sábado, 20 de julio de 2019

I Campeonato de España de Sekigahara

Ahora mismo la mayor parte del tiempo que acostumbro a dedicar a este blog está absorbido por las tareas de redacción de los textos que acompañan a la página web del Campeonato Abierto de Friedrich de España de 2019. Por ello tengo este mi querido blog casi parado. No es por falta de ganas ni de ideas, tranquilos. Aún tengo que acabar con esa serie de artículos sobre la Guerra Civil Americana.

Y no bien estoy bregando con una tarea, me he embarcado en otra. En el marco de las jornadas de wargames Batallador 2019 en Zaragonza (20-22 septiembre) he aceptado el ofrecimiento de sus organizadores para montar el I Campeonato de España de Sekigahara, a celebrar el sábado 21 de septiembre siempre y cuando lleguemos al mínimo requerido de 8 participantes.

Más detalles sobre el campeonato se pueden encontrar aquí. Importante leerse las reglas de la competición aquí.

Os animo a presentaros. Incluso si no llegamos al mínimo o resultáis eliminados, ¡tendréis todas unas jornadas de wargames a vuestra disposición como alternativa!

miércoles, 19 de junio de 2019

El Campeonato Abierto de Friedrich de España 2019

Hace pocos días, el pasado domingo 16 de junio, terminó el Campeonato Abierto de Friedrich de España. Durante éste 19 participantes se han disputado el trofeo de la competición en las instalaciones del Club Dragón. Por primera vez desde que comenzó a celebrarse este evento, el trofeo no ha ido a parar a manos de un alemán. Esta vez el ganador ha sido Guy Atkinson, de origen británico, afincado es España. Miembro del Club Dragón y amigo mío. ¡Enhorabuena Guy!.

Más a allá de la amistad que nos une, se merece el premio de buena ley. Lleva años asistiendo a competiciones. De hecho fué él quien me metió en esto y quien organizo los primeros CAFE. Es, en mi opinión, el mejor jugador de Friedrich que hay en España en este momento.

Por lo demás la organización del evento ha ido bastante bien, fruto de la colaboración de amigos, participantes en el campeonato, y socios del club. La experiencia previa también ha ayudado. Por supuesto.

Estoy en proceso de escribir un reporte detallado de la competición, que irá apareciendo paulatinamente con más datos en la página web de la competición. Os remito allí para más información.

¡Muchas gracias a todos!

lunes, 20 de mayo de 2019

Morcillas Históricas: La Guerra Civil Americana (III)

III. La Guerra y sus consecuencias.

1. 1861.

El año de la Secesión vió una actividad militar limitada. Salvo una batalla importante las acciones bélicas tuvieron lugar en lo que podíamos llamar "los márgenes". Ello tuvo dos motivos:
En el momento de finalizar el proceso de Secesión, en mayo-junio de 1861, el conjunto de fuerzas armadas de lo que fueran los Estados Unidos en su conjunto ascencían a meramente 16.000 hombres a repartir entre los dos bandos. Se tardaba algo de tiempo en reunir y entrenar hombres para encuentros importantes, y entretanto ya había llegado el invierno de 1861-62.
El estado de Kentucky, que cubría todo un área desde el río Missisipi hasta los montes Apalaches se declaró neutral - es decir, ni pro-confederado ni pro-unión - en la Secesión. Ambos bandos intentaron llevarse este estado a su bando mediante diplomacia, pero esto impedía las acciones militares en un área que en 1862 se convertirían en uno de los principales frentes de acción. Kentucky se convirtió de forma efectiva en un tapón entre los contendientes.

El impasse de Kentucky finalizó en septiembre de 1861 cuando fuerzas confederadas ocuparon partes del estado, cargando sobre los secesionistas la responsabilidad de haber violado su neutralidad. Ello pusó de lado de la Unión a la legislatura y elites gobernantes de Kentucky. Pero no habría operaciones más importantes en el área hasta 1862.
 
Por algún motivo que no he podido encontrar en mis fuentes, Lincoln no se ando con tantos miramientos con el estado de Missouri - al oeste del Missisipi - como con Kentucky. El gobernador de Missouri pretendía mantenerse neutral, pero el presidente federal no iba a permitirlo. Con el apoyo de tropas federales se cambió el gobernador por uno pro-unionista, y cualesquiera fuerzas pro-confederadas que hubiera en el estado huyeron hacía la esquina sudoeste del mismo. Fueron perseguidos hasta allí por una pequeña fuerza unionista que lanzó un ataque en inferioridad numérica y fue rechazada, perdiendo la vida su comandante en el proceso. Tras eso ambos bandos se mantuvieron a la espera, acumulando fuerzas hasta el año siguiente.

En el Este la petición de 70.000 voluntarios del presidente Lincoln tras el bombardeo de Fort Sumter había permitido juntar fuerzas de cuantía notable que al principio se limitaron a cubrir Washington, que comenzó la guerra prácticamente indefensa. Otras fuerzas confederadas no menos importantes en número acamparon bastante cerca del Capitolio. Parte de esta fuerza estaba concentrada en el acceso al fértil valle del río Shenadoah en el estado de Virginia, al oeste, ya en las primeras estribaciones de los Apalaches. Más cerca de la capital, al suroeste de la misma, estaba la otra mitad de la fuerza confederada, en la línea de un arroyo llamado Bull Run y cubriendo un enclave ferroviario conocido como Manassas Rail Junction.

Buena parte de los voluntarios de Lincoln se habían alistado por un período de meramente 90 días, confiando también en que los secesionistas se rindieran a las primeras de cambio. Conforme se acercaba el vencimiento de este período, al mando unionista le entró prisa por hacer algo, no fuera a ser que tuvieran que dejar licenciarse a su ejército sin haber hecho nada. Además, era posible que si se lograse una victoria sonada se quebrara la resistencia sureña y la guerra terminase tras sólo unos meses.

El plan de ataque pretendía unionista pretendía aprovecharse de la dispersión de las fuerzas confederadas para atacar una de ellas separadamente. La escogida fue la fuerza de Bull Run. Unos 35.000 hombres al mando de Irvin McDowell iban a lanzar un ataque simulado a la línea confederada del Bull Run para mantenerlos entrentenidos mientras el grueso de las tropas azules flanqueaba la posición y caía sobre la retaguardía confederada.
Mapa de situación de la campaña de Bull Run en 1861.
Era un buen plan. Pero como tantos planes de la GCA lo que falló fue la ejecución. Para empezar las tropas confederadas de Harper's Ferry se trasladaron por ferrocarril a Manassas, anulando la ventaja numérica unionista. Luego las fuerzas de flanqueo echaron a perder la maniobra avanzando demasiado lentamente, perdiéndose, bloqueadose mutuamente el camino... oficiales y hombres de la Unión carecían de la experiencia necesaria para ejecutar un plan así. Cuando las columnas de la Unión tomaron contacto con el enemigo el 21 de julio, llegaron al combate una por una, de manera descoordinada y dándole tiempo a los grises a reforzar el flanco amenazado.

Aún así, la batalla rugió durante varias horas con ataques y contraataques mutuos antes de que los azules se dieran por vencidos y emprendieran una retirada desorganizada que arrastró por delante a unos cuantos civiles curiosos que desde Washington habían acudido a contemplar la batalla y hacer un picnic.

El primer efecto de esta batalla (conocida como Bull Run en el norte y Manassas en el sur) fue un incremento de la moral confederada, que se reflejó en su héroe del momento: Thomas J. Jackson, que se ganó el apodo "Stonewall" (muro de piedra) por su conducta durante la batalla. Virginiano, fanático religioso, hipocondríaco, y con un talento para la guerra, llegaría a ser uno de los comandantes de cuerpo de ejército más exitosos y hábiles de la GCA.

La carrera de Irvin McDowell, en cambio, sufrió por esta derrota. Le destinaron a mandos secundarios en lo que quedo de la GCA, y su puesto como comandante de las fuerzas de la Unión en torno a Washington fue asumido por un joven oficial que ya había logrado algunas victorias: George Brinton McClellan.

2. George Brinton McClellan.

George Brinton McClellan y señora. Para el que no lo tenga claro, McClellan es el señor que está de pie.

McClellan es una de esos personajes de la historia a quien se le tiene bastante tirria. Un motivo crucial de esto es que nos ha llegado buena parte de su correspondencia personal, que su mujer no tuvo a bien destruir tras su muerte (no como la mujer de George Washington, que si quemó todas las cartas de su marido a las que pudó echar mano, tal vez por eso se tiene tan buena opinión de él). En términos modernos es como si uno no borrase su cuenta de Twitter, quedando para la posteridad líneas y líneas de lo primero que te ha pasado por la cabeza durante años. ¿Y que aparecía en el Twitter la correspondencia de McClellan?. Pues quejas, quejas y más quejas de como Lincoln, o tal o cual político le impedían ejercer su mando libremente; de como sus oficiales no hacían las cosas como él quería (y eso que los había nombrado él); de como el enemigo siempre le superaba en número (siempre mentira, como veremos); de como McClellan era el único capacitado para salvar la nación... En resumen, que McClellan era responsable de todo lo bueno y los demás eran los que hacían las cosas mal. Es normal que cualquier historiador que lea cartas y cartas de McClellan acabe un poco hasta el gorro de este individuo.

Y lo cierto es que, en su época, McClellan resultaba ser un tipo bastante prometedor.  Nacido en 1826 en el seno de una familia de clase media-alta, se graduó como el segundo en su promoción en West Point y con ello inició una carrera militar ilustre en los 1840 y 1850 que incluyó servició en la guerra con México (como prácticamente casi todos los oficiales de los que voy a escribir aquí), explorando los territorios del oeste, y como observador en la Guerra de Crimea de 1855-56. En 1857 inició una muy exitosa carrera como ejecutivo de ferrocarriles. De la cual se tomó una pausa para servir a la Unión en la crisis de la Secesión.

Naturalmente, a alguien así no le podían negar el mando. De manera que se encontró dirigiendo tropas en aquella parte de Virginia que estaba al oeste de los Apalaches, más o menos en la misma zona en la que George Washington se las había tenido que ver con indios y franceses más de 100 años antes. Era una región donde la esclavitud y su sistema económico no habían echado raíces, por lo que sus habitantes estaban más que contentos de secesionarse de los secesionistas (a ver quien es el guapo que dice eso en voz alta) y formar su propio estado que se llamaría Virginia Occidental. Antes de ello, McClellan dirigió algunas de las primeras operaciones de combate de la GCA pateando el culo a las escasas fuerzas confederadas en la zona.

Con su currículo y los primeros triunfos de la Unión bajo el brazo, McClellan fue nombrado para reemplazar a McDowell como líder de las fuerzas unionistas en torno a Washington, que en seguida fueron denominadas oficialmente como Ejército del Potomac. Esta formación perduró hasta el final de la GCA, y su estructura, oficialidad, doctrina y entrenamiento le deben tanto a McClellan que incluso despúes de abandonarlo, es imposible comprenderlo sin su primer comandante. Y esta fue otra de las facetas en las que McClellan destacó enormemente: en la formación, entrenamiento, y aprovisionamiento de tropas.

Entretanto, la Unión fue poniendo en práctica el Plan Anaconda de Winfield Scott, tomando algunas islas costeras y enclaves en la extensa costa de la Confederación. Era sólo un comienzo de lo que terminaría siendo un férreo abrazo que acabaría atenazando a los estados sureños. Sin embargo, ello no impidió que Scott tuviera que dimitir como Comandante en Jefe del Ejército de los Estados Unidos. Su puesto fue asumido por el hombre del momento: McClellan, quien además retuvó el mando directo sobre el Ejército del Potomac. A quien le parezca un exceso de ambición, hemos de decir en su defensa que, como veremos, no fue el único en duplicar puestos durante la GCA.

3. 1862.

1862 resultó ser un año con mucha actividad militar, y en el que se sentaron las bases para la posterior victoria total militar de la Unión.

3.2. Ulysses Simpson Grant.

Cuando los confederados habían invadido Kentucky, habían tomado posiciones en Columbus, junto al río Missisipi, y más al este en torno a la localidad de Bowling Green. Entre ambas fuerzas confederadas los ríos Cumberland y Tennesse fluían de sur a norte. Constituían una avenida de entrada en territorio confederado y estaban cubiertos por dos fuertes, Fort Donelson y Fort Henry.

En febrero de 1862, el comandante local de las tropas unionistas U.S. Grant decidió tomar 20.000 hombres y una flotilla de cañoneras para tomar los fuertes y forzar esa entrada en territorio enemigo.

Ulysses Simpson Grant (bautizado como Hiram Ulysses) nació en 1822 en el seno de una familia modesta, aunque no pobre. Grant logró acceso a West Point gracias al apoyo del congresista de su jurisdicción, pero una vez dentro tuvo unas notas mediocres, quedando el 21 de 39 de su promoción. Participó en la guerra con México, tras lo cual le destinaron a puestos dejados de la mano de dios en la frontera oeste. Allí se entregó a la depresión, la autocompasión, y el alcoholismo, y acabó dejando el ejército en la década de 1850 para intentar comenzar un negocio por su cuenta y hacerse granjero. No recuerdo muy bien si fue en ese orden pero no importa, porque fracasó en ambas cosas, lo que le empujó más al alcoholismo.

Al final, Grant parecía el protagonista de Apocalypse Now al comienzo de la película: esperando ocioso y borracho una misión. Y lo mismo que el personaje del filme su deseo se hizo realidad. Estalló la Guerra Civil y como los licenciados de West Point no abundaban mucho le dieron un mando. Para que veáis, niños y niñas, la de puertas que te abre un título.

Durante la GCA Grant demostró que su titulación, aunque mediocre, no se la habían regalado. Lo que posiblemente le distinguió más como comandante fue que iba a lo suyo, a la acción militar, sin tener aspiraciones políticas. Esto hizó que no tuviera demasiado miedo de equivocarse y siempre actúase con decisión. En cierto modo Grant fue el polo opuesto de McClellan, puesto que cada uno tuvo éxito allá donde fracaso el otro.

3.3. El Oeste en 1862.

La operación contra los fuertes rivereños en Tennesse fue un éxito, y situó a fuerzas de la Unión separando a fuerzas confederadas en el Missisipi y en Kentucky y con acceso libre al interior de la Confederación a lo largo de los ríos. En los meses siguientes Grant avanzó hacía el sur a lo largo del río Tennesse, por el cual iba recibiendo refuerzos y suministros.

Avance de la Unión a lo largo del río Cumberland y la concentración confederada en Shiloh.
El comandante confederado Albert Sidney Johnston hizó lo único que tenía sentido, que fue acabar con la dispersión de fuerzas confederadas por todo el teatro y su concentración mediante ferrocarril para lanzar un contraataque. El 6 de abril de 1862 unos 40.000 soldados confederados soprendieron a 33.000 hombres bajo el mando de Grant y les hicieron retroceder varios kilómetros en sus posiciones en torno a la pequeña localidad de Shiloh. Los azules sufrieron severas pérdidas ese día, pero también los grises, cuyo comandante A.S. Johnston además cayó en combate ese día. Cualquier otro comandante de la Unión se hubiera retirado tras un ataque sorpresa tan brutal, pero Grant reunió tropas unionistas que se encontraban cerca y todavía no habían tomado parte en la batalla, y con ellas lanzó un contraataque al día siguiente, 7 de abril. Los confederados aún no se habían recuperado de los esfuerzos y bajas del día anterior, y fueron obligados a retirarse sufriendo aún más bajas.

Éstas fueron lo bastante elevadas (13.000 de la Unión y 10.600 confederadas) como para despertar la conciencia en la población de ambos bandos de lo serio que se estaba volviendo el conflicto. También sirvieron para que el superior inmediato de Grant, Henry W. Halleck, lo relegase a un puesto subalterno mientras él mismo asumía el mando de las operaciones. Halleck se tomo con mucha calma la persecución de los confederados derrotados y tardó un mes en entrar en Corinth, al sur de Shiloh y centro de una de las pocas conexiones ferroviarias este-oeste de la Confederación.
Braxton Bragg (¡vaya cejas!)

Las fuerzas confederadas habían conseguido evadir a Halleck y quien reemplazaba ahora al fallecido A.S. Johnston era Braxton Bragg. Mientras que Johnston había sido un oficial prometedor al comienzo de la GCA, Bragg lo era menos pero lo más importante era que tenía mal genio y se llevaba mal con sus subalternos. Esto tuvo importantes consecuencias para posteriores operaciones confederadas en la zona, llegando algunos comandantes de cuerpo de Bragg hasta los límites de la insubordinación.

Si bien los confederados habían logrado salvar los muebles (el ejército) tras la derrota de Shiloh, ésta tuvo consecuencias. No sólo perdieron Shiloh, sino que fuerzas de la Unión apoyadas por cañoneras descendieron por el Missisippi hasta Memphis. Aún más importante fue la toma de Nueva Orleans en la desembocadura del río, llevada a cabo por otra fuerza de cañoneras liderada por el vicealmirante Farragut. Con Nueva Orleans en manos de la Unión, el Missisippi había prácticamente dejado de funcionar como vía de comunicación para la Confederación, y la conexión entre el Transmissisippi y el resto de los Estados Confederados se limitaba a un trecho del río que iba desde algo más arriba de Nueva Orleans hasta la pequeña localidad de Vicksburg, en el estado de Missisippi.

Estas acciones, unidas a otras que veremos en el este más adelante, hacían parecer en la primavera de 1862 que la Confederación estaba a punto de perder la guerra tras apenas un año de existenacia.

Al oeste del gran río, Arkansas fue ocupada por fuerzas de la Unión desde Missouri. El Transmissisipi fue una zona extensa pero escasamente poblada, con escasas vías de comunicación salvo por los ríos que cruzaban Arkansas, donde era díficil mantener fuerzas armadas muy grandes ni tampoco había objetivos importantes (en la forma de grandes núcleos de población) que las justificasen. La guerra en este teatro desde 1862 en adelante se limitó principalmente a operaciones confederadas de guerrilla, que fueron la escuela dónde forajidos como Frank y Jesse James aprendieron las artes del bandidaje que llevaron a cabo tras la guerra.

Tras la toma de Corinth, Halleck envió parte de sus fuerzas hacía el este para tomar el nudo ferroviario de Chattanooga, en la frontera entre Tennessee y Georgia. Sin embargo en este momento la actividades de excelentes comandantes de caballería confederada como Nathan Bedford Forrest (tal vez uno de los mejores comandantes de toda la guerra) y John Hunt Morgan se hicieron notar cabalgando muy hacía el interior de la retaguardia enemiga, asaltando las bases de suministro unionistas e interrumpiendo la comunicación telegráfica y ferroviaria. Esto retrasó el avance hacía Chattanooga - líderado por un general llamado Don Carlos Buell - y le dio tiempo a los confederados a reagruparse... para un contraataque.

Durante agosto de 1862, fuerzas confederadas surgieron de la región montañosa en el este de Tennessee y quitaron de en medio a las escasas fuerzas de cobertura de la Unión en ese estado y en Kentucky. Desde finales de agosto y a lo largo de septiembre, Bragg con el grueso (35.000 hombres) de las fuerzas confederadas en el teatro occidental avanzaron hacia el norte desde Chattanooga para unírseles invadiendo Kentucky. Lograron así su primer objetivo cuando Buell interrumpió su avance e inició una larga marcha paralela a la de Bragg con la intención de enfrentarse a éste en Kentucky.
Contraataque confederado sobre Kentucky y su rechazo por Buell.

Bragg y los demás oficiales confederados esperaban también provocar un alzamiento proconfederado en Kentucky, que resultaría en miles de hombres uniendose a las filas rebeldes. Pero en esto erraban de pleno. Todo aquel hombre de Kentucky favorable a la Confederación se había unido ya a ésta durante el interludio de 1861 en el que el estado fue estrictamente neutral. Además las tropas confederadas, alejadas de sus bases de suministro, se vieron obligadas a vivir del terreno haciendo requisas a cambio de pagarés confederados, lo que no contribuyó a hacerlos muy populares entre los habitantes locales.

Bragg y Buell se enfrentaron finalmente en Perryville, Kentucky, el 8 de octubre de 1862. Buell no esperaba tener fuerzas confederadas tan cerca, y Bragg no sabía que tenía delante al grueso de las fuerzas unionistas. Tras una batalla que duró toda una tarde, Bragg decidió retirarse al constatar que los azules le superaban en número y los habitantes de Kentucky no se unían a sus filas. Las bajas conjuntas de ambos bandos habían sido de unos 7.600 hombres, y Buell decidió no perseguir al ejército confederado en retirada, lo que le costó su reemplazo por William Rosecrans. Tras esto, ambos ejércitos se dispusieron a pasar el invierno de 1862-63.

3.4. El Este: La Campaña de la Península.

Tras pasarse la mitad de 1861 reclutando y entrenando un ejército que (a comienzos de 1862) ascendía a 120.000 hombres, McClellan era permanentemente cuestionado por Lincoln y su gabinete acerca de cuándo y cómo iba a ponerlo en acción contra el enemigo. El general despreciaba al presidente y a la mayor parte de sus secretarios. En esta época, según se cuenta, Lincoln y su secretario de guerra acudieron una noche a la casa de McClellan para conferenciar con él. El comandante del Ejército del Potomac no se encontraba en su domicilio, y el jefe del ejecutivo y el secretario se sentaron pacientemente a esperarle. McClellan eventualmente llegó por otra puerta, subió a sus aposentos, e informado de la visita por el servicio, mandó a este a la planta baja a informar al Presidente de los Estados Unidos de América que el general ya se había acostado. Lincoln dejó pasar ésta. Pero la relación entre el ejecutivo y el líder militar se fue haciendo progresivamente más y más tóxica.

Finalmente, McClellan presentó un plan de ataque. Lincoln y sus consejeros querían que el Ejército del Potomac entrase en acción directamente contra las fuerzas confederadas situadas entre Richmond y Washington. Pero McClellan exageró las cifras de enemigos situados en su camino y presentó como plan alternativo desplazar el ejército por mar hasta el promontorio en cuya base estaba Richmond, y avanzar sobre la capital confederada.

Era un buen plan, que hacía uso una de las mejores bazas de la Unión - el control del mar - para tomar un importante objetivo dejando atrás al grueso de las fuerzas enemigas. El ejecutivo de la Unión aprobó el plan y en marzo de 1862 McClellan comenzó a transportar su ejército por mar a la punta de la lengua de tierra que conducía a Richmond, y que le daría su nombre a la campaña.

Pero falló la ejecución del plan. Hay que decir en defensa del "Joven Napoleón" (como también llamaban a McClellan), que el hubiera preferido desembarcar más cerca de Richmond. Pero la presencia del blindado CSS Virginia en torno a Norfolk le obligó a desembarcar en Fort Monroe, en la punta más alejada del promontorio. Pero lo que sucedió de ahí en adelante con la campaña fue enteramente responsabilidad suya. En lugar de avanzar rápidamente sobre la capital de Virginia, se tomó su tiempo y tardo casi tres meses de cuidadosos avances en llegar a las inmediaciones de Richmond. Todo ello siempre ante fuerzas confederadas muy inferiores en número. Número que siempre era incrementado varias veces en la imaginación de McClellan. Imaginación alimentada por la agencia de detectives Pinkerton que funcionaba como servicio de inteligencia. Se podían decir muchas cosas de la agencia Pinkerton, pero no que no supiesen satisfacer a un cliente. El "Pequeño Mac" (otro apodo de McClellan) se lo tragó a pies juntillas.

En el lado confederado también pintaban bastos con el comandante de las fuerzas grises en la zona. Este era Joseph E. Johnston, y si bien era cierto que ante la gran superioridad de McClellan había tenido que ir retirandose paso a paso hasta cerca de Richmond, lo cierto era que su cautela tampoco iba a impedir que McClellan avanzase sobre la ciudad cuando se le aclarasen las ideas. En aquel momento la Unión estaba avanzando en todas partes (Nueva Orleans, Tennessee, Corinth) y el presidente Davis presionó a Johnston para que intentase volver las tornas.

Finalmente, el 31 de mayo de 1862 Johnston se decició a contraatacar. Tenía un buen plan, pero era algo complejo y (como a tantos planes durante esta guerra) le falló la ejecución. Lo más importante del combate - conocido como Seven Pines - es que durante el mismo Johnston resultó herido, y el presidente Davis echó mano de su consejero militar para reemplazarle. Éste reemplazo no era ni más ni menos que Robert E. Lee.

3.5. Robert Edward Lee.

Nacido en 1807, Robert E. Lee dedicó toda su vida a la carrera militar. Proveniente de una buena familia se graduó con muy buenas notas en West Point y sirvió en México en 1846-48 con distinción. Winfield Scott le tenía un ojo echado encima y al producirse la Secesión en el invierno-primavera de 1860-61 le propusó un ascenso y un mando en las fuerzas de la Unión. Lee rechazo el ascenso y, tras la petición de 70.000 voluntarios de Lincoln, abandonó el ejército. Poco después recibía una oferta del parlamento de Virginia, que aceptó. Tradicionalmente se ha dicho que hizó todo esto por lealtad a su estado de origen (Virginia) pero algunos historiadores (como Gary W. Gallagher) han matizado esto.

Las primeras acciones de Lee tuvieron lugar en Virginia Occidental y fueron tan desastrosas que casi ponen fin a su carrera. No fue culpa suya realmente. Sus fuerzas eran demasiado pequeñas, mal entrenadas y mal abastecidas. Hizó muy mal tiempo y la población local no era favorable a la Confederación. Tras perder Virginia Occidental, Jefferson Davis lo nombró su asesor militar personal. Posición en la que se encontraba cuando hizó falta encontrarle un sustituo a Johnston.

Robert E. Lee se ha convertido en uno de los personajes legendarios de la GCA. Era, probablemente, uno de los mejores oficiales de los Estados Unidos. Su principal habilidad era la de leer correctamente en la psique del comandante adversario y tomar decisiones que sacaban el máximo partido de este conocimiento. Otra característica suya era una cierta agresividad y preferencia por tener la iniciativa.

En junio de 1862 Lee hizó gala de ambas cualidades ante McClellan. En el lento avance de éste desde la costa pudo entrever lo timorato que era el general de la Unión y las pocas ganas que tenía para entablar batalla. Esta opinión se vió refrendada por la inactividad unionista ante Richmod tras la batalla de Seven Pines, cuando McClellan se limitó a unos avances menores y esperaba traer artillería de asedio para asaltar Richmond de la misma forma que había visto asaltar Sebastopol cinco años antes, durante la Guerra de Crimea.

Lee pensó que un contraataque bien dirigido explotaría la timidez del comandante enemigo y le animaría a retirarse de Richmond. Aguardó la mayor parte de junio a que llegasen refuerzos desde más al norte del estado, liderados por el probado general "Stonewall" Jackson, y el 25 de junio lanzó un ataque concentrado sobre un flanco expuesto del Ejército del Potomac.

Fue el primero de una serie de combates conocidos colectivamente como Los Siete Días, y que acabaron con un asalto general confederado a una posición fuerte sobre una colina, conocida como la batalla del Malvern Hill. En varias ocasiones durante estos 7 días las fuerzas confederadas estuvieron a punto de aplastar una parte u otra de las tropas azules, pero siempre había alguna circunstancia (columnas que se bloqueaban o perdían, retrasos, confusiones, etc) que permitía a los unionistas salvarse. Muchas de estas ocasiones la pieza que falló en los planes de Lee fue el propio Jackson, que durante este período sufrió una extraña "pajara" y se mostraba algo apático. Fue el único período de toda la GCA en el que Jackson no rindió como hacía normalmente, y todavía se especula acerca de los motivos.

Aún a pesar de no ser un éxito total, los ataques de Lee lograron poner nervioso a McClellan. Sus temores acerca de hordas grises arrasando sus posiciones se hicieron realidad, ¿cómo si no iban a atacar los grises si no eran superiores en número?. Para el 2 de julio McClellan ya estaba pidiendo que lo evacuasen de vuelta a Washington.

3.6. Segundo Bull Run y Antietam.

La evacuación por mar del Ejército del Potomac dejaba a este importante cuerpo de tropas fuera del escenario por un período de tiempo. Lee no se quedó sentado esperando, sino que inmediatamente volvió hacía el norte sus fuerzas - conocidas como el Ejército del Norte de Virginia (ENV) - y entre el 28 y el 30 de agosto de 1862 sorprendió a otro ejército de la Unión cerca del antiguo campo de batalla de Bull Run.

La batalla, conocida en la Unión como Segundo Bull Run, fue una debacle para el ejército de la Unión. Fue una de esas raras ocasiones en que las maniobras de flanqueo, que tantos generales intentaron durante la GCA, tuvieron todo el éxito que podían tener con los medios disponibles en la época. Las bajas azules fueron de 14.000 hombres frente a 7.000 de los grises. Las tropas unionistas corrieron otra vez en desbandada hacía Washington.

Allí les esperaba McClellan con los brazos abiertos. Tras regresar de La Península había quedado un tanto apartado. Seguía siendo el jefe del Ejército del Potomac, pero los cuerpos de ejército que componían éste se habían ido retirando de su mando. La derrota del Segundo Bull Run no dejó a Lincoln otra opción que volver a activar el cuartel del Pequeño Mac para que reorganizase a las tropas derrotadas. Como McClellan era conocido por preocuparse mucho del bienestar de sus tropas, los hombres presentes en Bull Run no tardaron en recuperar el ánimo dado que ya no estaban bajo el mando del incompetente (un tal John Pope) que les había llevado a la derrota.

Y hacía falta que se recuperasen. Porque fiel a su estilo, Lee no podía estarse quieto. La parca logística confederada obligaba a sus tropas a vivir del terreno, y la región en torno a Manassas-Bull Run estaba devastada tras ser recorrida por tropas de ambos bandos durante todo un año. Lee pensó que en el vecino estado de Maryland sus hombres podían hallar sustento, y además al invadir territorio unionista mantendría la iniciativa, que era algo que siempre le ponía cachondo. Finalmente, se enteró de que McClellan volvía a estar al mando. El anciano general conocía bien a la joven estrella unionista y sabía que no se atrevería a entablar batalla.

Lee casi acierta. En cuanto cruzó el Potomac río arriba de Washington, Lincoln y compañía comenzaron a bombardear a McClellan con peticiones para que entrase en acción, a lo que el joven general respondía con abultadas estimaciones acerca de la fuerza confederada. En realidad, el ENV se estaba deshaciendo día a día en su marcha por Maryland. Los soldados que lo componían llevaban marchando y luchando de forma casi continua desde marzo de 1862. Las bajas de los Siete Días y del Segundo Bull Run no habían sido ni mucho menos repuestas. Los soldados confederados vestían harapos, pasaban hambre, y muchos no tenían calzado. Por si fuera poco, el período de reclutamiento de la mayor parte de ellos había expirado o estaba a punto de expirar en estas fechas (septiembre de 1862) por lo que muchos de ellos simplemente llegaban a la conclusión de que ya habían tenido bastante y desertaban.

Otra cosa con la que no había contado Lee era con la capacidad de McClellan para recuperar ejércitos derrotados. Simplemente, no conocía esa faceta suya. En menos de una semana las tropas azules derrotadas en Bull Run habían sido recuperadas y McClellan inició un lento avance hacia las supuesta localización del ejército confederado. Y entonces tuvo lugar un golpe de fortuna como los ha habido pocos en la historia de cualquier guerra. El 13 de septiembre de 1862, unos soldados de la Unión encontraron los planes de invasión de Lee envolviendo tres cigarros abandonados, y se los llevaron a McClellan.

Lee, en su total desprecio por McClellan, había separado su ejército en varias columnas para poder vivir mejor del terreno y capturar una guarnición de la Unión en Harper's Ferry, sobre el río Potomac. Para coordinar todas estas tropas varias ordenes suyas circulaban mediante mensajeros entre los cuerpos dispersos. Una de estas órdenes fue la que llegó a manos de McClellan. Éste se mostró inicialmente muy excitado. ¡Ya sabía lo qué hacer!. Sin embargo, tardó aún 18 horas en comenzar a movilizar sus fuerzas. ¡Olé tus huevos George!.
Las flechas rojas indican las rutas seguidas por los cuerpos confederados. Las azules que salen de Washington, las rutas de los cuerpos de la Unión.

Tras cruzar la frontera con Maryland, Lee había sufrido más de 20.000 bajas por deserciones, y ahora no tardó en darse cuenta que McClellan avanzaba de forma decidida - o todo lo decidido que pudiera ser McClellan - hacía sus posiciones. Tenía claro que debía volver a Virginia, pero no sin antes librar un encuentro, o de otra forma parecería que se retiraba derrotado.

Comenzó a concentrar sus fuerzas en torno a la pequeña población de Sharpsburg, formando un arco desde el noroeste hasta el este tras un arroyo llamado Antietam. McClellan también se dirigió allí, y el 17 de septiembre se libro una importante batalla.

La batalla duró el día entero mientras el Ejército del Potomac lanzaba ataques sucesivos y descoordinados que las reducidas fuerzas de Lee iban batiendo uno tras otro. Finalmente, uno de los comandantes de cuerpo de McClellan llamado Ambrose Burnside lanzó un sangriento ataque a través de un puente que parecía a punto de tener éxito hasta que las últimas tropas confederadas que habían atacado Harper's Ferry llegaron "in extremis" y lograron estabilizar el flanco.

La batalla de Antietam fue conocida como "el día más sangriento de la guerra", con 12.000 bajas de la Unión y 10.000 confederadas. El ENV era tan sólo una sombra de lo que había sido dos semanas antes, pero aún así Lee permaneció en el campo de batalla un día más, el 18 de septiembre, desafiando a McClellan a atacarle de nuevo. Algo que, por supuesto, McClellan no hizo.
Una fotografía de la visita de Lincoln a McClellan tras Antietam, que dice mucho de las relaciones entre ambos en aquel momento.

Ni tampoco se tomo la molestia de perseguir a Lee cuando éste levanto campamento el día 19 y emprendió el retorno a Maryland con toda la calma. Lincoln no paraba de enviar telegramas a su general para que entrará en acción, y fue a visitarle personalmente dos semanas más tarde.
 3.7. Relevo y Emancipación.

Tras más de un año de su nombramiento como comandante del Ejército del Potomac, Lincoln ya estaba harto de McClellan. Esto no se debía meramente a las decisiones del general en sus campañas, ni al hecho de que soltase mierda de forma bastante abierta a la prensa acerca del presidente y su gabinete. A mediados de 1861 ambos hombres pensaban que la ruta hacia la reunificación pasaba por la moderación en la conducta de la guerra, a fin de no presionar a los Estados Confederados a medidas más extremas y fomentar en ellos aquellos grupos partidarios de la negociación y la reconciliación.

Pero tras ese año la guerra se había recrudecido y se había vuelto peor. Y la Confederación aún no sólo no había dado muestras de flaquear, sino que incluso parecía radicalizar aún más su postura, llegando a enviar embajadores a potencias extranjeras (Reino Unido y Francia) a fin de recabar su apoyo e intentar convencerles de que interviniesen. Ante esto el pensamiento de Lincoln evolucionó, reconociendo que había que apretar las tuercas, recoger el guante confederado, y subir la apuesta. La forma de pensar de McClellan, en cambio, era todavía la de 1861. No quería que la guerra subiese de tono y varios autores afirman que eso se refleja en sus decisiones a la hora de no presionar el ataque sobre Richmond y de dejar escapar a Lee.

En atención a las filiaciones de McClellan con la oposición demócrata, Lincoln aguardo a que hubieran pasado las elecciones de mediados de legislatura para relevar a McClellan de su mando y reemplazarlo por su antiguo subordinado, Ambrose Burnside. Éste ya había rechazado el mismo ofrecimiento antes de Antietam, pero tras la batalla McClellan le echó la culpa de las elevadas bajas de la batalla y habían acabado peleados.

Tranquilos, que esto no va a ser lo último que leáis de McClellan.

Pero más importante que cambiar un general por otro fue la Proclamación de Emancipación. Cuando Lincoln estaba en el lado moderado había rechazado cualquier liberación masiva de esclavos. Sin embargo, a medida que 1862 avanzaba y la guerra se recrudecía, empezó a pensar que era una medida necesaria. Para verano de 1862, con los ejércitos confederados avanzando sobre Kentucky y Maryland, ya estaba convencido, pero los miembros de su gabinete le aconsejaron sabiamente para que aguardase a alguna victoria en el campo de batalla para llevarla a cabo, o de lo contrario parecería que era un paso que daba a la desesperada empujado por las circunstancias.

Antietam no era una victoria resonante, pero Lee se había dado la vuelta y retornado a Virginia, así que valia. El 22 de septiembre - 5 días despúes de la batalla - Lincoln lanzó la Proclamación (en realidad una orden ejecutiva, como esas que tanto le gustaban a George W. Bush) que abolía la esclavitud en los Estados Confederados. Tendría efecto a partir del 1 de enero de 1863, dando así un plazo a la Confederación a entrar en razón y negociar.

Ni que decir tiene, eso fue algo que los Estados Confederados no hicieron. Para ellos resultó una abominación, una radicalización más del presidente radical Lincoln, que ahora quería promover la mayor de sus pesadillas: la revuelta de esclavos. Abocó a los confederados aún más a la radicalización y a renovar sus esfuerzos bélicos. En verano de 1862, por ejemplo, se vieron obligados a instaurar el reclutamiento forzoso.

Pero en lo demás, la Proclamación fue un golpe de efecto de Lincoln. Internamente la prolongación de la guerra y su recrudecimiento había convencido a más y más gente de que este tipo de medidas eran necesarias para vencer, y comenzaban a demandarlas. Tras la proclamación, varios estados de la Unión en los que todavía existía la esclavitud la abolieron. Exteriormente, hizo que la GCA girarse en torno al eje moral de la esclavitud. Los Estados Unidos estaban en contra de ella. Los Estados Confederados a favor. El apoyo a estos últimos implicaba un deterioro de imagen que muchos gobernantes extranjeros no estaban dispuestos a asumir. La Proclamación ayudó a los E.E.U.U. a ganar la GCA no sólo dentro de sus fronteras, sino también fuera de ellas.

Tu bí continuí...

lunes, 15 de abril de 2019

Morcillas históricas: La Guerra Civil Americana (II).

II. Aspectos definitorios de la GCA.

1. La geografía de la GCA.

Yo soy de los que creen que conocer la geografía de una región es esencial para comprender su historia. Por eso me voy a permitir unos breves apuntes geográficos sobre la geografía de los ECA. No es preciso dedicarse a la geografía de todos los E.E.U.U. porque la GCA se desarrolló casi enteramente en terreno confederado.

De este a oeste, llegando primero desde el Océano Atlántico nos encontramos con una llanura que llega a su fin con la cordillera de los Apalaches. Esta cordillera transcurre más o menos de norte a sur hasta un punto en el oeste del estado de Virginia, donde "gira" un poco y toma una orientación noreste-suroeste que la aleja más de la costa. Así, la llanura que hay entre los Apalaches y el océano es cada vez más extensa y más "ancha" en un eje este-oeste que en torno a Richmond y Washington, donde hallamos la menor distancia entre la mencionada cordillera y la costa. Esto es relevante puesto que el breve espacio entre ambas capitales concentraría buena parte del esfuerzo bélico de ambos contendientes, y la "estrechez" de la llanura en esa área tendería a canalizar los avances de uno y otro bando, dejando poco espacio para la maniobra.

Los Apalaches son una cordillera con más de 400 millones de años de antigüedad, y por ello no resultan una barrera excesivamente formidable. Aún así se bastan para separar la llanura costera atlántica de la siguiente formación geográfica importante, y que tal vez sea la más importante de la GCA: la cuenca del Missisipi.

El río Missisipi cruza de norte a sur desde los Grandes Lagos en la frontera con Canadá hasta el Golfo de México en el sur. En esta área tan extensa la zona ocupada por la Confederación tiene un clima templado, que se va volviendo más cálido hasta casi ser tropical en la costa. En el siglo XIX el gran río no se encontraba tan controlado por la obra civil como lo está hoy en día. A consecuencia de ello había una gran cantidad de canales laterales y zonas pantanosas en su entorno más inmediato. En su desembocadura se extiende un amplio delta y cerca de él son característicos varios lagos que se nutren de las ramificaciones del río principal.

El aspecto más importante de esta gran llanura es que el "Gran Padre" (traducción del nombre indigena del río Missisipi) y buena parte de los ríos que fluyen hacía el son perfectamente navegables a lo largo de todo el año, gracias al abundante caudal recogido de una región tan extensa. En esta región el gran río y sus afluentes constituyen una especie de red natural de "autopistas". El movimiento fluvial y el control de los ríos tendría una gran importancia durante la GCA.

Al oeste del río Missisipi la contribución de afluentes es más escasa a causa de las menores precipitaciones que se registran en los territorios que se encuentran aún más al oeste y de dónde provienen los afluentes occidentales del gran río. Hay alguna elevación modesta como los montes Ozark, pero el terreno es principalmente llano. El estado de Arkansas y el de Lousiana están bien comunicados con la cuenca del Missisipi gracias a los afluentes que los cruzan y van a parar al gran río. Más al oeste el estado de Texas apenas tiene ríos navegables hasta llegar a la frontera con México, y por ello allí el transporte es fundamentalmente terrestre.

En resumen. Que al oeste de los Apalaches, el río Missisipi domina toda la región. Su importancia era crucial, no sólo como vía de comunicación, sino porque separaba la Confederación en dos mitades.

A efectos de claridad. En mi narración llamaré el Este a la planicie atlántica entre los Apalaches y la costa. El oeste será la llanura que va desde esta cordillera hasta el río Misissipi,  mientras que el territorio al oeste del Misissipi será Transmisissipi.

Otra característica general de todos los Estados Unidos (confederados o no) era que, al haber sido colonizados recientemente por europeos, el terreno no estaba tan cubierto de campos cultivados como Europa. Incluso en la costa atlántica, que tenían un período de colonización más antiguo, los campos despejados a menudo eran islas en medio de zonas boscosas. ¿Qué relevancia tiene esto?. Lo veremos más adelante, cuando examinemos las tácticas napoleónicas que los generales americanos tenían como material escolar.

2. Estrategia Confederada.

Estipulado por su Constitución, los Estados Unidos realizan un censo nacional cada 10 años para determinar la composición de los asientos del Congreso. El censo de 1860 arroja una población de 31.400.000 personas. De todas estas, aproximadamente 12.500.000, se encontraban en la Confederación en al consolidarse su secesión en mayo de 1861. Dentro de esa población confederada 3.500.000 eran esclavos, lo que deja unos 9.000.000 de habitantes "libres" en la Confederación frente a 18.900.000 habitantes libres en la Unión. O sea, que la Unión disponía del doble de capital humano.

El resto de estadísticas son incluso más favorables a la Unión. Tenía una ventaja de 9 a 1 en marina mercante, de 10 a 1 en producción (medida en su valor) de factorías, 14 a 1 en producción textil, 15 a 1 en producción siderúrgica, 38 a 1 en producción de carbón, 32 a 1 en producción de armas de fuego, 3 a 1 en tierra cultivada, 1,8 a 1 en animales de tiro, 1,5 a 1 en ganado, 4,2 a 1 en producción de grano y 2 a 1 en producción de maíz. La Confederación tan sólo lo petaba en la producción de algodón, en la que superaba en 24 a 1 a la Unión nordista.

Con unas cifras así, lo sorprendente no es que la Confederación perdiese la GCA, sino que pudiese aguantar 4 años. Desvelar las razones para este misterio es parte del motivo de esta narrativa. Una de esas razones es que la Confederación llegó a agotar todos sus recursos en pos de la supervivencia. Así, en 1864 tenía en armas a un 90% de los hombres libres aptos. Es decir, que la GCA fue una "guerra nacional" en la que se movilizaban todos los recursos del estado para mantenerse en la lucha, y aunque la Unión contaba con muchos más de estos recursos su victoria no fue posible hasta agotar los recursos de su oponente, lo que llevaba su tiempo.

Las elites y buena parte de la población confederadas eran conscientes de su inferioridad en 1861 y por ello no aspiraban a una victoria total por invasión del norte. Confiaban más bien en quebrar la voluntad de luchar de los federales mediante un par de victorias militares que mostrasen a la opinión pública nordista la díficil tarea que supondría subyugar a la Confederación. Otra baza que consideraban tener en su mano era la opinión internacional. Como principales suministradores de algodon de las factorías textiles de Reino Unido y Francia, pensaban que en estos países tan importantes la opinión pública se decantaría del lado confederado. Seguramente podrían contar con las industrias de las naciones europeas para suplir lo que les negase su enemigo del norte. Eventualmente, esperaban, la presión de estos países estimularía al gobierno federal a una negociación.

Curiosamente, las esperanzas sureñas respecto a su apoyo internacional no andaban desencaminadas del todo. Ciertamente las elites gobernantes de Reino Unido y Francia estaban dispuestas a obviar el tema de la esclavitud para dar todo el apoyo que pudieran permitirse a ese nuevo país que albergaba tres millones y medio de personas sin derechos. Así que estos caballeros del sur no estaban tan locos como podría parecer a simple vista. Aunque las motivaciones de las potencias europeas no tenían que ver tanto con el algodon como con la esperanza de pescar algo en las revueltas aguas de la GCA. De hecho, durante este período Napoleon III de Francia intentó colocar a un familiar suyo como gobernante de México (le salió mal, muy mal). ¡Europa! ¡Europa! ¡Faro que ilumina el mundo!

Con todo esto la estrategia confederada sería fundamentalmente defensiva. A pesar de su claridad esta estrategia tenía el inconveniente de la gran extensión de los ECA. Con los recursos a mano no era posible defenderlo todo. Ni la línea de aproximadamente 2.000 kilómetros que la separaba de la Unión por el norte, ni la aún más larga línea costera que iba desde la desembocadura del río Potomac hasta la del río Grande. La ocupación de partes de la ECA por las fuerzas armadas unionistas sería inevitable, ¿sería el liderazgo de la Confederación lo suficientemente tenaz cómo para resistirse a diluir sus escasos recursos intentando defenderlo todo?.

La respuesta la tenía Jefferson Davis, quien había sido nombrado presidente del gobierno confederado por su respectivo congreso. De apróximadamente la misma edad que Lincoln, su carrera hasta 1860 había sido bastante distinguida, y de no ser por la Secesión hubiera podido ser un buen candidato democráta a la presidencia de la Unión. Había servido en la Guerra con México (como casi todos los que vamos a encontrar en esta historia) y fue Secretario de Guerra con uno de los presidentes de la década de 1850. Parecía, pues, la persona indicada precisamente para dirigir un gobierno en guerra. Sin embargo, su experiencia militar acabó por acaparar la mejor parte de su juicio. Creyendose con los mismos o mejores conocimientos que sus generales, se inmiscuyó en las decisiones de muchos de estos y desarrolló inquinas a unos y favoritismos hacía otros.

Enmendando aún más esta situación, en el novísimo congreso confederado no había partidos políticos establecidos. Por mucho que nos quejemos de la "política de partidos" hoy en día, ésta tiene algunas ventajas. En el congreso confederado no había disciplina de partido ni de voto alguna, por lo que la fragmentación de la cámara era muy alta y resultaba extremadamente complicado sacar adelante medidas coherentes.

Así pues, la Confederación entraba en la GCA con una estrategia clara, bastante limitada, y complicada por su cuadro político.

3. Estrategia de la Unión.

Si la Confederación podía quedarse de brazos cruzados esperando, para la Unión esa no era una estrategia viable. La mera existencia de los ECA ponía en cuestión a los E.E.U.U..

La aproximación directa al problema era invadir y ocupar todos los Estados Confederados. Mas esta se presentaba como una tarea colosal, dado lo amplio del territorio a ocupar y lo numeroso de la población (potencialmente hostil) a controlar. Por no decir de la resistencia y las batallas que se pudieran encontrar las fuerzas unionistas en el proceso.

Por este motivo al comienzo de la guerra el general Winfield Scott propusó el Plan Anaconda, por el cual únicamente hacía falta controlar todo el río Misissipi y la costa confederada para ahogar económicamente a la Confederación. Las ventajas de este plan eran que aprovechaban la enorme supremacía naval de la Unión (en términos de tonelaje naval la superioridad de la Unión respecto a la Confederación era de 25 a 1) y minimizaba la exposición de los soldados azules a tan sólo algunos puntos fortificados en la costa y en el gran río, donde gozarían de la cobertura de la artillería naval.

Las pegas del Plan Anaconda eran que podía llevar años forzar una rendición confederada, y que se parecía mucho a quedarse de brazos cruzados esperando. Puedo decir ya que al final se implementaron ambos planes, el Anaconda y la aproximación directa. Porque esto son los Estados Unidos y van así de sobrados, ¡yeah, baby!.

Una baza disponible a la Unión era la Emancipación. En la casi totalidad de los estados que se habían declarado a favor de mantenerse en la Unión la esclavitud estaba prohibida. Por ello no hubiera supuesto un sacrificio demasiado grande para ellos aceptar una proclamación general de emancipación de los esclavos que únicamente hubiera afectado a los estados secesionistas. La idea era que, por un lado, tener a más del 25% de la población de los ECA a favor de la Unión y como posibles rebeldes dentro de la Confederación. Otra ventaja era que se lograría apoyo internacional, dado que la opinión pública en los países europeos (la única parte del mundo que contaba, fuera de América) estaba visceralmente en contra de la esclavitud por cuestiones morales. Esto pondría en un brete a esos líderes europeos que - como ya hemos visto más arriba - eran por su naturaleza oportunista favorables a la Confederación y que tendrían que explicar la coherencia entre su prohibición de la esclavitud y del comercio de esclavos y su apoyo a un país esclavista.

Pero en 1861 la Emancipación involucraba más problemas de los que solucionaba. Reforzaría la resolución sureña de aguantar hasta el final, exacerbando sus peores pesadillas de revueltas de esclavos y de la abolición de la esclavitud que avanzaría junto con las tropas unionistas. Aún más importante era la disensión interna en la propia Unión. No todos los líderes políticos en Washington estaban a favor de forzar un conflicto total con la Confederación, que era lo que la Emancipación conllevaba consigo. Muchos pensaban que todavía era posible llegar a un acuerdo que pusiera fin al conflicto y llevase a los estados secesionados de vuelta al redil de forma voluntaria. Tan sólo harían falta un par de batallas - que esperaban que ganase la Unión - y si las condiciones planteadas a los confederados no eran demasiado severas, se acabaría la revuelta. La Emancipación claramente dinamitaría este planteamiento y restaría apoyos internos a Lincoln en la dirección de la guerra. Aparte de esto, en 1861 había algunos estados con esclavos (especialmente Kentucky) que aún no se habían declarado firmemente a favor de ninguno de los dos bandos y era importante no alarmarlos con medidas radicales para intentar llevarlos del lado de la Unión.

Incluso con cierto nivel de disensión interna la Unión tenía una estructura política más estable que la Confederación, alrededor de la cual podían estructurarse consensos y una política coherente. Esto no quita que Lincoln tuviera que lidiar durante toda la guerra con congresistas recalcitrantes y que emprendiera algunas medidas de dudosa constitucionalidad a la hora de reprimir algunas de las manifestaciones proconfederadas más ruidosas en el norte. De hecho, se llegó a suspender temporalmente el derecho de habeas corpus. Pero, ¿acaso en los ECA se respetaba ese derecho?. Lo único cierto es que Lincoln no rechazó ninguno de los medios a su disposición para ganar la guerra, y su genio radicaba en equilibrar el uso de la fuerza y la política en las dosis justas para mantenerse con ventaja respecto a sus adversarios.

4. El Arte de la Guerra en tiempos de la GCA.

Entre el final de las guerras napoleónicas en 1815 y el comienzo de la Primera Guerra Mundial en 1914 la forma de hacer la guerra de las naciones tecnológicamente más avanzadas del planeta experimentó bastantes cambios. Y el responsable fue en gran medida esa misma tecnología, que a su vez hizó grandes progresos durante ese mismo período. La GCA (1861-1865) se encuentra justo en medio de ese período de transformación y por ello muestra aspectos tanto de las guerras napoleónicas como de las guerras del siglo XX.


4.1. La infantería. El dilema táctico.

La infantería era la reina de los campos de batalla de la GCA. 50 años antes, durante las guerras napoleónicas, también lo había sido, pero la caballería también había tenido su protagonismo. 50 años despúes, en la Primera Guerra Mundial, la artillería era el arma dominante. Fue en la GCA donde un hombre y su rifle representaban la quintaesencia del poder armado de un estado.

Durante el conflicto que nos ocupa la infantería formaba en largas líneas de hombres que avanzaban a la descubierta por el campo de batalla. La motivación que esto tenía era la tremenda inefectividad de sus armas. Al comenzar la guerra el arma estándar era un mosquete de alma lisa y carga por la boca, cuyo alcance efectivo era de unos 100-150 metros y tenía una cadencia de tiro de 2 disparos por minuto. La formación en línea maximizaba la cantidad de bocas disparando a la vez, lo que con un arma tan ineficaz era necesario para causar algún tipo de impacto a una formación enemiga.

La distancia de 100-150 metros puede no parecer mucho, pero ante una línea de infantes disparando mosquetes constituía una poderosa barrera, motivo por el cual dicha línea era la formación preferida. Durante las guerras napoleónicas los franceses habían logrado romper líneas concentrando masas de infantes armados disparando contra una parte de la línea enemiga - a menudo contando con apoyo de artillería - desbordando su capacidad de responder al fuego y causando una ruptura que a menudo decidía la batalla. Sin embargo, esa táctica requería hombres bien entrenados que pudiesen llevar a cabo todos los pasos de la formación bajo fuego enemigo. El ejército napoleónico fue perdiendo la capacidad de llevar a cabo estas maniobras a medida que campaña tras campaña iba perdiendo a sus soldados más veteranos. Y además sus adversarios encontraron formas de contrarrestar las tácticas napoleónicas aprovechando un terreno que diera mejor cobertura a sus líneas o, como en el caso británico, con una ejército pequeño, pero profesional y bien entrenado que tenía una cadencia de fuego superior que rechazaba los embates franceses.

Todas estas tácticas de la era napoleónica formaban parte, junto con el mosquete de alma lisa que las imponía, de la doctrina militar con la que se habían empapado en las academias militares - básicamente, West Point - los oficiales americanos que habrían de luchar en la GCA, y con las que intentarían una y otra vez superar el dilema táctico que suponían esos 150 metros finales antes de llegar al enemigo.

4.2. La bala Minié.

El dilema de cómo llegar a la línea enemiga y romper su resistencia se acentúo durante la GCA como consecuencia de un avance tecnológico reciente: la bala Minié. Desarrollada por dos oficiales franceses, de los cuales parece que sólo uno dió su nombre al proyectil, éste tenía forma cónica y una abertura por su base que formaba un hueco dentro del cono. Los gases de la detonación de la pólvora actuaban con el hueco expandiendo el cono de la bala por su base y ajustando ésta perfectamente al contorno del cañón.

¿Y esto para qué servía?. Hacía viable el uso de los rifles en el campo de batalla.

El cañón riflado tiene unas muescas de forma helicoidal a lo largo del alma del cañón. Cuando una bala corre por el interior de un cañón riflado, estas muescas proveen a la bala de una movimiento giratoria centrífugo que le daba a ésta mayor velocidad, alcance, y precisión. Con las antiguas balas de plomo redondas hacía falta meter a porrazos la bala en el cañón del mosquete de cañón riflado - o rifle - lo que requería demasiado tiempo en el campo de batalla y dañaba el alma del cañón. La bala Minié permitía emplear rifles con la misma cadencia de tiro que los mosquetes de alma lisa porque podía ser tan pequeña como para caer por el alma riflada sin dañarla.

En teoría, el rifle duplicaba el alcance de los disparos de infantería hasta los 300 metros e incluso más. Sin embargo, las fuentes que he consultado hacen hincapie en que para lograr ese alcance las tropas necesitaban un entrenamiento (había que apuntar el cañón por encima de tu objetivo) que no recibieron, y que en la práctica el alcance continuó siendo de 150 metros. Aún así, ambos bandos se entregaron al rifle con gusto y durante el conflicto fueron cambiando por estos sus antigüos mosquetes de alma lisa. Así que algo debieron encontrarle de favorable en la práctica.

Tal vez fuera que la bala Minié era más letal. Esta ya no era la esfera sólida de plomo que disparaba el mosquete y se alojaba en el cuerpo del soldado creando un agujero, del que podía llegar a ser extraída por el cirujano en una sencilla aunque dolorosa operación. La bala Minié se fragmentaba en esquirlas al topar con un cuerpo y estas esquirlas se introducían produciendo desgarros. Para un cirujando extraer todas los minúsculos fragmentos era poco menos que imposible, y para evitar infecciones lo mejor era amputar. Esto explica la imagen que tenemos de los hospitales de campaña de la GCA como factorías de amputaciones.

La bala Minié fue uno de los muchos desarrollos tecnológicos del período que transcurre entre 1815 y 1914. En la GCA también observamos una interesante transición. Nunca se abandonaron del todo las tácticas napoleónicas y la fila de soldados avanzando hombro con hombro y disparando continúo siendo la táctica de asalto hasta el final. Mas al mismo tiempo los ejércitos tendieron a construir parapetos y defensas "de campaña" (es decir, fortificaciones no fijas) que hacia el final de la guerra se extendían a lo largo de kilómetros. Los campos de batalla de la GCA comenzaban recordando a los de Napoleón, y al acabar la guerra se parecían más a los de la Primera Guerra Mundial.

4.3. La caballería americana: en su propia tradición.

Hasta mediados del siglo XX los Estados Unidos tendían a desmovilizar casi enteramente sus ejércitos en tiempos de paz, quedandose únicamente con una fuerza militar relativamente pequeña para lo que era el tamaño del país y su población. Esta minúscula fuerza tenía que cubrir grandes espacios, y su escenario principal de acción eran las vastas extensiones del oeste. Lo que conocemos como El Salvaje Oeste. Ello obligaba a que la mayor parte de esta fuerza militar residual de paz fuera montada. Así era como, mientras para la doctrina de infantería los estadounidenses (y los confederados) tiraban mucho del manual de tácticas napoleónicas, en lo tocante a la caballería habían desarrollado su forma de luchar propia.

La caballería de ambos bandos tendía a mantenerse alejada, o en todo al caso al margén, de los campos de batalla de la GCA. No veréis cargas de caballería arroyando a una masa desorganizada de infantes. La caballería norteamericana no tenía unidades de coraceros ni lanceros como las había en Europa. Había muy buenas razones para ello.

La primera era que en las grandes batallas las líneas de infantería con bayonetas montadas en sus largos mosquetes constituían el equivalente a una barrera de picas bastante disuasoria de cualquier carga de caballería. De hecho, hasta que la Primera Guerra Mundial terminó de enterrar al caballo como arma de guerra, los fusiles de infantería en todo el mundo continuaron diseñandose con una inusual longitud para este propósito.

La segunda era que la tradición americana de caballería era la de luchar  contra bandidos e indios que no se quedaban esperando en formación en campo abierto, sino que tendían a actuar en la emboscada. Así que la doctrina de caballería se acomodó a esta forma de luchar tendiendo sus propias emboscadas, con combates breves y rápidos cambios de posición. Este era el estilo de lucha que los soldados de caballería americana traían consigo al comenzar la GCA.

Por último, la caballería era un recurso demasiado escaso como para malgastarlo en un campo de batalla con decenas de miles de soldados y docenas de cañones haciendo trizas a una pequeña fuerza que por si sóla no hubiera resultado decisiva.

En lugar de esto, cuando la caballería se encontraba formando parte de un ejército grande, actuaba fundamentalmente en una tarea de reconocimiento. Avisaba de la proximidad de cualquier fuerza enemiga que intentase flanquear al ejército principal y negaba al enemigo el reconocimiento de las propias posiciones. En esta tarea la caballería combatía principalmente contra la caballería enemiga que asumía la misma función.

Cuando operaba de forma independiente, la caballería se dedicaba a hostigar la retaguardia enemiga destruyendo sus líneas de telégrafo, las instalaciones de ferrocarril susceptibles de ser dañadas, y sus bases de suministros. En esta función destacó sobre todo la caballería confederada, dado que era el norte el que invadió al sur y tuvo que trazar largas y vulnerables líneas de suministros a través del territorio conquistado. En estas tareas de guerrilla también participaron bandas de irregulares que actuaban de forma completamente autónoma y cuyas actividades apenas eran distinguibles del bandidaje, y en no pocas ocasiones continuaron como tales muchos años despúes de acabada la GCA.

La caballería durante la GCA luchaba casi siempre desmontada, disparando unas carabinas de repetición que eran más cortas y manejables que los aparatosos mosquetes de la infantería. Unos pocos hombres de cada unidad se quedaban detrás del frente de combate cuidando los caballos de todo el grupo, y cuando eran necesario volver a montar los hombres desmontados se cubrían unos a otros disparando y manteniendo alejado al enemigo hasta que el último hombre se encontraba sobre su caballo y volvían a emprender la marcha.

4.4. La artillería. Justo antes del amanecer.

La artillería de la GCA no era demasiado diferente de la que había luchado durante las guerras napoleónicas. Cierto es que el desarrollo de 50 años de siderurgía permitía hacer cañones de mayor calibre que todavía podían ser transportados de un campo de batalla al siguiente. Pero por lo demás, continuaban siendo los mismos cañones que se cargaban por la boca y que disparaban esas canicas de metal sobredimensionadas que en aquella época pasaban por balas de cañón. La cadencia de tiro era menor que la del fusil.

Se había desarrollado la granada. Y tuvo empleo durante la GCA. Esta tomaba el proyectil redondo tradicional, lo ahuecaba, llenaba el hueco de pólvora y le ponía una mecha. En un campo de batalla lo ideal era dispararlo hacía una línea cerrada de infantería enemiga y que estallase justo encima de las cabezas de los desafortunados infantes, lloviendoles encima metralla, muerte, y destrucción. No obstante esto requería una precisión en la medición de la mecha que era más un arte que otra cosa. Las granadas que estallaban inofensivamente antes de llegar a la línea enemiga, o detrás de ella clavadas en el suelo, eran tan frecuentes como para preferir disparar las bolas de metal de toda la vida.

La carga más efectiva de una pieza de artillería tanto en las guerras napoleónicas como en la GCA era la metralla. Era como tener una escopeta de perdigones, pero a lo bestia. El problema era que la metralla tenía un alcance muy corto.

En tiempos de Napoleón el corto alcance de los mosquetes había permitido en muchas batallas acercar piezas de artillería a la línea de infantes enemiga para llevar a cabo un bombardeo efectivo de la misma. No pocos asaltos franceses comenzaron con un barraje preparatorio. En la GCA los rifles y la bala Minié hacían imposible que la artillería se pudiera acercar tanto, con lo que se redujó su potencial ofensivo. A pesar de eso, los cañones siguieron siendo útiles en la defensa y en tareas de contrabatería. Esto es, en neutralizar a distancia las piezas de artillería enemigas.

La distribución de la artillería entre las unidades de los ejércitos varió bastante a lo largo de la GCA. La podemos encontrar directamente encuadradas dentro de brigadas, divisiones, y cuerpos, como podía suceder también que el comandante de un ejército quisiera tener la mayor parte de las piezas de artillería bajo su mando directo para poder llevar a cabo concentraciones artilleras directamente extraídas de los manuales militares napoleónicos. Había un poco de todo y la organización cambió incluso dentro de un mismo bando de un ejército a otro, tanto en el espacio como en el tiempo.

4.5. Organización, mando, y control.

¿Cómo organizar todas estas armas y los hombres que las manejaban y traerlos de forma efectiva al campo de batalla?. Para obrar este portento, los ejércitos unionistas y confederados seguían de forma bastante fiel la organización militar napoleónica.

La unidad más pequeña por la que voy a comenzar es el regimiento, y lo hago porque los soldados que las componían a menudo eran reclutados todos dentro de un mismo estado. De hecho a menudo eran los propios estados, más que el gobierno federal o confederado, los que reclutaban, entrenaban, y armaban a los hombres para servir en las unidades más grandes que - ya si - se encontraban bajo el mando directo del gobierno centralizado. Es por esto por lo que nos encontramos regimientos denominados por un número y el nombre del estado de origen, como el 3º de Texas o el 21º de Pennsylvania (no los busquéis que me los acabo de inventar) y así. Dentro del ejército el regimiento era el hogar del soldado, la unidad a la cúal pertenecía y en la que esperaba permanecer su tiempo completo de servicio. Su estamento sobre el papel era de unos 1.000 hombres. Pero con el tiempo de campaña este número podía verse bastante reducido, puesto que los estados preferían levar nuevos regimientos en lugar de establecer un sistema de reemplazos (sospecho que había una motivación política detrás de esto, pero no he podido confirmarlo).

El siguiente escalón organizativo era la brigada, formada por la unión de al menos 2 regimientos. Como los regimientos que componían la brigada a menudo procedían de estados diferentes, variaban en cantidad, y podían ser traspasados de una brigada a otra, las brigadas eran denominadas por el nombre de sus comandantes. La brigada era una unidad a medio camino entre el regimiento y la división, con 1.000-2.500 hombres que estaba ahí para que el oficial al mando del siguiente escalón - la división - no sufriera un sincope intentando lidiar con entre 20 y 40 comandantes de regimiento. En lugar de eso conferenciaba con los 3-5 comandantes de brigada directamente debajo suyo, !y a descansar!.

La división (compuesta de varias brigadas) era una unidad fruto de las ideas de teóricos militares franceses del siglo XVIII. Era lo suficientemente grande como para ser capaz de resolver de forma autónoma tareas operacionales, ocupando un enclave geográfico con suficiente fuerza como para que se hiciese necesario un esfuerzo importante para desalojarla. Una vez más su composición variable hacía que fueran denominadas con el nombre de su comandante. Su fuerza numérica varió también durante la GCA según el bando, el escenario en el que luchaba, y el período de la guerra del que estemos hablando. Su fuerza numérica también era bastante variable, con divisiones de sólo 2.000 hombres y otras de hasta 8.000. Las divisiones confederadas eran por lo general más grandes.

Varias divisiones agrupadas formaban un cuerpo de ejército. Esta era una formación típica del período napoleónico que confería gran flexibilidad y rápidez en la marcha. Con ella un ejército ya no se desplazaban en una gran y única masa de hombres de un campo de batalla al siguiente, sino que se trasladaba separado en cuerpos a través de diferentes carreteras. Así también se conseguía controlar una extensión mayor de terreno y era más fácil obtener inteligencia de las disposiciones enemigas. Una vez localizado el enemigo, se trataba a menudo de ver que ejército conseguía concentrar sus cuerpos antes para poder derrotar por separado los cuerpos aislados del oponente. Entender los cuerpos como los brazos y piernas del ejército es un buen símil. Aunque tenían denominación numérica (en numerales romanos, I, II, III, ...) la denominación más frecuente en los libros de historia es empleando el nombre del comandante del cuerpo. La personalidad de los comandantes de cuerpo era crucial para el desempeño del ejército que conformaban, y en este sentido el Ejército de Virginia del Norte bajo Lee disfrutó de un "dream team" de hábiles comandantes de cuerpo como Longstreet, Jackson, y Stuart. Los cuerpos confederados tendían a ser más grandes que los de la Unión, con 20.000-30.000 hombres de los primeros frente a 10.000-20.000 de los estos últimos. La caballería adscrita a un ejército a menudo era denominada como cuerpo aunque su fuerza numérica fuera bastante menor que las de los cuerpos de infantería.

Por último tenemos los ejércitos. Estos eran grandes agrupaciones de hombres armados reunidos con algún propósito estratégico, como conquistar o defender un área tan grande como un estado o la cuenca de algún río importante. Podían ser tan pequeños como treinta y pico mil hombres, o tan grandes como algunos ejércitos unionistas que llegaron a en torno a los 125.000 hombres. El ejército confederado más grande era el ya mencionado de Virginia del Norte y en su mejor momento no superó los 90.000 hombres. El comandante de un ejército estaba teóricamente bajo el mando del respectivo Secretario de Guerra, en la práctica el general al mando del ejército se comunicaba directamente con el presidente de su bando, Lincoln o Davis, quienes los nombraban o destituían a voluntad. Hay que hacer notar que no todas las concentraciones de soldados del tamaño de un ejército recibían tal denominación oficial aunque funcionasen como uno. Estos eran a menudo ejércitos constituidos "ad hoc" para alguna tarea y/o período bastante específicos, y que posteriormente podían pasar a recibir la denominación oficial o ser disueltos y dispersados sus componentes entre otros ejércitos.

La dirección de un ejército en marcha y combate durante la GCA estaba fraguada de problemas a pesar de innovaciones como las divisiones y los cuerpos. Localizar al oponente y determinar su fuerza era una cuestión crucial. Despúes de eso venía el concentrar las propias fuerzas, que los comandantes de cuerpo y división entendiesen bien las ordenes recibidas y luego las llevasen a cabo de la manera en la que el comandante de ejército esperaba que lo fuesen. La transmisión de ordenes de un cuartel superior a otros inferiores tenía lugar mediante mensajeros, puesto que no siempre había puestos de telégrafo disponibles. Todo esto ya le era díficil a Napoleón, y a los generales norteamericanos que pretendían emularle mucho más. A menudo un plan de batalla no salía bien, o salía bien sólo a medias. Pero unas pocas veces salía todo más o menos como debía, se flanqueaba la posición enemiga o se sorprendía a un cuerpo aislado del ejército, y se lograba una victoria clara. Y eran estas pocas victorias las que animaban a seguir intentando aplicar planes cuya ejecucuón era cualquier cosa menos fácil.
Ya en el campo de batalla las ordenes se daban de viva voz, transmitiéndose de un mando al inferior por toda la cadena de mando, mediante mensajeros, toques de corneta, señales de banderas... vamos, los mismos medios de comunicación empleados desde la Antigüedad. Y lo mismo que en aquel período remoto, la presencia del comandante en primera línea resultaba imprescindible en la mayor parte de las ocasiones. El terreno abrupto, los bosques, el humo de la pólvora y las propias masas de soldados limitaban la visión del campo de batalla. El jefe del ejército/cuerpo/división no podía quedarse en retaguardia esperando informes que tal vez llegasen demasiado tarde como para tomar alguna decisión efectiva. Durante la GCA esto llevó a los oficiales cerca de la línea de frente, y no pocos de ellos lo pagaron con sus vidas.

5. Telégrafos y ferrocarriles.

Dos importantes innovaciones tecnológicas estuvieron presentes en esta guerra y que la distinguían de las guerras napoleónicas de las que tanto derivaba en su forma de combatir. ¿Cómo afectaron a la guerra?.

Una de ellas era el telégrafo eléctrico que permitía una comunicación prácticamente instantánea. Desde la Antigüedad los monarcas del mundo entero se habían tomado bastantes molestias en establecer sistemas de comunicación rápidos entre las diferentes partes de sus dominios. Sabían que les iba su corona en ello el acortar el tiempo de reacción entre la noticia de una revuelta o invasión y el correspondiente ejército que iba a hacerles frente.

El telégrafo eléctrico hacía realidad los sueños húmedos de control centralizado por cualquier gobierno, las noticias ya no tardaban días o semanas en ir de un territorio a otro, sino horas.

El inconveniente era la instalación. La comunicación se realizaba a través de cables que portaban las señales eléctricas. Y estos cables estaban colocados en postes que, por comodidad en su colocación, seguían caminos y carreteras (y vías de ferrocarril, como se leerá más abajo). La significación que esto tiene dentro de la GCA es que los postes y los cables eran extremadamente vulnerables a acciones enemigas, ya fueran actos de población simpatizante o fuerzas incursoras. Mantener una red telegráfica en territorio enemigo requería una guarnición considerable.

Otro inconveniente de la telegrafía por cable era que no podía mantener el ritmo de avance de los ejércitos. Una vez que una fuerza armada dejaba atrás sus estaciones telegráficas el contacto con estas se mantenía mediante mensajeros. Por lo menos hasta que el avance se detenía y daba tiempo a extender la línea de cables. Con esta limitación el telégrafo no podía tener un impacto ni a nivel táctico ni a nivel operacional, aunque si lo tenía a nivel estratégico.

Si la transmisión rápida de noticias es crucial para un gobierno centralizado, no lo es menos que la reacción a dichas noticias sea igual de rápida. La innovación del ferrocarril hacía posible esa reacción rápida al permitir el transporte de hombres, caballos, armas, y materiales a largas distancias en una fracción del tiempo que habría sido necesario en tiempos de Napoleón, tan sólo 50 años antes.

En ferrocarriles el Sur estaba en seria desventaja. Sus conexiones ferroviarias eran mucho menores que las los estados norteños (la relación era de 1 milla de vía ferroviaria confederada por 2,4 millas unionistas). El impacto que esto tuvó durante la guerra fue el que no pocas batallas se libraron en, o próximas a, nudos ferroviarios del sur que la Confederación no podía permitirse perder.
Mapa de ferrocarriles de la Confederación.

Pero lo más importante era que al carecer la Confederación prácticamente de una industria siderúrgica pesada, los reemplazos de máquinaría, vías, y piezas eran muy escasos. El impacto que esto tuvo fue que, incluso sin tener en cuenta el progresivo avance de la Unión capturando territorio y conexiones ferroviarias, los ferrocarriles sureños sufrieron un deterioro imparable por desgaste conforme avanzaba la guerra.

Para los estados del norte, no obstante, no todo era cantar y coser en lo que al ferrocarril se refiere. Lo mismo que los telégrafos, las instalaciones ferroviarias eran vulnerables al sabotaje y requerían una guarnición constante cuando las vías se adentraban en territorio hóstil. Mas la ventaja de transportar grandes cantidades de tropas y suministros tan velozmente era tan grande, que los ejércitos de la Unión no dudaron en destacar las fuerzas necesarias para ello. Y si las líneas de telegráfos iban paralelas a las de tren, tenías un dos por uno (es decir, protegías ambos por el coste de proteger uno de ellos).

Esto fue otro de los motivos por los que, a pesar de disponer de una gran superioridad en hombres armados, la Unión tardase años en derrotar a los confederados. Una buena proporción de sus hombres armados se encontraba en retaguardia, vigilando las instalaciones ferroviarias y telegráficas, en lugar de estar engrosando las filas de los ejércitos que avanzaban en territorio enemigo.

Nunca hubo dudas acerca de si dicho esfuerzo vía la pena. Esos ejércitos de avance unionistas no hubieran podido subsistir sin sus vías ferroviarias. Si cabe alguna prueba de ello, hay que verla en las breves invasiones que la Confederación llevó a cabo sobre los estados norteños. Carentes del personal necesario para guarnecer instalaciones de retaguardia, todos los hombres estaban concentrados "en primera fila", avanzaban viviendo a base del saqueo del terreno, y el más mínimo revés hacía que el ejército invasor tuviese que dar la vuelta y retornar a su territorio para recuperarse. Los ejércitos de la Unión, en cambio, avanzaron, sufrieron derrotas, se recuperaron de estas con refuerzos enviados por ferrocarril (o por ríos, como veremos más adelante), y continuaron insistiendo en su avance.

6. La guerra naval.

Ya se ha dejado claro más arriba la tremenda preponderancia de la Unión en la marina mercante y militar, que permanecieron casi integramente en el bando nordista al producirse la Secesión. La Unión disponía así de una importante baza en tanto que podía desembarcar con impunidad sobre cualquier punto de la costa confederada.

Otra de las posibilidades que ofrecía la supremacía naval era el bloqueo. Se trataba de interrumpir el funcionamiento habitual de la economía de la Confederación, por el cual obtenían todo aquello que necesitaban (grano y productos manufacturados) exportando los productos de sus plantaciones. Esencialmente el algodón. Dado que la marina mercante estadounidense ya era unionista, el bloqueo consistía en impedir el acceso de mercantes extranjeros a los puertos sudistas. Este tipo de bloqueo se encontraba bastante regulado por leyes internacionales que lo contemplaban como una medida de guerra entre estados soberanos. Como la Unión jamás podía reconocer a la Confederación como un estado soberano, el bloqueo unionista flojeo en el aspecto legal, aunque no por ello resulto menos efectivo.

La Confederación intento responder con corsarios, que cosecharon algún éxito y recibieron de Francia e Inglaterra todo el apoyo que les fue legalmente posible a estos países (uno de los corsarios confederados fue construido en un astillero británico). Pero que en su conjunto tuvieron muy poco efecto. Lo mismo se puede decir de los "blockade runners" o "rompedores de bloqueos". Esos pocos mercantes confederados que una y otra vez violaron el bloqueo unionista hasta que se acababa su suerte o la guerra, lo que primero sucediese de los dos.

En el aspecto tecnológico las dos innovaciones más importantes para la guerra sobre el agua eran la propulsión por vapor y la siderurgía. La unión entre ambos avances hizó posible la construcción de buques blindados y que podían desplazarse por sus propios medios. Ambos bandos de la GCA iniciaron la construcción de este tipo de navíos, pero de nuevo la preponderancia de la industria de la Unión se llevó el gato al agua.
Recreación artística de la batalla de Hampton Roads.

El enfrentamiento entre el CSS Virginia y el USS Monitor en la desembocadura del río James (Virginia) el 9 de marzo de 1862 ejemplifica muy bien estas ventajas de la Unión. Si bien el resultado de este combate fue técnicamente de empate - pues ambos buques se cañonearon mutuamente durante horas sin resultados muy evidente - los daños sufridos por el CSS Virginia no pudieron ser reparados por falta de medios y eso selló su destino. Y eso es lo que se puede decir de la capacidad naval confederada. Podían lograr algún éxito y hundir o dañar algunos barcos unionistas, pero estos eran enseguida reemplazados por muchos más barcos que terminaban imponiéndose.

7. La guerra fluvial.

La Confederación disponía de más oportunidades en las aguas constreñidas de los ríos que surcaban su territorio y que constituían vías de comunicación cruciales. Aquí podían llevar a cabo una guerra fluvial "de hombre pobre" pero bastante efectiva a base de obstáculos sumergidos, explosivos sumergidos (que nosotros llamaríamos minas pero en aquella época eran conocidos como torpedos), fortificaciones, piezas de artillería hábilmente colocadas, o el mero fuego de francotiradores. De esta manera a menudo lograron negar a la Unión el uso pleno de las corrientes fluviales, al menos hasta que las fuerzas terrestres de la Unión llegaban y retiraban desde las orillas estos impedimentos al tráfico fluvial.

En cierto modo, los ríos eran armas de doble filo. Cuando uno de los contendientes tenía su control, o se lo negaba al adversario, constituían una vía de comunicación y transporte muy eficaz. Mas si era el enemigo el que controlaba un trecho de río, este cauce bajo control oponente dividía de forma efectiva el territorio amigo en dos mitades. Lo mismo que hubo campañas que se lucharon en torno a vías ferreas, hubo campañas por el control de cauces fluviales.