martes, 12 de marzo de 2013

Momento crucial

Este constante declive económico que nos asola va a entrar ahora en su 5º año, y aún no se entreve su final por ningún lado. No sólo eso, sino que además la situación empeora mes a mes.

Europa entera se ha visto asolada por guerras que han durado lo mismo o menos tiempo que lo que ya está perdurando esta crisis. El declive de producción de varios países es comparable al sufrido durante uno de esos conflictos. La destrucción también es equiparable a una guerra en lo social y - tal vez - en lo moral, aunque afortunadamente no en lo físico. No hay una destrucción de edificios, infraestructuras, ni los caminos están cubiertos de muertos.

Todavía.

Recuerdo que en 2008 mi hermano me preguntó qué creía yo que iba a pasar. Le contesté que había una crisis en marcha en el sector de la construcción - ya en 2007 había caído brutalmente el número de hipotecas firmadas por la entidad en la que trabajo - pero que lo determinante era si dicha crisis se iba a trasladar al resto de la economía.

Lo ha hecho. Quiero decir. Al final el resto de sectores de nuestra economía se ha contagiado de la caída de la construcción y el declive ha sido general y, lo que es peor, prolongado. La vía de contagio por la cual la construcción ha transmitido sus aflicciones ha sido esa puta que se acuesta con todos: la banca.

Es algo que ha cabreado a mucha gente. Y no sin algo de razón. ¿Por qué tienen que pagar todos por las locuras inversoras de unos pocos?. ¿Qué tienen que ver los recortes sociales con el saneamiento de los bancos?. Y si existe una relación, ¿por qué no se deja caer a los bancos que están podridos y punto?. 

En temas de justicia - lo que es justo y lo que es injusto - prefiero no manifestarme. Desconozco bastante los temas de derecho que no competen directamente el desempeño de mi labor profesional. Y en cuanto a la ética y la filosofía, soy meramente un aficionado. En cambio si que estoy versado en la Economía, que prefiero considerar como esa rama de la filosofía que trata las cosas como son en realidad en lugar de como deberían ser, que es lo que hacen la ética y la Filosofía "tradicional".

Financiar bancos mal dirigidos con dinero de los impuestos extraídos sobre todo de las clases medias en declive puede parecer injusto. Lo es, considerado desde la mayor parte de vista que se puedan considerar. Pero la realidad es que se trata de escoger entre el menor de dos males. Rescatar las entidades de inversión con fondos públicos es malo, sobre todo para la reputación del gobierno que lo lleva a cabo. Pero mucho peor es dejar que los bancos caigan como moscas al aire libre en lo más crudo del invierno. 

Por si alguien no se ha enterado, este último verano la situación económica y financiera en Europa pintaba tan mal que mucha gente en España decidió que lo mejor que podía hacer era adelantarse a lo aparentemente inevitable y sacar en metálico los saldos de sus ahorros y guardárselos en algún sitio. Lo sé porque en mi lugar de trabajo he visto a estos adelantados sacar el dinero en metálico sin querer dar muchas explicaciones. Con el tiempo la cosa se ha calmado y estas personas han vuelto a traer su dinero, pero permanece como ejemplo de lo que pasaría si empiezan a petar bancos uno tras otro.

No estamos hablando de 2 ó 3 cajas de ahorro pequeñas, estamos hablando de una parte importante del sector financiero español. Y aunque las entidades más grandes estén a salvo, la reacción lógica del público al ver quebrar tanto banco sería retirar fondos de los que no han quebrado aún, con lo que precipitarían precisamente eso: más quiebras.

A muchos no les importa. ¡De verdad!. Me lo han dicho así cuando se han llevado sus saldos desde la entidad para la que trabajo a alguna de estas otras entidades en problemas porque les ofrecían mayor rentabilidad por sus ahorros. El Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) te cubre hasta 100.000€ de tus depósitos (saldos en cuenta a la vista y a plazo fijo) en cada entidad. Lo único de lo que te tienes que preocupar, si tienes más de 100.000€ en dinero contante y sonante, es de no tener más de 100.000€ en una única entidad.

Lo que sucede es que el FGD ha pasado de ser una solución a convertirse en parte del problema. Este Fondo se financia con aportaciones de los bancos. Pero si estas aportaciones no bastan para cubrir los posibles pagos que tuviera que hacer en caso de quiebra de una o varias entidades, el Estado Español - o sea, todos nosotros - se convierte en responsable subsidiario.


Y este es el meollo de la cuestión ahora. Nuestro Estado Español ha sido modélico a la hora de tener ajustado el presupuesto y ahorrar. Nadie me cree ahora, ¡pero es verdad!. España ha sido uno de los pocos países en registrar superávit presupuestario durante varios de los años de vacas gordas. Cierto es que se ha gastado dinero a paletadas en cosas ridículas, como colocar a dedo a tu primo en algún despacho, o levantar infraestructuras tan grandiosas como absurdas. Pero se gastaba siempre menos de lo que se ingresaba. Es totalmente criticable y criticado el destino de nuestros impuestos en estos años locos, pero no es justo decir que el Gobierno de España entre 2000 y 2008 ha sido deficitario.

En cambio lo es ahora. Que los ingresos por impuestos se hayan reducido y que por ello tal vez sea conveniente reducir gastos para evitar mayor déficit es algo que todo el mundo puede llegar a entender. Sin embargo, eso no basta ni va a bastar nunca porque el agujero de verdad no está en el desequilibrio entre gastos e ingresos del Sector Público, sino en el importe del FGD por el cual el Estado se tiene que hacer responsable.

Si el Sector Público español ha sido un modelo de ahorro, el Sector Privado nacional - encabezado por la construcción - ha sido el modelo perfecto de despilfarro. España se ha endeudado bastante por encima de sus posibilidades, lo mismo que Grecia. Pero mientras los helenos han despilfarrado en el sector público, en España han sido las empresas y bancos los que se han endeudado de manera salvaje. El resultado tanto en un país como en otro es el mismo: el Estado tiene que hacerse cargo de tanta deuda que no obtiene financiación más que a precios elevados por esa "prima de riesgo" que ya nos es archiconocida, y ello no hace más que empeorarlo todo. Ringard me contaba hace un par de meses que el 25% de nuestros Presupuestos Generales del Estado se dedican a pagar intereses. Es decir, una cuarta parte de lo que gasta el Estado Español no revierte en beneficio alguno para los ciudadanos. No sé de donde habrá sacado el dato, pero en la actual situación me parece perfectamente creíble.

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Dudo mucho que lo que he contado más arriba sirva para hacer más tolerable la situación actual. A muchos les seguirá rechinando y pareciendo injusto. No obstante, no es nada comparado con lo que sigue: la crisis financiera española, y con ella muy posiblemente la económica, podrían solucionarse de manera bastante rápida.

O por lo menos eso es lo que he leído en muchas columnas de economía.

El origen del problema, según nos cuenta en uno de sus artículos el alemán Wolfgang Münchau (para los que sepan alemán, aquí; el resto que se joda) se encuentra en una decisión que se tomo en 2009 a nivel europeo. Ya en ese momento se reconoció que había una crisis financiera a nivel mundial y que habría que rescatar bancos. Había dos opciones: hacer un fondo común para todos los países en el sistema del euro, o que cada palo aguantase su vela. Los alemanes pagarían por los bancos alemanes, los franceses por los suyos, y los españoles por los nuestros.

Como ya podéis suponer por lo que ha sucedido desde entonces, se optó por la opción de que se las apañe cada uno como pueda. A posteriori, y con todo lo que nos ha caído encima os parecerá una injusticia tremenda. Pero realmente es todo una cuestión de puntos de vista. Si en vuestro país los bancos no se hubieran endeudado a tontas y a locas para financiar un "boom" especulativo, apuesto a que os parecería una injusticia pagar por los errores de otros países llenos de gente insensata e irresponsable. Pero para pensar así tenéis que ser alemanes, o finlandeses, o daneses, u holandeses.

Que los bancos alemanes hayan prestado dinero a los bancos de los países que tuvieron políticas económicas tan desastrosas es un mero detalle sin importancia.

Y así fue como hemos acabado con el Estado Español haciéndose responsable de una cantidad de deuda que le es imposible pagar por sí sólo. Y con ello todo el lío y miseria que ha venido después.

Ya lo habréis supuesto. La solución a todo esto pasaría por adoptar la "opción a)" que mencionaba antes: hacer caja común entre todos los países del euro para cubrir todos los bancos en problemas en Europa. España no puede por sí sola. Con amigos, sí.

El problema es que Europa sigue siendo La Vieja Europa, con sus rencillas y sus prejuicios entre naciones. Prejuicios que se trasladan a los resultados electorales de cada país. Si nuestro gobierno ha visto perjudicada su imagen por ir al rescate de entidades financieras nacionales, imaginaros como sería si tuviera que ir al rescate de bancos extranjeros. 

Lo cierto es que la "caja común" no requeriría que el Estado Federal Alemán pusiera un céntimo de euro para rescatar los bancos españoles, irlandeses, italianos, y sus respectivos sectores públicos. La financiación vendría de lado del Banco Central Europeo (BCE), que imprimiría los euros suficientes para pagar la juerga de los "países irresponsables".

Claro, Alemania y otros países afectos suyos no ven esto con buenos ojos. Argumentan que, ciñéndose a la letra de la carta fundacional del BCE, financiar despilfarros nacionales no está en sus funciones. Si se incumple dicha letra escrita, la independencia del BCE podría ser puesta en duda, y el valor del euro en los mercados internacionales de divisas caería junto con la reputación de la Unión Europea.

El valor del euro en los mercados de divisas caería realmente. Pero eso se debería a que - si se adopta la solución de la "caja común" - el BCE tendría enchufada la máquina de hacer billetes y, al incrementarse su oferta, el valor del euro caería. También crecería la inflación, y es allí dónde les duele a los alemanes y sus amigos. Sus ahorros perderían valor para poder financiar los desastres económicos de otros países. Esta perspectiva no sienta nada bien. Aquí hemos llegado a ver tasas anuales del inflación del 5% durante la década pasada. Pero en Alemania en cuanto sube un poco la inflación comienzan a sudar e imaginarse que es 1921 y que un cabo austríaco va a levantarse de entre los muertos para repetir un intento de golpe desde una cervecería en Munich. El puto caos. Tan sólo hay que fijarse en los más de 100 comentarios airados por entrada que el señor Münchau colecciona en sus columnas para darse cuenta de que ser solidario con los Schurkenstaaten (Estados de sinvergüenzas, que es como nos llaman) no es algo que sea popular en Alemania. A mí todavía me queda por conocer a un sólo alemán que este a favor de apoquinar para salvarnos a nosotros.

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Una vez he dejado a mi otra patria como una acumulación de egoístas hijos de puta, queda todavía por aclarar como es que además de bloquear la solución encima nos exigen que nos apretemos más el cinturón. ¿Será por ganas de joder?.

La verdad es que no. Existe un razonamiento económico detrás de todos los recortes estatales. Dicho razonamiento mantiene que una expansión exagerada del Sector Público absorbe cualquier excedente de capital (ahorro) de la economía nacional mediante déficit (emisión de deuda). El Sector Privado permanece enano porque no puede competir por la financiación con el Estado. Llegado un momento la Deuda Pública se hace tan grande que el gobierno de turno ya no puede obtener quién le preste más dinero, y en cuanto no tiene con que pagar, la economía se contrae y hasta se hunde.

Esto es, en un párrafo, lo que ha pasado en Grecia. De libro. La solución pasa por reducir el gasto público hasta que se genere superávit en las cuentas del Estado. Entonces, se estará liberando capital que podrá ir al necesitado sector privado y, así, financiar crecimiento económico.

Aquí (y en Irlanda, no conozco bien los casos de Italia y Portugal) no es el Sector Público el que ha captado financiación, sino el Privado. Sin embargo, eso no parece haberle entrado en la cabeza a los que están en Bruselas y en Berlin, porque insisten en aplicarnos las mismas medidas que a Grecia. Yo no les culparía. La verdad, a la vista de los aeropuertos, las autopistas de pago vacías, y otros monumentos al absurdo de la gestión pública nacional muchos de los de aquí nos meten en el mismo saco con los griegos. 

En Grecia, los recortes no están dando resultados. Ello no se debe a que no sean necesarios, que seguramente lo sean, sino a que no bastan por si sólos. Haría falta además respaldarlos con la "caja común" para que la inversión afluyese al sector privado heleno y se generase un crecimiento económico del que depende el gobierno de Atenas para tener superávit presupuestario de una puñetera vez.

En España los recortes deben estar siendo, a juzgar por los datos, especialmente dañinos. Dado que el sobreendeudamiento se encuentra en el Sector Privado, éste no puede por ahora absorber más inversión. En consecuencia, los recortes en el Sector Público no liberan capital que financie el Sector Privado. En pocas palabras: el dinero que deja de gastar el Sector Público no va a para al Sector Privado, sino que sencillamente desaparece de nuestra economía. El PIB español decrece.

Si el PIB español decreciese tanto como decrece el Gasto Público, la cosa sería mala. Decimos entonces que el multiplicador del PIB por Gasto Público es igual a 1. El Estado reduce su gasto en 3 millones de euros, y el PIB se reduce en 3 millones de euros. Sin embargo, y tal como apunta Wolfgang Münchau en uno de sus artículos, el infame Fondo Monetario Internacional tiene razones para pensar que dicho multiplicador es superior a 1 en algunos países como el nuestro. Es decir, que cada euro de gasto público reducido provoca una reducción del PIB mayor.

Así, si el Estado reduce sus gastos en 3 millones, la economía se contrae en - por ejemplo - 5 millones. Eso es un multiplicador de 1,66.

¿Y qué?.

Bueno. Resulta que uno de los objetivos de reducción de Gasto Público está en mejorar la relación Gasto Público/ PIB. Si el antes mencionado multiplicador es superior a 1, dicha relación no mejora sino que empeora. Siguiendo con nuestro ejemplo anterior. Si el PIB nacional es de 100 millones, y el Gasto Público es de 100 millones, la relación es de 100%. Recortando los 3 millones citados el PIB decrece 5 millones, la ecuación ahora es 97millones/95millones= 102%. O sea, que, lejos de disminuir, se ha incrementado el tamaño de la Deuda Pública con respecto al conjunto de nuestra economía.

Quien va a prestar dinero al Estado se fija en esta relación y su tendencia ascendente, detecta mayor riesgo de impago, y exige un mayor pago de intereses como contraprestación al mayor riesgo que asume. Esto es lo que llevan haciendo los malvados Mercados Financieros y esas perversas Agencias de Calificación que nos quieren hacer la vida imposible porque están coaligados con los nazis del lado oculto de la luna y los alienígenas escondidos en el Polo Sur que quieren dominar el mundo y bla, bla, bla.

Realmente, lo que hacen los mercados financieros y las agencias de calificación es bastante razonable. Lo único ilógico es insistir por el camino que vamos tras varios años de ver que no da resultado. Pero eso es justo lo que está sucediendo. En nuestro ejemplo anterior, tras subir el Gasto Público/PIB del 100% al 102% el gobierno de turno dice "¡no hemos ahorrado suficiente!" e inicia otra ronda de recortes que deja las cosas aún peor.

Y así, damas y caballeros, es como ha ido aumentando el porcentaje de Deuda Pública respecto al PIB desde que comenzó la crisis a pesar de los esfuerzos y denuedos ahorrativos de nuestros gobiernos de izquierdas, de derechas, de centro, y del revés. 

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Y ahora, ¿qué?.

En este artículo (en inglés) escrito por el renombrado economista Joseph Stiglitz se cuentan de manera más breve y elegante muchas de las cosas que he contado hasta ahora. Pero lo realmente interesante del artículo es la reflexión final. La moneda única fue una creación de las elites gobernantes europeas. No hubo participación popular real. Ello no tiene porque ser malo si se hace bien. Y por hacerlo bien quiero decir que esta creación ha de crear beneficios disponibles para todos sin restricciones.

En cambio, nos hemos encontrado con que esta moneda única, tal como esta constituida, esta provocando dolor y miseria a millones de personas en nuestro subcontinente. Es cierto que también generó riqueza y felicidad durante años. Pero lo que hace intolerable la situación actual es su patente irreversibilidad. La prosperidad fue efímera, y ha sido revertida de manera que hablamos de la situación actual comparándola con otros años (2004, 2000, 1997, cada vez más hacía atrás). La miseria, los recortes, las bajadas de salarios y las subidas de impuestos han llegado a nosotros con evidente intención de quedarse. En el espacio de meses se van erosionando inexorablemente conquistas sociales que llevó largos años de sacrificio ganar. Nos han prometido que todos estos sacrificios de ahora sirven para lograr salir de la actual penuria que, sin embargo, dura y perdura.

¿Le extraña a alguien que la gente este soliviantada?. Negar o minimizar el descontento es la misma estrategia que inicialmente siguió el gobierno de Zapatero con respecto a la crisis económica, y no sirvió. En Italia, Grecia, y varios otros países millones de personas constatan que el euro no es un fin en sí mismo, sino un medio para un fin mayor: la prosperidad y felicidad de los habitantes que conformamos Europa. Y si ese medio genera un resultado opuesto al pretendido, prescindir de él es hacer uso de la razón.

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