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miércoles, 8 de noviembre de 2017

Designated Survivor

Designated Survivor (conocida en español como Sucesor Designado) es una serie norteamericana de televisión que se emite a través de Netflix y cuya primera temporada he terminado de ver hace poco.
Con el patrocinio del F.C. Barcelona
Cuando un escritor no profesional como yo escribe en internet algo sobre una serie de televisión, generalmente es para alabarla. Uno normalmente no dedica su tiempo a algo que no le ha gustado. No ese mi caso en relación a esta serie. A veces encuentro necesario que para escribir sobre aquello que me gusta, también tengo que escribir sobre lo que no me gusta.

Y no es que Designated Survivor (DS) no me guste. Simplemente la he encontrado una serie que ni fú ni fá. No es rematadamente mala, pero tampoco es buena de forma notable. Y eso, cuando hay tanta selección de series que ver, es casi como decir que es mala.

La premisa de DS - y la razón por la que comencé a verla - es interesante: Un salvaje atentado en el Capitolio liquida a todo el gobierno de los E.E.U.U. y sus dos cámaras representativas. Tan sólo se salva un anodino Secretario de Vivienda, que estaba bajo custodia en la Casa Blanca de acuerdo con una política establecida llamada "Superviviente Designado".

Tras hacer un papel de neonazi en la serie "24" durante varios años, Kiefer Sutherland cambia de registro y encarna ahora al mencionado Secretario (Tom Kirkman) que es elevado a Presidente del país más poderoso del mundo.

Dicho cambio de registro es total. El personaje de Tom Kirkman interpretado por Sutherland es un tipo que habla suavemente y pide las cosas por favor. Incluso cuando otro personaje le hace algún gesto feo - y hay muchos capullos de esos sueltos por la serie - pone más cara de pena que de enfado. Tan sólo en algún momento muy puntual de la serie le tocan los bemoles lo suficiente como para que salte, y aún así la reacción me ha parecido más ridícula que acojonante. Tom Kirkman es Ned Flanders, sólo que metido a política y en carne y hueso en lugar de en dibujo animado.

Tom Kirkman es el personaje central en una de las dos tramas (o "storylines" como las llaman los americanos) de esta serie de 21 capítulos en su primera temporada. Es una trama centrada en la política en la que predomina el buenrollismo. El bueno de Tom no es ni demócrata ni republicano, es un independiente moderado que quiere apaciguar el panorama político estadounidense. Es, como ya dije en otra ocasión, la política tal como debería ser en lugar de la política como es. 

Aunque el nuevo presidente sufre algunos sustos tras el gran golpe que da inicio a la serie, esta parte de la narración no puede progresar a ritmo de golpes de efecto. Al fin y al cabo se trata de los Estados Unidos de América y no de una república centroafricana. Las cosas enseguida vuelven a su cauce y se trata la política regular al estilo que ya lo hacía, creo, "El Ala Oeste de la Casa Blanca". Vamos, un rollo, salvo para los licenciados en Ciencias Políticas, imagino. Surge mucho capullo "teapartista" dando por el culo en la serie pero al final el bueno de Tom resuelve todas las dificultades que le salen al paso y cierra la temporada con un discurso patriotero.

La otra trama es más interesante. De hecho, lo es tanto que la serie toma la costumbre de cerrar los capítulos con "cliffhangers" (momentos álgidos) de esta rama de la narración para mantener enganchados a los espectadores. Se trata de la investigación del atentado en el Capitolio, encabezada por la agente del FBI Hannah Wells. Ésta esta encarnada por la actriz Maggie Q, cuyas dotes para la interpretación me resultan eclipsadas por el tipazo que luce. Y es que seré un monje, pero no soy de piedra.

Abriéndose paso a través de tiroteos, explosiones, secuestros, extorsiones, envenenamientos, persecuciones y demás pasatiempos varios, la agente Wells descubre una tremenda conspiración cuyo objetivo es subvertir el orden político de la nación y hacerse con el control de la misma. Como ya podéis suponer de lo escrito, está parte tiene bastante acción como para ser entretenida en si misma. Se hubiera podido hacer perfectamente una temporada de 12 capítulos sólo con esta trama y mandar a freir espárragos la trama política. Resulta ser un "thriller" bastante convencional, pero precisamente por eso (por respetar las convenciones del género) engancha bastante.

DS es, en fin, una serie con una premisa inicial impactante y muy interesante y que sólo es explotada narrativamente a medias. Hubiera sido mucho mejor para la historia, y más coherente con el argumento de la conspiración, que el sucesor designado hubiera sido un palurdo extremista (como el que ocupa ahora la Casa Blanca), y que en lugar de tanto buen rollo hubiera predominado la mala hostia que realmente preside la política norteamericana hoy en día, con los extremistas haciéndose con el control y logrando imponer poco a poco sus medidas más locas. El resultado habría servido mejor como denuncia de la política (no sólo norteamericana) actual. Pero imagino que los que ponen la pasta para que esto se haga prefieren que los espectadores nos vayamos tranquilos y reconfortados a nuestras camitas en lugar de jugarse los índices de audiencia inquietando al personal. Seguid durmiendo.

miércoles, 6 de enero de 2016

My own private Breaking Bad

Entre otras muchas cosas, 2015 ha sido el año en el que por fin he terminado de ver la serie Breaking Bad.

No es nada meritorio. Mucha gente ha visto la serie, a juzgar por los permanentes comentarios que uno puede escuchar sobre la misma. De hecho, se ha hablado tanto de ella que la perspectiva otro chalado más escribiendo sobre ella en un blog debería desanimar a cualquiera de seguir leyendo.

Para los que aún seguís ahí, para mí Breaking Bad más que una serie ha sido en cierto modo una experiencia formativa. He visto la serie a trompicones, deteniéndome durante meses a mitad de alguna que otra temporada, para luego consumir otra ristra de capítulos antes de detenerme de nuevo. Así me ha sucedido que he tardado varios años en llegar hasta el último capítulo. ¿Tres?, ¿cuatro?, no me acuerdo de cuando comencé.

Lo malo de haber visto The Wire es que inevitablemente tiendes a comparar todas las series de televisión con ella. Por eso cuando comencé a ver Breaking Bad quise entender que era una crítica a toda la Guerra contra las Drogas que el gobierno de los Estados Unidos de América libra desde hace ya unos cuarenta años.

Y la verdad es que hay muchas críticas más o menos patentes en la historia a dicha lucha, como cuando el protagonista - Walter White - le pregunta a su cuñado que trabaja en la DEA si todo lo que hace sirve de algo. Lanza la pregunta, así como comentario, y se queda sin respuesta.

Otra crítica que entendí ver en la serie era al sistema sanitario norteamericano, y resulta bastante patente en el argumento que da pie a la historia. El protagonista es un honrado ciudadano a quién diagnostican cáncer y que, sin poder costearse el tratamiento y ante la perspectiva de dejar a su mujer e hijos en la intemperie económica, opta por la vía del crimen y de la producción y comercio de estupefacientes - metanfetamina, para ser más exactos - como solución a sus problemas.

Así, Walter White ha sido una especie de héroe para mí. Alguien que luchaba contra el sistema exponiendo sus contradicciones e injusticias. Este tipo de héroes resultan ser bastante comunes hoy en día en nuestra ficción audiovisual. Vease sino a Tony Soprano, a Dexter, o alguno de los barriobajeros de The Wire. Walter White era, como todos los mencionados, un tío que se veía obligado a hacer cosas inmundas pero que aún así tenía cierta moral que permitía al espectador sentir admiración por él.

Después de eso - a caballo entre la primera y segunda temporadas - la historia del héroe antisistema fue perdiendo importancia para mí, y la fue ganando la perspectiva de la serie como un manual de introducción al mundo de las drogas. Todas las fases de este comercio ilegal estaban desplegadas allí a medida que el dúo de Walter White y Jesse Pinkman se van enfrentando a cada una de ellas en su camino a una pila de pasta: la obtención de materia prima, la producción, la distribución, la aplicación de "músculo" como "policía" en un sector no ya desregulado, sino totalmente ilegal,...

En su enfrentamiento a los problemas derivados de todas estas fases de la cadena de producción ambos protagonistas van perdiendo su inocencia, y yo iba perdiendo mi capacidad de admiración por ellos. Aún así, seguía viendo la serie. Era por fascinación con el horror. El horror de como la corrupción del mundo criminal va poco a poco atrapando a los protagonistas y atrapándolos a ellos y a sus familias. Era este horror el que me obligó a hacer paradas en mi visionado de la serie. La situación en las vidas de los personajes de la serie se iba deteriorando y complicando hasta que parecía que no había alternativa a ser "cazado", ya fuera por las autoridades o por otros delincuentes. Pero la astucia de Walter White lograba dar con un plan desesperado que salva la situación y restaura cierta calma, hasta que la espiral de caos y deterioro se reproduce de nuevo. Y así varias veces hasta el último capítulo, en el que Walter White encuentra una solución a todos los problemas, y la redención de sus pecados.

En esos ciclos de crisis y resoluciones de las crisis sucede en cierto modo con Jesse Pinkman y Walter White lo que sucedía con Sancho Panza y Don Quijote. Sus caracteres se cruzan. Jesse comienza siendo un delincuente de poca monta un tanto inconsciente, y termina siendo una persona con ideales, moralidad, y meticulosa. Walter White comienza siendo un ciudadano modelo, y termina siendo un delincuente carente de moral.

Yo también comencé sintiendo odio por la mujer de Walter, Skyler. ¿Es qué no era capaz de apreciar lo que su marido hacía por ella y sus hijos?. Sin embargo, hay que entender las leyes americanas, que castigan no sólo a los involucrados en el tráfico de estupefacientes, sino también a sus familiares no involucrados, para comprender en buena medida las reacciones y la forma de ser de Skyler.

No está a la altura de The Wire - maldita sea, tengo que comparar todas las series con The Wire - pero aún así es una muy buena serie, que te mantiene pendiente de lo que sucede, y maravillado ante lo que va a suceder.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Series TV que nunca he visto: El Menta-listo

... y sin haberlo deseado, me ha salido un pareado. ¡Jo!

Esta entrada comienza con una mentira ya desde el mismísimo título, pues si que he llegado a ver un capítulo completo y partes de otros capítulos de la serie oficialmente conocida como El Mentalista, y que debería llamarse El Menta-listo.
En la versión original salía con la chorra fuera de los pantalones.
¿Basta ver un único capítulo para formarse una opinión de una serie de televisión?. La respuesta es que cuando la serie es una puta mierda, pues sí. Porque, no nos engañemos, ¿qué es la televisión?. ¿Es un medio para elevar los espíritus?. ¿Una forma de iniciar una revolución?. ¿Es realmente educativa?. No. La tele es ese sitio al que volvemos una y otra vez a por más de lo mismo.

Cuando, ocioso y aburrido, me senté a ver el capítulo de El Menta-listo que destriparé a continuación, yo tenía entendido que esta era una de esas series policíacas en las que resolvían un crimen por capítulo. Vamos, algo más visto que los tebeos. Por los anuncios de la tele sabía que el protagonista era un rubiales de buena planta que respondía al nombre de Patrick Jane, o Jane Patrick, o a lo mejor estoy confundiendo o mezclando el nombre del actor con el del personaje. No importa, el caso es que es el protagonista. Aparte de él, el reparto se componía de un grupo de detectives compuesto por unos tíos bastante olvidables y unas tipas que, sin ser despampanantes, eran de buen ver.

Bien, pues este capítulo del que voy a hablar comienza - como no - con un fiambre. Hay un tío muerto no recuerdo si era en la calle o en su casa, y entonces llega el equipo de detectives capitaneado por una actriz que esta buena pero que pone cara de palo porque se lo dicta el guión, y que si recuerdo que se llamaba Lisbon o algo así. Pero da igual, porque el Jane la ningunea todo el rato en todos los capítulos de la serie.

En la escena del crimen se encuentra la compungida viuda de la víctima, una tía más buena que el queso, y nuestro prota Jane se acerca a hacerle unas preguntillas. Resulta que mientras se estaban cargando a su marido, ella estaba con su hija en un concierto de "Pedro y el Lobo", que es una pieza de música clásica de algún compositor ruso que ahora no recuerdo, pero tampoco me hagáis demasiado caso. Al decirle el título Jane se hace el entendido de música clásica y le pregunta por el tercer oboe de la segunda parte, o algo así. Y la Viuda Alegre le da una respuesta que hace entender que sabe perfectamente de qué está hablando. Más tarde uno de los detectives afirma que han interrogado a la hija, y que confirma la coartada de la madre.

Después de eso los detectives y Jane se tiran un buen rato haciendo el moñas por aquí y por allá. Surge una sospechosa, la criada o la niñera de la familia, que es latinoamericana. Pero en todo esto Jane se hace el misterioso y el interesante, como que las cosas no son lo que parecen, y que ya veremos.

El desenlace del capítulo se precipita cuando la niñera es interrogada y revela que la Viuda Alegre es una Malvada Madrastra que tenía a todo el mundo acojonado. La Malvada Madrastra secuestra a su propia hija en intenta fugarse con ella. Logran rescatar a la niña, y ésta enseguida confiesa que mintió en el primer interrogatorio por presión de su madre. Finalmente, la Malvada Madrastra es detenida o muerta en plena fuga, no sé, no me acuerdo, y la verdad es que es bastante irrelevante para el desenlace de la historia. En estos días la diferencia entre ser arrestado o disparado por la policía en Estados Unidos parece ser muy pequeña, sobre todo si eres negro.

Durante todo el capítulo Jane se ha estado haciendo el enterado, como si él si que estuviera al tanto de todo mientras los detectives corrían de un lado para otro como monos en celo, lo cual no es una exageración, porque una de las detectives está bastante buena y tiene a otro de los detectives más cachondo que la música del tiovivo. Pero por si eso no basta, al final del capítulo el tal Jane suelta que tenía fichada a la Viuda Alegre / Malvada Madrastra desde el interrogatorio inicial, porque en la segunda parte de "Pedro y el Lobo" lo que suena es un violoncelo, y no un oboe. Vamos, que él ya sabía que la Viuda Alegre era la asesina desde el minuto 3 del capítulo.

Si hubierais estado allí conmigo, en ese momento, viendo la tele, no hubierais notado nada. No me moví, no dije nada. Por un lado es porque me encontraba sólo, así que no había sentido en tener una reacción porque no hubiera tenido destinatario. Por otra parte, no tengo mucha tendencia a exteriorizar mis pensamientos así como así. Es también bastante probable que me sintiese paralizado por la estupefacción. Sin embargo, estoy bastante seguro de que cuando la estupefacción se desvaneció y terminé de ser plenamente consciente de lo que había acabado de ver y oír, interiormente me cagué en la putísima madre.

¿Qué cojones era lo que había acabado de ver en ese capítulo?. Un tío que ni es policía pero que está todo el rato pegado a un grupo de ellos tiene un indicio bastante cierto sobre la coartada de una sospechosa, y en lugar de compartir inmediatamente este detalle con los policías se calla y se tira el resto del capítulo haciéndose el misterioso y el guay, con lo que consigue poner en peligro la vida de la niña - y creo que también de la niñera - sin tener ningún buen motivo para ello. Y cuando todo se acaba, no se le ocurre otra cosa que restregarselo todo a los policías en la cara. ¿Qué mierda es esto?.

¿Y los policías?. El interrogatorio de la niña lo llevo a cabo la detective buenorra. ¿Qué mierda de interrogatorio fue ese?. La coartada de la Malvada Madrastra dependía del testimonio de la hija, y la encargada de hacerlo no encuentra nada raro. ¡Tócate los huevos!. ¡Qué no estamos investigando la desaparición del perro de la familia! ¡Se trata de un puto asesinato! ¡A-se-si-na-to!. ¡Joder!. A la puta anormal que hace un interrogatorio así deberían ponerla a dirigir el tráfico en invierno en Alaska. ¡Pero no!. ¡Aquí no pasa nada!. Las tramas de las novelas juveniles de Los Cinco son más serias que esto.

Tras esto he visto cachos de uno o dos episodios más de esta serie de mierda. No pude verlos hasta el final porque - como ya he dicho que sucede con la tele - era más de lo mismo. Puede que no sucediese tan pronto como en aquel primer capítulo que ví, pero lo cierto es que el tal Jane siempre averigua antes que nadie quien es el asesino, pero deja que los demás hagan el gilipollas el resto del capítulo y no hay otra explicación racional para ello salvo lucirse y dejar a los detectives como inútiles... que lo son.

A ver, las cosas claras. Yo no aspiro a que todas las series sean obras de culto. He visto The Wire, pero no espero que todas las series sean como The Wire. Hay veces que no quieres pensar demasiado, únicamente quieres relajarte y ver algo que no te haga pensar. Esta primavera estuve viendo la serie esa de los vampizombis llamada "The Strain" y me lo pasé bien. Muchas series policíacas del tipo "caso resuelto por capítulo" cumplen esa función de relleno. A este tipo de series no hay que exigirles mucho, y tienes que perdonarles bastante. 

En principio, El Menta-listo es una serie de esta categoría de relleno y cuando me senté a verla lo hice con la intención de desconectar el cerebro y dejarme llevar. Pero cuando en el minuto 45 del capítulo te dicen que ya tenían la solución del caso en el minuto 3, no es que te estén haciendo pasar el rato, es que se están riendo en la cara del espectador. Es como llamarte idiota cuando te rellenan casi todo el capítulo con cosas que al final se revelan que no tenían sentido porque lo podían haber resuelto todo perfectamente desde el comienzo. Y lo peor de todo es que te lo dicen a la cara, así, directamente, como si nada, sin otro motivo aparente más que para que el tal Patrick Jane nos demuestre lo listo que es.

Si alguien no me entiende todavía, que se imagine tener un tipo así de cuñado. ¿A qué no lo aguantas ni cinco minutos?. ¡Pues lo mismo me pasa a mí con esta serie!.

En fin, con esto me despido por hoy. Nos vemos la semana que viene, cuando os hablaré de la serie "Sexo en Nueva York" (Sex and the City) que trata acerca de una vieja furcia y sus tres hijas.


sábado, 29 de marzo de 2014

A propósito de Suárez

He de reconocer que el fallecimiento de Adolfo Suárez me afectó profundamente.

No se debió a la gripe que me tenía postrado justo esos días. Eso fue mera coincidencia.

El domingo 23 por la noche me encontraba yo en estado profundamente griposo delante del televisor, esperando aliviar mi estado y pasar el rato viendo alguna de las películas que varios canales suelen retransmitir tras los telediarios. Con el mando a distancia cambie un canal tras otro y mirando el programa. En todos lo mismo. Especial Informativo, Especial Informativo, Especial Informativo. Todos de una duración mínima de 2 horas, prolongándose algunos hasta más allá de la 1 de la madrugada.

¡Mierda!, me dije. Estaba claro que no iba a haber películas esa noche. Bastante fastidiado me fui a a la cama a pasar la gripe.

Antes de que alguno se moleste porque aparentemente he soltado una chanza a costa de la muerte del primer presidente de nuestro régimen democrático, he de puntualizar que la chanza va dirigida hacía nuestros medios de comunicación y su reacción al evento. ¿De verdad hacía falta que el "especial informativo" durase más de tres horas?, y eso un domingo antes de lunes laborable. Ya me imagino las escenas en los puestos de trabajo al día siguiente. "Tienes ojeras, ¿estuviste llorando/en vela por la muerte de Suárez?", "No, estuve viendo el especial informativo sobre él".

El cansancio y la fiebre de la gripe no fueron lo único que me impulsaron a ir a la cama y pasar de tanto especial informativo. Simplemente sabía, lo mismo que muchos de vosotros, la forma y contenido que esos programas iban a contener. Que si Suárez fue un tipo genial, que si nos trajo la democracia, retazos de su vida en familia con su mujer como otro ejemplo modélico, el cáncer de una hija suya, entrevistas con personas que le conocieron salpicadas con anécdotas graciosas, etc. etc. Vamos, lo que se dice un panegírico en toda regla.

Yo no necesitaba informarme acerca de lo estupendo que había sido Suárez. Ya lo sabía de antemano. A mi generación, que vivimos la transición siendo niños que apenas se enteraban de nada, le han martilleado una y otra vez en la cabeza lo modélico de nuestra transición y de las personas que la llevaron cabo. ¿Para qué iba a ver más de lo mismo?.

Hablar de Suárez de manera elogiosa en el momento de su fallecimiento era algo obligado por una parte por la tradición que prohíbe hablar mal de alguien que acaba de fallecer. Nadie va a criticar u objetar nada al panegírico de Suárez porque hacerlo es una falta de respeto con su familia. Que es que el hombre acaba de morirse, ¡joder!.

Yo también me he educado a la española. Comprendo esta tradición de no hablar mal de los recientemente fallecidos y la respeto. Pero aprecio el problema que dicho respeto se prolongue más allá de la fecha del fallecimiento, bloqueando cualquier intento de valorar de manera objetiva la vida del fallecido sometiéndola no sólo a elogios, sino también a críticas. 

En el caso de Suárez esto es importante, porque su vida esta fuertemente asociada a ese período mítico de nuestra historia reciente: la transición. No hacer una valoración objetiva de Suárez es una manera de no hacer una valoración objetiva de la transición. Si únicamente aplicamos elogios a uno, lo hacemos también con lo otro, que fue su principal "creación".

Y la cosa va más allá. Porque la interpretación que hacemos de nuestro pasado reciente modela nuestra visión del presente. Si la transición fue "modélica" y ejemplar, el país que ha resultado de ella también tiene que serlo. ¿No?. La conclusión es que en nuestro país no pasa nada malo.

Pero eso no cuadra para nada con lo que está sucediendo ahora. El día antes del fallecimiento de Suárez, miles de personas se manifestaban en Madrid por todo lo que está yendo mal ahora. Las cosas no han ido bien. Eso es una realidad. ¿Qué ha sucedido?.

La discordancia entre la realidad que observo y la que nos retransmiten algunos medios me lleva a cuestionar también esa visión del pasado que nos han retransmitido una y otra vez. ¿No será que parte de nuestros problemas derivan de como se llevó a cabo esa transición?. ¿No será que esa transición no fue tan perfecta como nos dicen ahora?. 

Estas preguntas me han llevado estos días a la imagen de Suárez. Comparto la visión que se hace de él como gran persona en lo personal y en lo público, pero aprecio que en la forma de gobierno que nos legó un gran defecto. Necesitaba de gente tan buena como él para mantenerse. Y sencillamente no la ha habido. En su lugar le han sucedido una ristra de personajes que se pueden describir como una gama entre las hienas y los chacales.

Es ahora cuando se echa en falta en nuestra política un sistema de "equilibrios y controles" ( checks and balances, en inglés) por el cual ninguna persona mediocre, o más o menos nefasta pudiese acumular demasiado poder hasta resultar impune. Reconozco que no se gran cosa de la transición, pero no puedo evitar tener la sensación que esos controles y equilibrios de poder o no se instalaron en su momento, o resultaron muy fáciles de levantar posteriormente.