jueves, 8 de enero de 2026

Cosas Chungas

 


Terminado de ver el último capítulo de la 5ª temporada de Cosas Chungas (esa es la traducción correcta de Stranger Things) voy a hacer un repaso de esta serie que se ha vuelto tan popular en los últimos años. Tranquilos, que no voy a revelar nada de trama.


El principal motivo para esa popularidad es la nostalgia ochentera. Stranger Things es un bombardeo por saturación de nostalgia de los 80. Aparte de las muchas referencias evidentes a nivel consciente, son mucho más numerosas las que tienen lugar a nivel subconsciente por la música o por la ropa que llevan los personajes, que en alguna vez es clavada a la de personajes de películas de la época. 


Hace tiempo leí que en el mundo del cine hay un ciclo de 30 años por el cual en el momento presente resulta un gancho muy bueno rememorar en una película un momento de 30 años atrás. Esto pasa ahora con Stranger Things, pero también sucedía con la adaptación reciente de la novela ochentera It (que a su vez sirve mucho de inspiración a Cosas Chungas). En esta adaptación la parte de los niños tiene lugar en los años 80, mientras que en la novela original (y su versión de televisión de hace unas décadas) la trama de los niños tenía lugar en los años 50. Eso también sucedía con películas conocidas de los 80, como la primera de Regreso al Futuro, en la que viajaban a 1955.


Hay una razón para esto. Para cuando un adulto llega a los 40-50 años ya tiene hecha su vida tanto profesional como personalmente. Tiene trabajo fijo, mujer e hijos, hipoteca, etc. Y desde esa estabilidad y monotonía uno tiende a mirar al pasado de cuando era niño y adolescente y a idealizarlo. Cosas Chungas aprovecha esta visión idealizada que tenemos de nuestra infancia y la alimenta con una visión edulcorada en la que no hay realmente cosas malas más allá del antagonista de la propia serie. En los 80 de Hawkins, Indiana, no se habla del SIDA, ni del crack, ni de Irán-Contra.


Parte de esta visión edulcorada son unos personajes que son bastante simpáticos. Tras ver la primera temporada de Cosas Chungas me puse a ver Dark, una serie alemana que muchos dicen que se parece mucho a la americana. Lo dejé tras el primer capítulo, fundamentalmente porque el reparto de personajes era un montón de gente bastante horrible. Adúlteros, abusones, vendiendo droga... y lo peor de todo es que eran alemanes. Llegas cansado a casa de un día en el trabajo con gente horrible y no quieres encontrarte más gente así en tu pantalla. En Stranger Things entienden eso y los personajes resultan ser bastante majetes. Algunos dirán que incluso son unos blandengues sin carácter, y puede que tengan razón, pero ya he dejado claro porque eso es una ventaja. El caso es que Stranger Things triunfa sale ganando con esto porque es una ventana de escapismo.


La historia que nos cuenta la serie está bastante vista: la lucha del bien contra el mal. Y la cuenta cuatro o cinco veces, una por cada temporada. Aunque se puede decir que las dos últimas temporadas son una única temporada extra larga. De nuevo se salen con la suya haciendo que en cada temporada suban las apuestas. Los personajes hacen lo mismo cada vez, pero también se juegan cada vez más. La tensión aumenta. El espectador se queda pegado. Ya vais cogiendo de que va esto.


Otro aspecto de la historia que mantiene al espectador temporada tras temporada es la evolución de los personajes, que maduran y se hacen adultos en ese modelo de historia denominado "coming of age" o "madurez" que también constituía una de las razones del éxito de la saga de Harry Potter. Es otro recurso muy visto pero efectivo, que fue necesario porque los actores fueron también madurando físicamente desde 2016 cuando se rodó la primera temporada, hasta 2025 cuando se ha completado la última temporada. Eso también ha forzado un fin a la serie en lugar de intentar arrastrarla temporada tras temporada hasta que aburra, dado que no se podía continuar el ambiente juvenil y desenfadado de la producción con unos actores que ya tenían la entrepierna llena de pelos.


Y si. Me ha gustado ver Cosas Chungas. No a pesar de lo previsible, fácil, y visto que compone su historia, sino precisamente por ello. Me hacia falta algo con lo que desconectar, y esta serie ha sido el producto perfectamente diseñado para ello. No es nada especial. Lo puedes ver con media neurona encendida, y lo disfrutas. Esa es su ventaja.


Si lo que quieres es una historia profunda, bien meditada, y con lecciones vitales. Cosas Chungas no es tu serie. Depende de aceptar ciertas convenciones de género de terror juvenil y de nostalgia ochentera sin pensarlo mucho. Tiene más agujeros de guion que huecos un queso gruyere, y esto es algo que va haciéndose más y más patente cuanto más avanzan las temporadas. Y también es en esas temporadas cuando los capítulos se hacen cada vez más largos, ¡con los finales de la 4ª y 5ª temporadas superando las dos putas horas! El capítulo final se toma 40 minutos para cerrar las historias de los personajes tras el desenlace. Y en la última temporada hay mucha exposición narrativa larga por varios personajes que demuestra pereza en la dirección. Show, don't tell es una regla básica de una buena narración audiovisual que en las última temporada de Cosas Chungas se saltan una y otra vez.


Pero bueno, lo dicho. Que yo me he divertido viéndola a pesar de todo. Pero quedáis avisados.


Y os dejo con el análisis de este señor tan simpático en este vídeo.