pueden quedar si Prusia cae ante alguno de los aliados por sus esfuerzos contra Austria. La versión en inglés también aventaja a la alemana en sencillez a la hora de calcular la puntuación.

La controversia esta servida. Cuando se diseña y publica un juego y se organiza una competición en torno a él, ¿el reglamento debe atender únicamente al equilibrio interno de cada partida de manera individual o tener en cuenta también las normas del campeonato?. Si no, ¿se debería alterar las reglas de puntuación del campeonato?. ¿Vale la pena montar tanto jaleo por una regla de escasa aplicación hasta ahora?. Me parece un poco tarde para llevar a cabo un cambio en este sentido. Lo único seguro es que mañana viajo a Berlin con mis amigos para tomar parte en el campeonato, y no voy a poder evitar sacar el tema a colación ante el propio Richard Sivel. Aparte de una charla animada y amena no creo que vaya a sacar nada en limpio, ni aspiro a hacerlo. Tan sólo puedo desear suerte para los españoles en la serie de partidas a las que nos vamos a enfrentar.

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