jueves, 10 de diciembre de 2009

Un mundo sin nosotros ... y otros temas sobre medio ambiente


The World without us.
Por Alan Weisman
Thomas Dunnes Books 2007
336 páginas.

Fue por recomendación de un blog que leía habitualmente - ahora han cerrado la página que lo contenía - la razon por la que compre este libro. Las preguntas que dan origen al libro - ¿cómo seguiría el planeta tierra si el ser humano desapareciera repentinamente? y ¿cuanto tiempo y como desaparecería todo rastro de la humanidad? - parecía interesantes en su momento, y supongo que tal vez lo sean también para vosotros. Ciertamente, han resultado lo suficientemente interesantes como para que se haya creado un documental para TV basado en este planteamiento (aireado en Cuatro, que yo recuerde), y para que el libro haya sido traducido al español. Así que si alguien quiere pasar él mismo por la experiencia, lo tiene fácil.

Para los que antes deseen una opinión - la mía, por supuesto - puedo decir que el libro no es malo, pero posiblemente no sea lo que os prometiaís que iba a ser. Ciertamente, este ha sido mi caso. Tanto los comentarios que había leido como la página web que respalda el marketing de la obra me hicieron pensar que, efectivamente, el libro iba a tratar de como iban a ser las cosas en un mundo sin humanos ("The shape of things to come", como el título de una novela de H.G.Wells, creo). En lugar de ello, me he encontrado con que el libro trata principalmente sobre como es ahora el mundo con los 6 millones y pico de humanos en él. Salen todas las perradas que le hemos hecho a nuestro entorno, y algunas más que no sabía.

Ocasionalmente, el autor se centra un poco en el tema que le demandaba su editor a martillazos y dedica unos cuantos párrafos a plantearse como podría cambiar la situación si, simplemente, nos evaporasemos. Esto sucede sobre todo al comienzo del libro, cuando su tema principal es la reconquista natural de lo que ahora es la ciudad de Nueva York, dónde, según tengo entendido, vive el pájaro éste del Weisman. Otro artificio que utiliza para recrear un planeta sin humanos es viajar a lugares que han quedado deshabitados, como zonas de guerra, o Chernobyl. Al final cuenta como un artículo sobre este último lugar fue el que dió origen al resto del libro.

Se cierra con un breve alegato para limitar el número de nacimientos por mujer (¡pero no dice cómo hacerlo!), y reducir la población mundial. Sobre esto hablaré más adelante.

Weisman es bueno haciendo su trabajo de periodista. Escribe con un estilo no demasiado pesado, en ocasiones demasiado novelesco para el tema que trata - las personas con las que se entrevista son descritas con unas cuantas pinceladas y algún tipo de símil ("tiene el pelo como un montón de paja desordenado") o hipérbole-. Los dos mayores problemas que tiene este libro son, que no trata más que superficialmente el tema que se supone tendría que tratar, y que al afrontar el tema más grande del deterioro del medio ambiente se queda algo flojo, y superficial también. Lo que pasa al final es que Alan Weisman no es un especialista en el tema, es sólo un periodista. A lo largo de la obra tiene que recurrir a varios especialistas, cualquiera de los cuales podría decir muchísimo más que lo que escribe él. Da un poco la sensación que los datos que aporta el autor no conducen realmente a nada, salvo a rellenar espacio, que era lo que debía estar pidiendole su editor.

Después de haberme cargado este libro, no quisiera irme sin hacer un par de comentarios acerca de temas medioambientales. Aprovecho por un lado el pie que me ha dado este libro, y por el otro el bombardeo mediático al que hemos estado sometidos con motivo de la cumbre de Copenhague.

Hace como una semana estalló una "polémica" con motivo de una serie de correos electrónicos de un científico, que podrían indicar que los datos que señalan un calentamiento global están exagerados.

De verdad, no entiendo el motivo de la polémica.

A estas alturas ya no se trata de determinar si está habiendo, o va haber calentamiento global o no. Quien tiene razón, y quién no. No es lo que esta sucediendo lo que de verdad se discute o, mejor, tendría que discutir. Lo que de verdad importa es que va a suceder.

Básicamente, existen dos posturas a tomar respecto a nuestro posible futuro.

En una - llamemosla ecológica - hemos de detener o reducir de inmediato nuestras actividades contaminadoras, o de lo contrario nos esperan consecuencias catastróficas. Si seguimos esta postura, y se demuestra tras unos siglos que es erronea, únicamente habremos perdido unos pocos siglos de "desarrollo económico". No creo que en nuestra historia de 150.000 años como especie animal unos pocos siglos para recolectar más información supongan realmente un retroceso irreparable.

La otra alternativa - a la que llamaré continuista - afirma que estamos viviendo tan sólo una de tantas fluctuaciones climatológicas como ya ha habido antes otras, y que no hemos de preocuparnos y seguir más o menos como hasta ahora. Si seguimos esta opción, y se demuestra erronéa, las consecuencias pueden ser muy serias.

Así pues, no se trata de elegir la alternativa correcta. Se trata de elegir la alternativa que, de ser erronea, tenga las consecuencias menos graves. Creo que he dejado bien claro que alternativa es. Más allá de esto, las palabras de los políticos con primos metereologos y de la prensa que intenta ver emoción y polémica donde no la hay suenan como rebuznos en el desierto.

Cuando el señor Weisman cierra su libro con su llamada a la contención de la natalidad. Toca el punto central de todos estos asuntos. Yo también pienso como él, y creo que la situación sería mucho menos grave de reducirse la población mundial a una cuarta parte de lo que es hoy en día. Que nadie se engañe. No hay ninguna tecnología milagrosa que nos vaya a permitir seguir con el crecimiento poblacional actual sin sufrir las consecuencias. Ni siquiera la "fusión atómica" en la que muchos tienen puestas esperanzas nos sacaría realmente del problema.

Ninguno de los desarrollos tecnológicos de los últimos dos siglos, que nos han permitido surcar los cielos, llegar a pisar la Luna, y multiplicar varias veces nuestro número de habitantes sobre el planeta, nos ha aliviado en verdad del problema que Malthus ya apuntaba. Si de algo ha servido todo ese desarrollo tecnológico, entonces ha sido para que persistamos en los mismos errores durante dos siglos más, y acabemos más enredados que antes. Si mañana tuvieramos una nueva fuente de energía "limpia" - ninguna lo es realmente, porque hay cierta polución siempre a la hora de llevar a cabo la instalación, el mantenimiento, la obtención de los materiales necesarios, etc. - para lo único que seguramente utilizariamos la tregua lograda sería para derrochar energía a mayor velocidad que antes y seguir incrementando nuestra población. Tras unos pocos siglos lo que parecía limpio ya no lo es tanto y volvemos a estar en problemas, sólo que de mayor envergadura.

Que nadie me malinterprete. No soy ningun ludista ni enemigo acérrimo de la tecnología. No quiero ni renunciar a mi nivel de vida, ni quiero negarle semejante nivel a nadie con tal de mantenerme yo en el mío. Pero la única posibilidad de que disfrutemos de una prosperidad actual o incluso mayor es con muchas menos personas en el planeta.

La naturaleza vive en perpetuo equilibrio. Pero no vemos el coste que dicho equilibrio tiene. Constantemente sucede que una especie animal encuentre recursos amplios que consume en un incremento de población que no puede controlar. Cuando el control finalemente aparece, es en la forma de alguna catástrofe, una hambruna, una epidemia que se ceba sobre una población de individuos subalimentados, disputas entre los individuos de la especie y asesinato de crías, o incluso el agotamiento prácticamente total de los alimentos del habitat, lo que llevaba a la extinción (ha llegado a suceder en algunas islas).

¿Somos animales, o somos seres inteligentes?. ¿Somos capaces de controlar voluntariamente nuestro nivel de población y nuestro destino, como se supone de seres inteligentes?. ¿O tendremos que esperar que el hambre, las guerras, y las epidemias regulen nuestra población aún a pesar nuestra?. Si esto último es el único remedio viable, entonces todos nuestros logros, nuestra tecnología, nuestras obras de arte, no nos distinguen en nada del resto de los animales que en este planeta nacen, sufren y mueren sin comprender nada de lo que hacen.

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