miércoles, 11 de junio de 2014

Economía Nazi

Hace muchos años aproveché una estancia en Irlanda para pasarme por varias librerías de Dublin y adquirir varios libros. Mi primera novela de Peter F. Hamilton la compré allí, lo mismo que varios libros de historia de la SGM que por aquel entonces no eran tan fáciles de encontrar en España.

Una de mis adquisiciones ha sido traducida al español y se puede hallar en librerías hoy en día. Me refiero a las Memorias de Albert Speer, arquitecto personal de Adolf Hitler y Ministro de Armamento del Tercer Reich.

La edición que poseo fue titulada "Inside the Third Reich" y adornada con un porrón de esvásticas en un intento del editor de enganchar a un público para el que el nombre de Albert Speer por sí mismo no dijese nada. En el fondo, se trata de otra autobiografía más de esas que inundan las estanterías de las librerías hasta ocupar su propio departamento. Además, siendo Albert Speer un burócrata alejado de los frentes, para el aficionado a la historia de la SGM carece, a priori, del aliciente de las memorias de soldados y oficiales que estuvieron en medio de la acción en primera línea de frente.

Y sin embargo, el libro de Speer resulta ameno, incluso más que muchas narraciones de combate que tienen cierta tendencia a parecerse unas a otras. Aunque comienza como todas las memorias con un capítulo sobre la infancia, la juventud, y la vida familiar, el autor enseguida entra en materia y tras no muchas páginas traba conocimiento personal con Hitler y empieza a trabajar para él.

Desde ahí el libro deriva en dos partes. Una en la que trata su labor como arquitecto del dictador hasta 1942, y otra que comienza en febrero de ese año y que relata sus labores como ministro.

La primera es más interesante para el curioso del Tercer Reich que para el aficionado a la historia de la SGM. Speer es un personaje del entorno personal de Hitler, pero nada más. Su cargo le lleva a tratar personalmente con el líder nazi, pero apenas con nadie más. Aquí y allá surgen anécdotas acerca de las principales personalidades del Reich. El grueso de esta parte lo ocupan los trabajos arquitectónicos para Hitler, siendo la cúspide de los mismos los proyectos de "Germania": la capital del Tercer Reich en la que Berlin iba a ser reconvertida. Su descripción se hace con bastante detalle, y aunque al final Speer reniega un poco de ellos, se nota su fascinación por los ciclópeos planes de construcción. A partir de 1939 la guerra absorbe cada vez más recursos y la tarea profesional de Speer va quedando relegada a un segundo plano.

Y entonces, en febrero de 1942, el hasta entonces Ministro de Armamentos Fritz Todt fallece en un accidente aéreo sobre el cual nunca ha terminado de despejarse la sospecha. Según Speer, él se encontraba cerca del Führer cuando les llego la noticia, y le ofreció inmediatamente el cargo para evitar que Hermann Göring - que era Ministro de Economía, entre otros puestos - ocupase el cargo él mismo o con uno de sus hombres afines.

Y de esta manera tan oportuna comienza la segunda parte del libro. Albert Speer obtuvo grandes logros en su ámbito de la producción de armamentos. Cuando asumió el cargo las cifras se encontraban en el momento más hondo de un declive que se había iniciado en 1941, y con él estas cifras fueron mejorando hasta 1944 cuando se alcanzaron números record de producción justo cuando más arreciaba la lluvia de bombas de la aviación aliada.
Los méritos de Speer tienen hoy en día su reconocimiento en muchos juegos de guerra sobre la SGM, como es este caso de "Barbarossa to Berlin" de GMT.
En su libro Albert Speer nos cuenta poco acerca de como logró mejorar la producción. La mayor parte de la narración trata acerca de su relación con otras personalidades de la Alemania Nazi, que ahora no puede evitar por su trabajo. El libro se vuelve bastante interesante en este punto, pues el Ministro de Armamentos tiene que pasar la mayor parte del tiempo en una red de conjuras contra otros poderosos del Tercer Reich únicamente para lograr que las cosas salgan para adelante. En este sentido, el libro rompe el mito de la eficiencia alemana. El gobierno nazi era tan corrupto que echó a perder muchos de los frutos de esa tradición alemana de la eficiencia.

Con el tiempo, las conspiraciones internas pasan facturas a Speer, que llega a temer por su vida y termina - según él mismo - alienándose de Hitler, a quien piensa asesinar durante los últimos días de éste en Berlin. Tras eso sigue una breve narración del juicio de Nuremberg, del cual escapo "de rositas" con una condena de sólo 20 años. En su libro, Speer reconoce su cierta involucración con el programa de trabajadores forzosos, aunque le echa el muerto a Fritz Sauckel - quien acabo en la horca por ello -. También reconoce un conocimiento tangencial sobre el Exterminio, y manifiesta arrepentimiento por los crímenes cometidos por el régimen para el que trabajó.

**********

Si se realiza una búsqueda de libros por el tema de la "Economía Nazi", The Wages of Destruction de Adam Tooze sale con casi total seguridad. De hecho, es hasta posible que sea el único libro que salga sobre el tema. Y no porque no haya otras obras escritas sobre el asunto, sino porque son estudios universitarios muy especializados y de difusión limitada, o monográficos que tratan temas como El Holocausto, el expolio nazi, las autoridades de la Europa ocupada, o la vida en el "frente doméstico". Lo particular del libro de Tooze es que engloba todos estos temas en una única obra con la economía del Tercer Reich como hilo conductor.

Hasta dónde yo sé, el libro no ha sido traducido al español. Incluso si lo fuera, no lo considero accesible para el lector ocasional de historia de la SGM. Es recomendable estar metido en el tema y haber leído unos cuantos libros sobre la historia de este período (el de Speer entre ellos) para que personalidades, proyectos, hechos y diferentes armas suenen lo suficiente como para que puedan encajar en el contexto que este libro nos expone. Tener conocimientos de economía y finanzas también ayuda, aunque no es imprescindible.

Adam Tooze inicia su relato con la Alemania de los años treinta, que sufre duramente el impacto de la Gran Depresión. Tras la subida de Hitler al poder las cifras de desempleo mejoran bastante, pero el autor achaca dicha mejora a tendencias económicas que ya se estaban comenzando a manifestar poco antes del ascenso al poder de los nazis. De hecho, nos dice, el régimen del NSDAP no tuvo como objetivo el empleo, y realizó pocos gastos en proyectos para su creación.

El objetivo central de los nazis era el rearme. Y se dedicaron a ello a conciencia. Hasta 1933 la economía alemana dependía en parte de importaciones que pagaba con las exportaciones de productos de sus industrias especializadas. Para el rearme los nazis redirigieron toda aquella parte de la economía que pudieron hacía el armamento, y las exportaciones pagaron el pato en el proceso. El resultado de ello fue un severo declive en las reservas de divisas, lo que creo varias crisis financieras internas y - según el autor - estuvo a punto de llevar el régimen nazi al abismo en más de una ocasión. 

Sólo por ese tema tan poco divulgado el libro ya resulta interesante. Más conocidos son los intentos del Tercer Reich por mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos arios a través de la producción de artículos de consumo y que este libro también describe. Sin embargo, la ferocidad del proceso de rearme no dejaba apenas margen para el éxito en este campo. Si bien hubo algún logro como el del "Volksempfänger" o aparato de radio que llegó a todos los hogares a un precio asequible, los ciudadanos alemanes mantuvieron su nivel de vida inferior al de Inglaterra, Francia, y E.E.U.U. desde 1933 hasta 1945. El consumo interno fue otro de los sectores económicos que se mantuvieron deprimidos durante este período para desviar capacidad de producción hacía la industria armamentística.

Tal como viene descrita en el libro, la escala del rearme alemán fue sobrecogedora en comparación con el tamaño de la propia economía alemana. Para la cúpula nazi y sus adeptos no existían límites a lo posible en este campo. El crecimiento de la Wehrmacht absorbía tantos recursos de la economía del país que en el ejército se dieron cuenta de que podrían llegar a un pico de tamaño en torno a 1939-40, tras lo cual las fuerzas armadas alemanas debían ser reducidas en tamaño... o encontrar algún empleo.

Así es como Adam Tooze le da sentido al comienzo de la guerra en 1939. Desde el punto de vista económico era el momento óptimo, pues el resto de países del mundo se encontraban ya embarcados en diferentes programas de rearme que todavía tenían que despegar. Más valía asestar un golpe cuando todavía se era fuerte.

Las victorias de 1939 y 1940 dejaron a Alemania en una situación económica más apurada que la que tenía en septiembre de 1939 cuando comenzó la guerra. Las zonas ocupadas no habían efectuado un "desacoplamiento" de las importaciones como sí lo había hecho la economía alemana, y por ello podían contribuir poco a la producción bélica, al tiempo que sus poblaciones incrementaban la carga de los requerimientos de alimentos y combustible para la población.

En este contexto, la invasión de la Unión Soviética en 1941 estaba justificada dentro de un plan económico de explotación por el cual se iba a expropiar a la población de la Rusia europea de toda posesión material y sustento posible, barajándose cifras de 30 millones de muertos por inanición en las áreas que se pretendía ocupar.

El propio plan de campaña de la Wehrmacht se enfrentaba a problemas logísticos que limitaban el avance efectivo de las fuerzas terrestres a unos 500 km. dentro del territorio soviético. Con la información disponible se pensaba que un avance de esa profundidad en el que se embolsasen gran número de fuerzas soviéticas bastaría para derrocar a Stalin y concluir la campaña con éxito. A tal efecto, la producción alemana se centró en mejorar sus cifras a corto plazo, de manera que para junio de 1941 la Wehrmacht - y sobre todo el ejército de tierra - estaban mejor equipados que nunca para la campaña rusa. La idea era asestar un único y fuerte golpe concentrado.

Para otoño de 1941 el libro nos relata una corriente de gran nerviosismo y depresión en muchas personalidades del gobierno y la industria alemanas al constatar que la lucha en Rusia no se concluía de acuerdo con lo planeado y se prolongaba. La apuesta de la Operación Barbarroja se había realizado con el supuesto de una campaña corta. La economía alemana sería incapaz de afrontar de forma duradera el esfuerzo preparatorio de dicha campaña. En estos momentos, muchos dirigentes nazis ya vieron que su país había perdido la guerra.

Si bien hubo una recuperación posterior de la producción militar con Speer como protagonista. El libro achaca dicho éxito a una mayor voracidad expoliadora de las fuerzas de ocupación alemanas, y a un endurecimiento de las condiciones de trabajo y de vida para la misma población alemana (aparte ya de los bombardeos) que tuvieron que trabajar más horas, cobrar lo mismo, y ahorrar mayor porcentaje de sus salarios en la forma de deuda del Estado Alemán para financiar el esfuerzo bélico.

A Speer lo ponen de vuelta y media. Sus "innovadores métodos de gestión" que el ministro menciona en sus memorias no fueron la causa del incremento de la producción, sino el mero acaparamiento de recursos de otros países y sectores. Entre los más importantes de estos recursos está la mano de obra. Tooze nos explica la infernal lógica interna del exterminio nazi, por el cual los trabajadores forzados resultaban rentables (aunque por poco) únicamente si se reducían los gastos para su mantenimiento hasta extremos que hacían su muerte inevitable, lo cual a su vez requería que cada vez se "importasen" más trabajadores forzados de las regiones ocupadas. 

Se nos deja bien claro que Speer estaba bien al tanto de los desplazamientos de poblaciones que esto involucraba, y de las lamentables condiciones en las que se llevaban a cabo. Con razón se lamentaba Sauckel de la injusticia de la sentencia de Nuremberg, que dejaba vivo a Speer con 20 años por lo mismo que a él le enviaba al cadalso. También se deja bien claro que, lejos de ser el típico miembro de clase media seducido/engañado por nazismo, Speer era un nazi convencido que no dudó en amenazar personalmente a algunos industriales alemanes con tal de alcanzar sus cuotas de producción bélica.

El libro trata muchos más temas, y sirve mucho para proveer de un contexto para muchas de los acontecimientos de la SGM. Es por ello muy recomendable, aunque no sea accesible para todo el mundo, y no precisamente por el idioma.

Aparte de eso, y en lo que toca a Speer, sirve también para recordarnos que las memorias de personalidades del Tercer Reich - Speer, Guderian, von Manstein... - han de ser leídas con prudencia, pues en muchos de estos casos la principal intención de sus autores no fue la de iluminar sobre lo acontecido, ni siquiera meramente dar su versión de los hechos, sino limpiar su reputación de los crímenes que habían cometido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada