sábado, 23 de junio de 2012

A donde va Vicente: Dominion

Mi primera experiencia con el juego de cartas Dominion fue, seguramente, la misma que habéis hecho muchos de vosotros. Estaba con un grupo de amigos, uno sacó el juego, nos explico las reglas a mi y a otro, y en compañía de una cuarta persona nos pusimos a jugar. Cuando acabamos echamos otra, y luego otra. Las partidas habían pasado a toda velocidad, lo mismo que las dos horas que duraron. Me pareció un buen juego, de esos que puedo recomendar a los amigos que no tienen tiempo ni ganas de jugar a cosas demasiado sesudas.

Siendo un juego de partidas rápidas, se ha convertido con facilidad un clásico en prácticamente todas las jornadas de juegos de mesa, estrategia, y rol. Y así fue que yo y mis amigos nos lo encontramos en la ludoteca de las Ludo Ergo Sum de 2010. 

Estábamos algo ociosos y a mí se me ocurrió llenar el vacío recomendando el juego. Explique las reglas en un periquete, y Chris, Rf, yo y Ringard echamos dos partidas. Dio buena impresión. Tanta que Ringard me propuso juntar pasta entre los dos para comprar uno que tendríamos a mano para las tardes tontas de viernes que pasamos en nuestro habitual lugar de reunión. No me lo pensé dos veces. Le di 20 pavos, y el juego pasó a formar parte de nuestra dieta habitual. Por eso, ahora le dedico una reseña que espero sea breve, acompañada de algunas fotos que os ayudarán a comprender de que va el juego.
Como todo buen gilijuego que se precie, el argumento de Dominion es una puta mierda. Algo tenían que tener estos juegos en común con las pelis porno. En teoría, cada uno de los 2 a 4 jugadores es el señor de un pequeño dominio compuesto por una baraja de 10 cartas, de las cuales 3 son de punto y 7 de monedas. En el transcurso de la partida, cada jugador intentará expandir su reino (su baraja) y finalizar la partida con el reino más grande (el que tiene mayor cantidad de puntos acumulados en cartas de punto).

El desarrollo del juego es bien sencillote. Cada jugador roba 5 cartas de su baraja. Un jugador comienza la partida con su turno, y a partir de él (o ella) los demás le van siguiendo en el sentido de las agujas del reloj hasta que termine la partida.

En un turno un jugador puede jugar una carta de "acción" de su mano y realizar una "compra" de cartas (de acción, dinero o puntos) que están disponibles en el centro de la mesa, con cartas de dinero que tenga en su mano. Las cartas compradas van a nuestro descarte, que se convierte en la nueva baraja cuando la existente se agota, y así sucesivamente. Lo excitante de todo esto es que podemos comprar cartas que nos dan más acciones, o acciones "de la hostia", con lo que podemos acabar realizando muchas y variadas acciones, y muchas compras en un turno. Nuestro mazo crece, podemos hacer cosas cada vez más bestias, y en general pasas un buen rato creciendo de manera exponencial. El paradigma capitalista, ni más ni menos.

Así que se trata de construirte un mazo chulo, que funcione mejor que el de los demás. Suena bastante autista, y de hecho lo es aunque existen algunas cartas que permiten fastidiar a otros jugadores, como La Bruja, El Ladrón, o La Milicia. A pesar de esto, Dominion es lo más parecido al Juego de la Galleta (leyenda urbana) que he visto en juegos de mesa.

No tiene porque ser malo. No le vamos a exigir un elevado nivel de interactividad y mecanismos complejos a todos los juegos. Dominion entró en nuestro grupo porque Ringard y yo pensamos que nos vendría bien algo para matar el tiempo entre varias personas en nuestras tardes de viernes. Sin embargo, en nuestro grupo Dominion no tardó demasiado tiempo en joderse, y joderse bien. Todavía puedo aspirar a sacar Smallworld, o Pacific Typhoon, a la mesa de cuando en cuando. Pero Dominion, más rápido que el primero y con más sentido que el segundo, hasta ahora ha visto nuestra mesa menos que cualquiera de los dos mencionados.

Y todo ha sido gracias a Rf.

Y es que Rf gana sistemáticamente todas las partidas que jugamos al puto jueguecito. Miento, porque le gané una hace un mes. Pero es la excepción, de otra forma gana todas las partidas, y además con una ventaja abrumadora y de manera humillante, con turnos en los que juega 10-20 cartas y compra varias cartas de 6 puntos - las más costosas -  a la vez. Dominion era, como ya he dicho, un juego para pasar el rato sin demasiado compromiso ni esfuerzo, pero pierde su gracia cuando el final de la partida es siempre el mismo: gana Rf.

Pero, realmente, ¿qué demuestran las constantes victorias de Rf en este juego?. Naturalmente, que es mejor que nosotros... en este juego. Pero lo que hay detrás es que una vez se despliega el muestrario de cartas ofertadas en la reserva (nosotros solemos escogerlas al azar, pero eso es indiferente para mí razonamiento) Rf inspecciona las cartas, determina rápidamente cuales tiene que comprar, en que orden de prioridad, y ejecuta su plan sin que ninguno pueda hacer gran cosa por impedírselo. La interacción entre los jugadores es escasa o nula, y las cartas que la permiten (Ladrón, Bruja, Milicia, etc) y las que lo bloquean (Foso) ya están calculadas por Rf y adquiere de unas y otras las que más le convienen como parte de su plan.

Realmente, el problema de Dominion es que nada más desplegar el juego, ya hay una única estrategia viable para ganar la partida. La ejecutas y ganas, o no lo haces y pierdes, y no hay nada más. No hay un desarrollo de la partida, ni tácticas que van evolucionando, ni la gracia de ir tanteando, aprendiendo dentro del juego. El azar es limitado. La variabilidad limitada a las combinaciones de 10 tipos de cartas de la reserva que se escogen para el inicio de la partida. Pero eso lo único que genera es un inicio de partida nuevo cada vez. No evita que el transcurso de la partida este predeterminado.

Realmente, al final para ganar se requiere únicamente capacidad de cálculo. Y de esa Rf tiene bastante. Bueno para él. Pero es el mismo atributo que se requiere para jugar al Ajedrez y, realmente, no veo razón para gastarme 40 y pico pavos cuando se puede conseguir un Ajedrez por mucho menos, y encima tiene más interacción.
Dominion es uno de esos juegos que únicamente tiene sentido jugar como un gilipollas, sin esforzarse por ganar, ni pensar ni nada. Jugar masturbándose recreándose con el mazo de cartas que vas formando. Es la única forma de olvidar que el fin de la partida está determinado desde el inicio. Por desgracia, o para nuestro bien, nosotros tenemos a Rf que nos destroza sistemáticamente esta fantasía onanista.

Por ello no es raro que cuando Wolenkaiser estaba en una tienda de juegos de la capital, y se le acercó uno de los dependientes a recomendarle Dominion, rechazo la sugerencia con hastío e invocando a Rf como demostración de lo vacío que es el juego.

La oferta espontánea del dependiente es una muestra de lo popular que ha llegado a ser Dominion. En un mundillo tan minoritario como el de los juegos de mesa Dominion es un juego de masas. El "donde va Vicente, va la gente" de los juegos. Lo lamento, y no porque me importen un comino las personas que se han aficionado a este juego, sino porque está tan extendido que no creo que podamos deshacernos de él por un precio decente.



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