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jueves, 8 de enero de 2026

Cosas Chungas

 


Terminado de ver el último capítulo de la 5ª temporada de Cosas Chungas (esa es la traducción correcta de Stranger Things) voy a hacer un repaso de esta serie que se ha vuelto tan popular en los últimos años. Tranquilos, que no voy a revelar nada de trama.


El principal motivo para esa popularidad es la nostalgia ochentera. Stranger Things es un bombardeo por saturación de nostalgia de los 80. Aparte de las muchas referencias evidentes a nivel consciente, son mucho más numerosas las que tienen lugar a nivel subconsciente por la música o por la ropa que llevan los personajes, que en alguna vez es clavada a la de personajes de películas de la época. 


Hace tiempo leí que en el mundo del cine hay un ciclo de 30 años por el cual en el momento presente resulta un gancho muy bueno rememorar en una película un momento de 30 años atrás. Esto pasa ahora con Stranger Things, pero también sucedía con la adaptación reciente de la novela ochentera It (que a su vez sirve mucho de inspiración a Cosas Chungas). En esta adaptación la parte de los niños tiene lugar en los años 80, mientras que en la novela original (y su versión de televisión de hace unas décadas) la trama de los niños tenía lugar en los años 50. Eso también sucedía con películas conocidas de los 80, como la primera de Regreso al Futuro, en la que viajaban a 1955.


Hay una razón para esto. Para cuando un adulto llega a los 40-50 años ya tiene hecha su vida tanto profesional como personalmente. Tiene trabajo fijo, mujer e hijos, hipoteca, etc. Y desde esa estabilidad y monotonía uno tiende a mirar al pasado de cuando era niño y adolescente y a idealizarlo. Cosas Chungas aprovecha esta visión idealizada que tenemos de nuestra infancia y la alimenta con una visión edulcorada en la que no hay realmente cosas malas más allá del antagonista de la propia serie. En los 80 de Hawkins, Indiana, no se habla del SIDA, ni del crack, ni de Irán-Contra.


Parte de esta visión edulcorada son unos personajes que son bastante simpáticos. Tras ver la primera temporada de Cosas Chungas me puse a ver Dark, una serie alemana que muchos dicen que se parece mucho a la americana. Lo dejé tras el primer capítulo, fundamentalmente porque el reparto de personajes era un montón de gente bastante horrible. Adúlteros, abusones, vendiendo droga... y lo peor de todo es que eran alemanes. Llegas cansado a casa de un día en el trabajo con gente horrible y no quieres encontrarte más gente así en tu pantalla. En Stranger Things entienden eso y los personajes resultan ser bastante majetes. Algunos dirán que incluso son unos blandengues sin carácter, y puede que tengan razón, pero ya he dejado claro porque eso es una ventaja. El caso es que Stranger Things triunfa sale ganando con esto porque es una ventana de escapismo.


La historia que nos cuenta la serie está bastante vista: la lucha del bien contra el mal. Y la cuenta cuatro o cinco veces, una por cada temporada. Aunque se puede decir que las dos últimas temporadas son una única temporada extra larga. De nuevo se salen con la suya haciendo que en cada temporada suban las apuestas. Los personajes hacen lo mismo cada vez, pero también se juegan cada vez más. La tensión aumenta. El espectador se queda pegado. Ya vais cogiendo de que va esto.


Otro aspecto de la historia que mantiene al espectador temporada tras temporada es la evolución de los personajes, que maduran y se hacen adultos en ese modelo de historia denominado "coming of age" o "madurez" que también constituía una de las razones del éxito de la saga de Harry Potter. Es otro recurso muy visto pero efectivo, que fue necesario porque los actores fueron también madurando físicamente desde 2016 cuando se rodó la primera temporada, hasta 2025 cuando se ha completado la última temporada. Eso también ha forzado un fin a la serie en lugar de intentar arrastrarla temporada tras temporada hasta que aburra, dado que no se podía continuar el ambiente juvenil y desenfadado de la producción con unos actores que ya tenían la entrepierna llena de pelos.


Y si. Me ha gustado ver Cosas Chungas. No a pesar de lo previsible, fácil, y visto que compone su historia, sino precisamente por ello. Me hacia falta algo con lo que desconectar, y esta serie ha sido el producto perfectamente diseñado para ello. No es nada especial. Lo puedes ver con media neurona encendida, y lo disfrutas. Esa es su ventaja.


Si lo que quieres es una historia profunda, bien meditada, y con lecciones vitales. Cosas Chungas no es tu serie. Depende de aceptar ciertas convenciones de género de terror juvenil y de nostalgia ochentera sin pensarlo mucho. Tiene más agujeros de guion que huecos un queso gruyere, y esto es algo que va haciéndose más y más patente cuanto más avanzan las temporadas. Y también es en esas temporadas cuando los capítulos se hacen cada vez más largos, ¡con los finales de la 4ª y 5ª temporadas superando las dos putas horas! El capítulo final se toma 40 minutos para cerrar las historias de los personajes tras el desenlace. Y en la última temporada hay mucha exposición narrativa larga por varios personajes que demuestra pereza en la dirección. Show, don't tell es una regla básica de una buena narración audiovisual que en las última temporada de Cosas Chungas se saltan una y otra vez.


Pero bueno, lo dicho. Que yo me he divertido viéndola a pesar de todo. Pero quedáis avisados.


Y os dejo con el análisis de este señor tan simpático en este vídeo.


martes, 1 de febrero de 2022

Mr. Robot

Hace pocos días que he terminado de ver Mr.Robot. Una serie norteamericana de 4 temporadas que en estos momentos se pueden ver en la plataforma Netflix. Me he dicho "!menudo final! ¡tengo que escribir sobre esto!". Y aquí estoy. Mi problema ahora es - como tantas otras veces - por dónde empiezo.


Si bien ahora me he visto las 4 temporadas "del tirón" en el espacio de dos meses, lo cierto es que ya había visto la primera temporada allá por 2015 cuando se estrenó. Ya entonces me impactó. En retrospectiva, esta impresión se debía en buena parte al personaje protagonista y las similitudes que le veía con el protagonista otra serie que había estado viendo hasta poco antes y que también me había gustado bastante.


El personaje principal de Mr. Robot es Elliot Anderson (interpretado por Freddy Mercury), quien nada más empezar el primer capítulo se nos presenta como una especie de superhéroe con doble vida. Empleado de informática durante el día, hacker justiciero durante la noche. Otra característica de Elliot es que está muy mal de la azotea. Lo digo muy en serio. De hecho, decir que está muy mal de la azotea no llega a dar la impresión ni de una centésima parte de la enorme disfunción mental que tiene este chico. Los problemas mentales del protagonista también están bastante presentes desde el primer episodio porque, aparte de hacer visitas regulares a una loquera, Elliot mantiene una conversación en silencio con un amigo imaginario que somos nosotros, los espectadores. "Hello, friend" es como comienza a menudo la voz en off del actor explicándonos su mundo interior y porque hace muchas cosas.


Si un personaje así de peculiar y trastornado ya resulta de por sí un gancho para la historia, en mi caso la atracción era mayor puesto que anteriormente había estado viendo durante años otra serie llamada Dexter con un protagonista que daba nombre al serial y que guardaba muchos paralelismos con Elliot. También llevaba una doble vida - médico forense durante el día y asesino psicópata justiciero de noche -, también estaba trastornado mentalmente - era un asesino psicópata, lo repito por si a alguno le parece una condición mental normal - y también explicaba sus acciones y pensamientos a través de mesmerizantes peroratas en off. "Tonight is the night", comenzaba el muy cabrón cuando salía a cazar a alguna de sus víctimas, cabronazos peores que el propio Dexter y que se tenían merecida la muerte.


Dexter fue una serie que estuve viendo durante años, pero que estiraron hasta 9 temporadas y acabó degenerando. Yo lo dejé creo que en la 5ª... en la que sale John Lithgow, en todo caso, y creo que vosotros deberíais hacer lo mismo si alguna vez la veis.


Así que allí estaba yo, en 2015 viendo Mr. Robot subtitulada en román paladino y con reminiscencias de otra serie que me había gustado mucho. Me tragué la primera temporada (10 capítulos) de un tirón en una semana. No era sólo que me recordase a Dexter, es que el ritmo de Mr. Robot es bastante endiablado lo mismo que la serie del asesino, y en ambos casos se debe a esa doble vida que ambos intentan mantener a toda costa de forma simultánea e independiente la una de la otra frente a constantes accidentes e intrusiones de otros personajes. Cada episodio tiene un desarrollo importante de la trama, una sorpresa. Y el creador y director de Mr. Robot, Sam Esnail, no se corta a la hora de recurrir a un recurso tan manido como es el cliffhanger de toda la vida.


Y al acabar esa primera temporada, me quedé con ganas de más. Pero la vida y cierta complejidad (ejem, ejem) a la hora de acceder a las nuevas temporadas a medida que iban saliendo dejaron a Mr. Robot aparcada en una esquina de mi mente, hasta que apareció en la lista de Netflix y la volvía a tener a mi disposición, enterita y con sólo pulsar un botón.


Gracias a lo cual he podido verme la serie entera (incluida la 1ª temporada de nuevo) de pe a pa en dos meses, lo que para mí es una velocidad vertiginosa. Cada temporada tiene entre 10 y 14 (la última) capítulos, la mayor parte de los cuales duran alrededor de 45-50 minutos, aunque de cuando en cuando alguno se estira hasta poco más de 60 minutos. Como ya he dicho, el ritmo de la serie es un tanto frenético. Cada episodio desarrolla la trama y te sorprende con giros de guion, o con nuevas revelaciones sobre los personajes. A menudo, especialmente al comienzo de algunos episodios, la narración hace una retrospectiva (muchos lo conocerán en inglés como flashback) que profundiza en los personajes o revela aspectos de la historia.


Pero lo que para mí más caracteriza esta serie es su tratamiento de la demencia y el ciberpunk.


Elliot está loco. No hay otra forma de ponerlo. No es el primer personaje de ficción que está loco. Pero Mr. Robot logra como pocas series o películas ponernos en el lugar del demente y nos transmite la visión del mundo desde el pozo de su trastorno. También vemos la locura de Elliot desde fuera. Desde las personas que le rodean y que a veces sufren por ello o se quedan tan perplejas como él mismo cuando la realidad choca contra su locura como un tren de mercancías descarrilado. A veces resulta fascinante, otras dramático - Elliot sufre por su demencia -. Lo que es seguro es que parece que el creador de la serie - Sam Esnail - está jugando con nuestras mentes como lo hacía Shyamalamama... bueno, el director y guionista de El Sexto Sentido, El Protegido y esas otras películas con giros de guion que cada vez va a menos el hombre. Pues Sam Esnail hace eso, pero bien.


Lo del ciberpunk es una cosa mía. Este 2021 me he leído Neuromante, la novela fundadora de este subgénero de la ciencia-ficción. No me ha gustado, y creo que no estoy sólo teniendo esta opinión. Y sin embargo, le reconozco cierta genialidad a la hora de innovar y crear una ambientación que muchos autores posteriores de novelas, películas, y juegos de mesa y ordenador han copiado de William Gibson. Para quien no esté al tanto. El Ciberpunk es una ambientación de ciencia-ficción que tiene lugar en nuestro planeta en un futuro no muy lejano (unas cuantas décadas, como mucho un siglo) y entre cuyas características yo destacaría: un medio ambiente degradado, una depresión económica y social de posguerra, un mundo regido por mega-corporaciones un rato fascistas, un predominio de la criminalidad y la economía sumergida entre la población general, un gran desarrollo de la computación y la inteligencia artificial, integración de la tecnología con el ser humano creando híbridos mitad humanos mitad máquinas. Y montones de basura, chatarra, y desechos.


Pues bien. Para mí Mr. Robot es ciberpunk. O más precisamente, recrea ese momento en el que el mundo tal como lo conocemos cruza una frontera mágica y se convierte en ciberpunk. Es el mundo de hoy en día, mas con muchas trazas de ciberpunk reconocibles en él. Las megacorporaciones de las narices juegan un papel muy importante en la trama, con los gobiernos nacionales como sus títeres. Existe un descontento general entre la población desencantada. En este sentido creo que Mr. Robot tiene bastante de anarquista y absorbe mucho del espíritu del movimiento Occupy Wall Street e incluso utiliza imágenes de archivo de sus manifestaciones. Y luego está el hackeo. Los asaltos digitales son una constante en la serie. Hay algunos episodios que tratan únicamente acerca de un hackeo en concreto y que son trepidantes tramas de acción. Yo apenas sé algo de informática, pero la serie hace parecer que Elliot y sus comparsas hacen piruetas con los ordenadores, casi como aquellos personajes del ciberpunk que se enchufan directamente a terminales y las controlan con la mente. Algunos no habrán hecho esta asociación entre la serie y la trama. Es bastante posible que Sam Esnail no pensase en ciberpunk para nada al hacer esto. Pero yo, gracias a haber leído Neuromante, sí, lo mismo que en su momento vi una relación entre Elliot Anderson y Dexter.


Así que para mí Mr. Robot es una serie muy recomendable si estás dispuesto a emocionarte con una trama trepidante, giros de guion, y un doble submundo de demencia y hackeo. Absténganse por favor los que prefieren una narración costumbrista, un drama romántico, o simple entretenimiento descerebrado. Oye, son opciones tan buenas como cualquier otra, pero Mr. Robot es un tanto intensita para ti. Tiene buen ritmo, buenas actuaciones (un guiño al importante papel que tiene Christian Slater, al que creía muerto y enterrado en los 90), sorpresas hasta el mismo final, unos personajes a los que vas cogiendo cariño... En fin, que yo he pasado un buen rato con esta serie y tenía que compartirlo.

viernes, 29 de octubre de 2021

The Liberator

En los medios audiovisuales he observado tres categorías en lo que a producciones que toman como base hechos reales. Primero están los inspirados en (inspired by) hechos reales, que toman la realidad y hacen con ella lo que les sale de los putos cojones la emplean como trasfondo de una historia inventada. Segundo están los basados en (based on) hechos reales, que en general siguen lo que sucedió en realidad pero pasándosela por el forro de la entrepierna tomándose libertades con la misma e inventándose alguna que otra cosa por interés dramático. Es que la verdad pura es muy aburrida, amigos. En tercer y último lugar están la reconstrucciones de los hechos, que habitualmente se pueden hallar en documentales y en los que las escenas suelen estar muy acompañadas de comentarios en off de un narrador, sin los cuales no se entendería un pijo de lo que se nos muestra. Estas últimas son en principio las más fidedignas con la realidad, aunque las reconstrucciones se pueden hacer con sesgo según convenga o sea, que se mean en la realidad.


The Liberator es una miniserie de cuatro episodios de Netflix que cae dentro de la segunda categoría, y que nos muestra las andanzas de un grupo de soldados estadounidenses de infantería bastante normalillos en el teatro europeo de la Segunda Guerra Mundial. Ahora mismo no me acuerdo ni a que división pertenecían, pero no eran ni paracas, ni rangers, ni comandos, ni nada parecido. Infantería corriente y moliente de toda la vida.


La serie hace un esfuerzo por presentarnos a estos soldados como especiales en el sentido en que procedían de capas sociales desfavorecidas del medio oeste de los E.E.U.U., y ello les sirve de nexo de unión. El resto de soldados de su propio país los desprecian, pero capítulo a capítulo irán demostrando su valía en combate y ganándose el respeto del estamento militar. Su historia se va contando desde la perspectiva de Felix Sparks, su comandante y protagonista de esta serie.


Es una historia bélica bastante estándar cuya principal novedad es el formato audiovisual. Este consiste en tomas reales de los actores coloreadas e integradas en un fondo más o menos animado, al estilo que ya inició Bakshi con su Señor de los Anillos.


Así que los actores, su vestimenta y attrezzo son reales, pero el tanque que se ve tras ellos es un dibujo. A diferencia de Bakshi, para quien la técnica era novedosa y no estaba desarrollada, aquí lo hacen bien. A alguno le puede fastidiar el realismo, pero yo considero el formato como algo necesario y hasta bueno, como ya explicaré más adelante.


A lo largo de los cuatro episodios nuestros aguerridos soldados inician sus peripecias en Salerno, en Italia, luego van a Anzio. Después al sur de Francia, los Vosgos, y entran en Alemania. Pasan por muchos momentos duros, pasan por unos pocos momentos cómicos, pasan juntos por muchas cosas. Crecen como personas y soldados, y la serie es buena transmitiendo la sensación de camaradería que se desarrolla entre ellos.


Me llamó la atención que en esta narración bélica se dedicasen algunas escenas al enemigo: los alemanes. Especialmente en el tercer capítulo se puede decir que son coprotagonistas. A mi me gustó este enfoque. En las películas bélicas es muy habitual deshumanizar al oponente. Aparte de faltar a la realidad es algo que ya está muy visto. En esta serie además lo hacen bien.


Como en la serie que inicia la anterior entrada de este blog, esta no es para que veas con tu parienta. Hay poca participación femenina. La serie es tan corta que tan sólo se nos muestran situaciones de combate o derivadas de los combates (hospital, consejo de guerra...) , y prácticamente casi ninguna de relax en la retaguardia en la que los soldados puedan interactuar con civiles. Es otra decisión de guion con la que estoy de acuerdo.


The Liberator es, en resumen, una breve serie del género bélico que se deja ver y deja buen sabor al final. La procedencia variopinta y marginal de los componentes de la unidad militar que seguimos se recalca tal vez de forma un poco exagerada al principio para acentuar eso de la inclusividad que está tan de moda hoy en día, pero si es verídico tampoco es malo. Al final, The Liberator es una historia de compañerismo en medio de la adversidad. Ese es el mayor aliciente para verla.


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Alguno que ya haya visto la serie se estará preguntando ahora si cuando yo la ví no noté ese enorme elefante en la habitación. Pues sí. Me di cuenta también. Para los que no la han visto, allá va. No creo que este desentrañando la trama de la serie: en el primer capítulo nuestros héroes noquean un tanque alemán medio (un Mark III) con un tiro de un mortero portátil de (yo diría) unos 50mm.  Para los que no sepáis de temas militares esto os sonará a chino. Para los grognards y frikis de la historia militar esto es anatema. Para que los legos en la materia militar se hagan una idea, eso como si hicieran una serie de cuatro capítulos sobre la vida de Jesucristo y ésta en general siguiera de forma fiel lo que aparece en los Evangelios salvo por un momento en el primer capítulo en el que Jesús aparece follándose a la virgen María. O, por buscar otro símil, es como si a la comunidad musulmana...


... en fin, que cada uno tiene sus sensibilidades (por cierto, que no he podido encontrar ninguna imagen ni dibujo de Jesús fornicando con María, y eso que he mirado muchas páginas que parecía que podrían albergar semejante contenido).


El caso es que la posibilidad de que un morterazo de 50mm. deje fuera de combate y ardiendo a un tanque de veintipico toneladas es prácticamente ridícula. El mortero es un arma contra infantería cuyo proyectil suelta bastante metralla pero carece de capacidad de penetrar en un blindaje. Tal vez pueda causar cierta conmoción a la tripulación del blindado y mucho ruido dentro de este, pero aparte de eso lo único que va a lograr es rallar la pintura. Además, el mortero hace disparo parabólico. El proyectil sube muy alto y luego cae casi en vertical. Es muy fastidiado acertar de esa forma a un blanco móvil y que ocupa un área relativamente pequeña como un tanque. Cuando disparas a un tanque lo que quieres es un arma de fuego directo en la que el proyectil viaja en línea más o menos recta desde tu arma hasta el vehículo. 


Y lo peor es que no hacía falta cometer este fallo porque históricamente en el lugar y momento del episodio (Salerno, Italia, otoño de 1943) los americanos disponían en abundancia de un arma portátil antitanque: el bazooka. La única explicación que se me ocurre es que el consejero de historia militar de la serie (si lo tienen) se pillo libre el día que rodaron esa escena.


¿Y sabéis qué? Pues que no importa. Aunque muy gordo, es el único fallo que pude detectar en la serie. Claro, que habrá entendidos que podrán indicar otros 30 errores más. Que si las hebillas de los uniformes no eran las reglamentarias, que si el modelo de rifle es de tropas paracaídistas y no de la infantería del ejército... Detalles. Lo que importa realmente es la historia, y ya he escrito más arriba que The Liberator logra contar una historia interesante, amena, y hasta edificante. Si hubieran estado cometiendo fallos así a porrón en cada uno de los cuatro capítulos de la serie, a mi también me hubiera echado a perder la historia porque me hubiera sido imposible sumergirme en la realidad que proponía. Pero tan sólo cometen ese fallo una vez.


Más allá de si gusta o no, pienso que The Liberator puede indicarnos el futuro de producciones audiovisuales basadas en la Historia en general, y en la historia militar en concreto. Hacer películas históricas y bélicas es muy fastidiado. La mayor parte de las superproducciones - desde antiguallas como La Batalla de Inglaterra, Tora! Tora! Tora!, y Un Puente demasiado Lejano hasta producciones más modernas como Pearl Harbor o Midway - terminan siendo unos fracasos comerciales bastante caros. A pesar de éxitos como Salvar al soldado Ryan y la serie Hermanos de Sangre el listado de fallos pesa más en la mente de quienes tienen que poner su pasta para sacar estas producciones adelante. Una importante virtud de The Liberator es que parece ser bastante económica tanto por su brevedad como por el formato audiovisual empleado, que ahorra en caros elementos de attrezzo bélico como tanques o piezas de artillería. Considero que este puede ser la forma en que más series y películas con ambientación histórica pueden ver la luz, y que el subgénero fílmico no desaparezca como ya lo hicieron los musicales.


lunes, 7 de mayo de 2018

Animación de adultos

Cuando se trata de camuflar algo desagradable o adornarlo, lo más fácil y frecuente es cambiarlo de nombre.

En el siglo XIX en los Estados Unidos se denominaba la "Institución Peculiar" a lo que era simple y brutal esclavitud. Los antiabortistas se denominan a sí mismos "provida", dando a entender que están "a favor de" algo, en lugar de "en contra de", que es en lo que consiste su postura realmente. Las participaciones preferentes, más conocidas como "preferentes" a secas, no se podían vender apenas con su denominación original, pero que era más cercana a la realidad, de "deuda perpetua". Y cuando el cine pornográfico ha querido ganar en aceptación, ha pasado a autodenominarse como "adulto".

La animación de adultos que titular esta entrada no es la pornográfica (como por ejemplo el hentai japonés), sino sobre aquellos dibujos animados que, simplemente, "no son para niños". Es decir, no apelan a los sentimientos y comprensión del mundo que un niño puede tener, sin tener por ello que mostrar una profusión de pollas, culos, y coños.

Dado el tema de esta entrada, no se me ocurre mejor forma de expresarlo que con ese momento en el que Homer Simpson le pide a Scorpio azúcar para el café.

Hay dos series que me han inspirado a escribir esta entrada, y que pueden clasificarse claramente como "de adultos". En ellas, que Homer le pida azúcar a Scorpio no es una mera anécdota, sino el tema de fondo.

La primera, y la más claramente "de adultos" es Rick y Morty (R&M). Morty es un adolescente algo cortito pero de buen corazón. Rick es su abuelo, un científico tan genial, como chalado, como carente de escrúpulos. La unión de estos dos personajes tan contradictorios es lo que sirve de motor a la comedia en esta serie.
¿A qué parece una familia feliz? Pues preparaos.
R&M es un exponente de esa curiosa relación que tienen los norteamericanos con la violencia gráfica. Cada capítulo nos regala con desmembramientos, masacres, tiroteos, y muertes absurdas. Pero cuando Rick sale en porretas, su entrepierna nos aparece pixelada. De los pechos femeninos ya ni hablemos.

De hecho, R&M se recrea tanto en la violencia gráfica que hay gente (y no me refiero a los niños) que no puede soportar ver esta serie. No se puede recomendar a todo el mundo.

Entonces, ¿por qué ver Rick y Morty?. Pues porque es una serie que te sorprende a cada capítulo, y las explosiones de violencia animada son parte de ese proceso de sorpresa, algo que tienes que aceptar si no quieres saber por dónde te van a salir está vez. De hecho, la violencia es tan exagerada - al estilo de Quentin Tarantino - que a menudo constituye una parodia de sí misma. Tal vez hace falta tener cierta complicidad con el medio de la animación y comprender que esta tendencias violentas en R&M proceden de una larga tradición de violencia en la animación que ya parodiaban Rasca y Pica dentro de Los Simpson.

Más allá de la violencia, los personajes de R&M tienen cierto desarrollo y profundidad. A diferencia de los Simpson, en R&M los personajes evolucionan. Lo que sucede en un capítulo les afecta en los subsiguientes. Y eso a pesar de que el formato básico de esta serie es el capítulo de 20 minutos con trama cerrada. 
 
Creo que la mejor forma de describir esta serie es como un cruce entre Los Simpson y Futurama. El tono es de comedia absurda con ambientación de ciencia-ficción, con muchos referentes al frikismo. Es precisamente la ambientación de Ciencia-Ficción lo que permite a la serie saltarse constantemente las reglas del espacio y del tiempo de "nuestro mundo normal" y sorprender al espectador con giros inesperados.

Si tienes 20 minutos para ver un capítulo, y quieres desconectar y reírte un rato, R&M puede ser perfectamente tu serie.

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Visualmente más "normal" por ser mucho menos violenta, Bojack Horseman es la segunda serie de animación que me ha impulsado a escribir esta entrada. El título es el nombre del protagonista, un caballo antropomórfico que vive en una versión de nuestro mundo presente dónde los animales antropomórficos conviven con los humanos. Algo que ya tenía sus antecedentes en la obra del caricaturista francés del siglo XIX J.J. Grandville.

En este mundo a la vez tan similar y diferente al nuestro, Bojack es una estrella de televisión venida a menos. Vive de puta madre en lo material, pero se siente desdichado. Para atenuar sus males, siembra la desdicha allá donde va. Es un personaje sin apenas moral, ni ética, ni dirección en la vida. Pero precisamente por eso nos engancha capítulo tras capítulo de esta serie que ya lleva 4 temporadas, porque esperamos, lo mismo que el resto de personajes de la serie que conviven con Bojack, que de alguna manera se redima. Y una y otra vez nos deleita cayendo de nuevo en sus pecados.
Genio y figura.

Los capítulos de Bojack Horseman no consisten en tramas cerradas, sino que forman parte de una trama que abarca varios capítulos al estilo de las series de éxito modernas. Tanto por su disipado protagonista, como por el entorno en el que vive (Hollywood o, como acaba siendo en la serie, "Hollywoo") esta serie recuerda a la serie "Californication". El tono, sin embargo, es mucho más relajado y humorístico. A ello contribuye tanto el propio medio de la animación, como la constante presencia de "gags" a cuenta de la animalidad de los protagonistas.

Siendo básicamente una comedia, esta serie es más formal que R&M, menos directa. Los personajes tienen bastante desarrollo y profundidad para lo que es una comedia de animación, y sentirse recompensado por verla requiere algo más de fe y paciencia para ver unos cuantos capítulos seguidos. Afortunadamente, la escasa duración de los mismos (unos veintipico minutos cada uno) debería hacer más fácil este pequeño sacrificio.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Designated Survivor

Designated Survivor (conocida en español como Sucesor Designado) es una serie norteamericana de televisión que se emite a través de Netflix y cuya primera temporada he terminado de ver hace poco.
Con el patrocinio del F.C. Barcelona
Cuando un escritor no profesional como yo escribe en internet algo sobre una serie de televisión, generalmente es para alabarla. Uno normalmente no dedica su tiempo a algo que no le ha gustado. No ese mi caso en relación a esta serie. A veces encuentro necesario que para escribir sobre aquello que me gusta, también tengo que escribir sobre lo que no me gusta.

Y no es que Designated Survivor (DS) no me guste. Simplemente la he encontrado una serie que ni fú ni fá. No es rematadamente mala, pero tampoco es buena de forma notable. Y eso, cuando hay tanta selección de series que ver, es casi como decir que es mala.

La premisa de DS - y la razón por la que comencé a verla - es interesante: Un salvaje atentado en el Capitolio liquida a todo el gobierno de los E.E.U.U. y sus dos cámaras representativas. Tan sólo se salva un anodino Secretario de Vivienda, que estaba bajo custodia en la Casa Blanca de acuerdo con una política establecida llamada "Superviviente Designado".

Tras hacer un papel de neonazi en la serie "24" durante varios años, Kiefer Sutherland cambia de registro y encarna ahora al mencionado Secretario (Tom Kirkman) que es elevado a Presidente del país más poderoso del mundo.

Dicho cambio de registro es total. El personaje de Tom Kirkman interpretado por Sutherland es un tipo que habla suavemente y pide las cosas por favor. Incluso cuando otro personaje le hace algún gesto feo - y hay muchos capullos de esos sueltos por la serie - pone más cara de pena que de enfado. Tan sólo en algún momento muy puntual de la serie le tocan los bemoles lo suficiente como para que salte, y aún así la reacción me ha parecido más ridícula que acojonante. Tom Kirkman es Ned Flanders, sólo que metido a política y en carne y hueso en lugar de en dibujo animado.

Tom Kirkman es el personaje central en una de las dos tramas (o "storylines" como las llaman los americanos) de esta serie de 21 capítulos en su primera temporada. Es una trama centrada en la política en la que predomina el buenrollismo. El bueno de Tom no es ni demócrata ni republicano, es un independiente moderado que quiere apaciguar el panorama político estadounidense. Es, como ya dije en otra ocasión, la política tal como debería ser en lugar de la política como es. 

Aunque el nuevo presidente sufre algunos sustos tras el gran golpe que da inicio a la serie, esta parte de la narración no puede progresar a ritmo de golpes de efecto. Al fin y al cabo se trata de los Estados Unidos de América y no de una república centroafricana. Las cosas enseguida vuelven a su cauce y se trata la política regular al estilo que ya lo hacía, creo, "El Ala Oeste de la Casa Blanca". Vamos, un rollo, salvo para los licenciados en Ciencias Políticas, imagino. Surge mucho capullo "teapartista" dando por el culo en la serie pero al final el bueno de Tom resuelve todas las dificultades que le salen al paso y cierra la temporada con un discurso patriotero.

La otra trama es más interesante. De hecho, lo es tanto que la serie toma la costumbre de cerrar los capítulos con "cliffhangers" (momentos álgidos) de esta rama de la narración para mantener enganchados a los espectadores. Se trata de la investigación del atentado en el Capitolio, encabezada por la agente del FBI Hannah Wells. Ésta esta encarnada por la actriz Maggie Q, cuyas dotes para la interpretación me resultan eclipsadas por el tipazo que luce. Y es que seré un monje, pero no soy de piedra.

Abriéndose paso a través de tiroteos, explosiones, secuestros, extorsiones, envenenamientos, persecuciones y demás pasatiempos varios, la agente Wells descubre una tremenda conspiración cuyo objetivo es subvertir el orden político de la nación y hacerse con el control de la misma. Como ya podéis suponer de lo escrito, está parte tiene bastante acción como para ser entretenida en si misma. Se hubiera podido hacer perfectamente una temporada de 12 capítulos sólo con esta trama y mandar a freir espárragos la trama política. Resulta ser un "thriller" bastante convencional, pero precisamente por eso (por respetar las convenciones del género) engancha bastante.

DS es, en fin, una serie con una premisa inicial impactante y muy interesante y que sólo es explotada narrativamente a medias. Hubiera sido mucho mejor para la historia, y más coherente con el argumento de la conspiración, que el sucesor designado hubiera sido un palurdo extremista (como el que ocupa ahora la Casa Blanca), y que en lugar de tanto buen rollo hubiera predominado la mala hostia que realmente preside la política norteamericana hoy en día, con los extremistas haciéndose con el control y logrando imponer poco a poco sus medidas más locas. El resultado habría servido mejor como denuncia de la política (no sólo norteamericana) actual. Pero imagino que los que ponen la pasta para que esto se haga prefieren que los espectadores nos vayamos tranquilos y reconfortados a nuestras camitas en lugar de jugarse los índices de audiencia inquietando al personal. Seguid durmiendo.